Carolina Marín

“Mis cicatrices son de guerra”

Carolina Marín, gigante del deporte, cuelga la raqueta después de reinar en el bádminton. Y en el deporte español. En Huelva, donde comenzó todo, charla con AS.

Carolina Marín posa para AS en Huelva.
Jesús Mínguez
Redactor Jefe Más Deporte
Nació en Guadalajara en 1973. Licenciado en Periodismo por la Complutense. En AS desde el año 2000, es redactor jefe de Más Deporte. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos y unos Paralímpicos, Grand Slams de tenis, Davis, Laureus, candidaturas olímpicas, política, dopaje o grandes combates de boxeo. Le gusta escribir de deporte y también practicarlo.
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Carolina Marín (32 años) recibe a AS en Huelva, en su tierra. La mañana, que da la bienvenida gris y con lluvia, se abre para las fotos. Sale el sol para iluminar a su orgullo. A la niña que salió de la ciudad con 14 años hacia el Centro de Alto Rendimiento de Madrid para jugar al bádminton, un deporte desconocido, y que vuelve para despedirse durante la disputa de unos Europeos que soñó con jugar hasta que la dura realidad de la tercera lesión grave de rodilla se lo impidió. Pero nunca, nunca, dejó de luchar. Tanto, que un oro olímpico (Río 2016), tres mundiales (2014, 2015 y 2018) y ocho europeos alumbran su palmarés. La única jugadora occidental que ha logrado derrumbar el muro asiático repasa su carrera y comienza a dibujar su futuro, mientras piensa en disfrutar un poco más de la vida y, por qué no, hasta en hacer surf.

-¿Cómo han sido estos días desde que el 26 de marzo dijo que lo dejaba? ¿Se le hace muy raro hablar en pasado?

-No, porque mi pasado ha sido y es muy bonito. Me encanta recordar momentos inolvidables, también otros menos bonitos. Pero al final es la vida y es el camino que he tenido que recorrer durante toda mi trayectoria deportiva. Un viaje inolvidable.

-Todo comenzó aquí, en Huelva, con el bádminton. Pero para usted nunca fue un juego. Su madre, Toñi, le llamaba ‘la McEnroe’ por los enfados que se pillaba.

-Siempre he sido muy competitiva, en todo. No me gustaba perder al parchís ni con mi abuela. Cuando iba a perder, recogía todas las fichas porque no lo concebía. Al final, esa competitividad es la que me ha llevado a seguir mejorando y autoexigiéndome. Poco a poco. Sí que es verdad que mi madre me llamaba ‘la McEnroe’ porque rompía muchas raquetas. Pero vas aprendiendo. Cuando con 14 años tuve la oportunidad de irme al CAR (Centro de Alto Rendimiento) de Madrid, dije: ‘Carolina, hasta aquí’. No podía comportarme así.

-¿Qué le dice Toñi estos días? ¿Han echado alguna lagrimita juntas?

-Me dice poco. Me pregunta cómo va el día a día, porque sabe que tengo mucho ajetreo. Cuando tomé la decisión, fue de las primeras personas en saberlo y simplemente me dio las gracias y me dijo que debía estar muy orgullosa de lo que he hecho.

“No me ha gustado perder ni al parchís con mi abuela”

Competitiva

-¿Se ha quitado un peso de encima?

-Me siento liberada en el sentido de que sé que he tomado la mejor decisión de mi vida. Ha sido duro, complicado, muy meditado y pensado. Era una decisión que requería un tiempo. No diría que me he quitado un peso. Era algo que tenía que irse asentando.

-¿Por qué empeñarse en volver? Porque ya tenía pensado que después de los Juegos de París, jugaría el Mundial 2025 y colgaría la raqueta, ¿no?

-No tenía tomada esa decisión del todo. Pero en los Juegos (se rompe en 2024 en la semifinal cuando iba lanzada al oro segundo oro) vi mi final. Por lo trágico y cruel que fue. No lo quiero considerar mala suerte, porque no creo en la suerte sino en el trabajo. Fue cruel, creo que no lo merecía. Pero luego la vida me ha dado otras cosas bonitas. En aquel momento, sólo pensaba en cosas malas. Tras operarme, reflexioné y un día se me encendió una bombilla. Me comentaron que España iba a acoger el campeonato de Europa y aún no se sabía la sede y dije ‘¿Ostras, y por qué no intentarlo una vez más?’ No me podía quedar con esa espinita. Pero tampoco se me ha quedado clavada por no reaparecer, porque lo he intentado hasta el último minuto. Estoy tranquila.

“Mis cicatrices son de guerra”
Carolina Marín, con fotos emblemáticas de su carrera (inicios, su famoso grito, Princesa de Asturias, oro en Río, primer Mundial o la recuperación de una de sus lesiones). MIGUEL MORENATTI

-Estos días he hablado con su equipo y todos me destacaban su capacidad de trabajo. ¿Qué destacaría Carolina de ella misma?

-Hay una palabra que me define, resiliencia. Tenía dudas después de la primera lesión, pero luego vino la pérdida de mi padre (Gonzalo, que falleció en 2020 inesperadamente tras un accidente), las otras dos roturas... Y he sabido adaptarme a cualquier cambio que la vida me ha puesto por delante. Siempre le he dicho a mi equipo que he sido como una rata de laboratorio. Me he dejado hacer todo lo que me han exigido, pero sabía que estaba en buenas manos y he confiado siempre en ellos. Ha sido una exigencia que ha ido más allá del límite que yo pensaba.

-'Carolina cambió el bádminton femenino’, se escucha, ¿en qué sentido?

-Cambié el juego por mi rapidez, explosividad, el juego atacante y agresivo... Y conseguí que mis rivales adaptaran su juego a lo que yo imponía en la pista.

-¿Se ha perdido muchos cumpleaños, bodas, reuniones familiares...?

-(Se ríe) ¡Alguno que otro!

-¿En ese sentido, el deporte de alto rendimiento tiene que ser cruel para que haya éxito?

-(Suspira) Me he perdido muchos momentos importantes. Mi cumpleaños es el 15 de junio y de los 32 años que tengo, más de la mitad de los 24 que he estado en el alto nivel los he pasado en Indonesia. Siempre coincidía con ese torneo. Por un lado, es bonito porque estás haciendo lo que te apasiona en un país en el que me tratan con un inmenso cariño. Pero, claro, también es complicado. Y eso igual con el nacimiento de mis sobrinos, bautizos, cumpleaños... Aún así no me arrepiento de nada y volvería a tomar las decisiones que he tomado.

-¿Y si su ahijada le dice que quiere ser campeona de bádminton? Creo que ya ha cogido alguna raqueta...

-Sería una ilusión muy grande. Hace unos meses colgué un vídeo en el que la acompañaba al pabellón a jugar, le regalé una camiseta y allí estuvo. ¡Y ahora le ha dado por el flamenco (como Carolina de niña)! Con su padre, que ha sido vecino mío toda la vida y somos como hermanos, tengo la coña de que me dice que está siguiendo mis pasos. Pero no es eso. Cada niño y cada niña deben crear su propio camino, disfrutar de lo que les gusta. Y si es del bádminton, tendrá mi apoyo, claro.

-¿Qué cree que sentirá dentro de unos años cuando se mire las cicatrices de las rodillas?

-¡Son unas cuantas! Me acordaré de momentos duros y complicados. Pero sentiré orgullo porque son cicatrices de guerra. Cada partido, cada competición, cada batalla ha sido como ir a la guerra. Y también he tenido que superar esas lesiones para ir a luchar.

-¿Qué sensación le recorre por el cuerpo cuando algún estudio dice que Carolina Marín es la deportista española más conocida y apreciada?

-(Se ríe otra vez). Orgullo y gratitud. Soy consciente de que he sido una pionera de mi deporte. Tengo muchas medallas y reconocimientos, pero de lo que mas orgullosa me siento es de haber podido poner el bádminton en boca de todos en mi país. Que todo el mundo sepa lo que es. Encontrarme gente practicándolo por la calle me hace muy feliz.

“Los jóvenes no saben hoy lo que es el esfuerzo”

Juventud

-¿Qué deportista le gustaría que cogiera su relevo en ese sentido?

-¡Uffff, complicado! Ojalá haya algún niño o una niña en el futuro que nos dé más alegrías. Pero que cree su propio camino. No quiero que sean Carolina Marín, Rafa Nadal o Pau Gasol. Cada uno hemos creado nuestra historia. Sería muy injusto comparar ahora a nadie conmigo, porque podrían sentirse mal por no conseguir lo que sus ídolos han logrado. Cada persona debe labrar su camino.

-¿Siente que ha abierto paso a otras deportistas femeninas en cuanto a su relación con patrocinadores y dimensión mediática?

-Sin ninguna duda. Que una deportista femenina haya contribuido a visibilizar un deporte como el bádminton, creo que eso a una niña le puede crear la ilusión de querer hacerlo también, de conseguir otras metas. Ahora saben que en España se puede hacer cuando antes era impensable.

“Mis cicatrices son de guerra”
Carolina Marín, en la azotea del Hotel Growers Huelva. MIGUEL MORENATTI

-¿Da un poco de vértigo enfrentarse a la vida ‘de ciudadana normal’?

-He hablado con muchos deportistas que ya tomaron esa decisión de retirarse... no siento ese vértigo. Al fin y al cabo, me voy a seguir sintiendo deportista. No me gusta eso de ‘exdeportista’. Yo con el deporte, hasta que me muera. Quiero probar otros deportes y, además, mis rodillas y mi musculatura me lo exigen. Voy a hacer deporte a diario.

-¿Cree que será posible montar esa academia de la que alguna vez ha hablado?

-¡Ojalá! Me haría ilusión levantar algo potente en mi país. Aunque Carolina Marín se haya retirado, me encantaría que no se dejase de hablar de bádminton y cómo es este maravilloso deporte.

-Uno mira el ranking mundial individual de bádminton y ve que ahora la primera española es la 75ª del mundo (Clara Azurmendi), la segunda la 213ª (Cristina Teruel) y el primer español el 173º (Álvaro Leal). ¿No se ha aprovechado su boom?

-No, no se ha aprovechado mi boom todo lo que me hubiese gustado. Yo no puedo hacer más. Lo he dado todo por este deporte y he ganado todo lo que he podido. Pero desde la Federación Española, aprovechando ese boom del oro en Río 2016, se podría haber hecho mucha más promoción, centrarse en lo verdaderamente importante. Es fundamental la formación de entrenadores para que surjan jugadores con potencial, que muestren competitividad ante los europeos, ya no tanto a nivel mundial porque ese es un paso muy grande. Que no nos quedemos atrás.

“No se ha aprovechado mi boom”

Bádminton

-Es joven, 32 años. ¿Le preocupa el futuro de la gente de su edad, tendrá amigos, familia...?

-Está complicado. Mis amigas tienen su cabeza bien sentada y sus trabajos y estabilidad. Pero la juventud ahora está complicada. Creo que no saben lo que es el esfuerzo. Las pantallas y las redes sociales tienen sus cosas positivas, pero muchas más negativas y a veces me da mucha pena cómo no saben controlarlo. Yo he sabido lo que es el esfuerzo, ganarse las cosas yo solita, construir mi vida...

-¿Piensa perderse mucho por las playas de Huelva?

-Ya no sólo en las playas de Huelva, que son mi paraíso. Me gustaría pasar mucho más tiempo con mi familia y amigos, aunque tenga mi casa en Madrid.

-Prepárese, porque ahora llega la hora de los homenajes... Y permítame una broma. Decía Rafa Nadal que, cuando te empiezan a llamar leyenda es que estás jodido.

-(Carcajada) Es que nuestra retirada es como la jubilación. La gente se jubila con 65 y nosotros con poco más de treinta. Suena muy fuerte. Pero siempre intento sacar cosas positivas de las situaciones complicadas... Y habiendo podido jubilarme tan joven viendo que tengo una vida por delante maravillosa, ¡qué suerte la mía!

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