Golf | Masters de Augusta

McIlroy: “Todavía hay cosas que quiero conseguir”

El norirlandés revela una historia curiosa de sus padres y su insaciable apetito por seguir sumando grandes éxitos.

McIlroy: “Todavía hay cosas que quiero conseguir”
ERIK S. LESSER
Jorge Noguera
Redactor en Más Deporte
Nació en Madrid en 1995. Doble grado en Periodismo y Audiovisuales por la Rey Juan Carlos. Un privilegiado, hace lo que siempre quiso hacer. Entró en AS en 2017 y se quedó. Salvo un paréntesis en Actualidad, siempre en Más Deporte. Allí ha escrito sobre todo de rugby, golf y tenis. Ha cubierto el British Open, la Copa Davis o el Mutua Madrid Open.
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Cuántas ruedas de prensa habrá dado cabizbajo, enfundado en uno de esos polos claros con el swoosh en el pecho que tanto le gusta vestir, Rory McIlroy, el mismo que ahora casi que solo aparece por el edificio de prensa del Augusta National embutido en una casaca verde. Lo que es la vida y lo que es el golf. “Miré alrededor y vi a mi madre, a mi padre, a Erica (Stoll, su mujer) y a Poppy (su hija), y pensé ‘no puedo creer que lo haya vuelto a hacer”, resumió el déjà vu de este domingo, una reedición de esa emocionante estampa que dejaba el año pasado, rendido sobre sus rodillas en el green del 18 de Augusta, tras acabar con la agonía de 11 años persiguiendo la cuadratura del círculo.

A los 36, en su cénit, Rory ya está a un grande de igualar a Harry Vardon como el europeo más exitoso en el Grand Slam, de convertirse en el más grande del golf moderno a este lado del Atlántico. Es complicado apostar en contra de casi cualquier marca la que se fantasee salvo los 18 de Nicklaus y los 15 de Tiger, que sí que le quedan demasiado lejos. “El año pasado pensaba que el Grand Slam era el destino. Ahora me doy cuenta de que no. Acabo de ganar mi sexto grande, me siento muy bien. Esta victoria no es el final del camino, es parte de él. Todavía tengo cosas que quiero conseguir.”

De ahí a una historia enternecedora, la de Gerry y Rosie, sus padres, que según cuenta el campeón de Holywood no querían venir a este Masters. El motivo es que no estuvieron en el de 2025, y se habían convencido de que eran gafes. “Ha habido que convencerles de que vinieran porque creían que el año pasado gané porque ellos no estaban aquí. Me alegra haber demostrado lo contrario. Que vengan todo el tiempo que quieran”, contó. El domingo de la semana anterior al torneo, cuando los que han conquistado la chaqueta verde tienen el derecho de jugar el campo con un invitado de su elección, Rory se llevó a Gerry con él.

“Al drive le pongo un notable bajo. A los hierros también, aunque ayer (por el sábado) fueron muy malos. Pero al juego corto, al putt y al approach les doy un sobresaliente con matrícula“, diseccionó su juego esta semana. No fue brillante, sí extremadamente sólido. “Hoy empato con Nick, así que la conversación va a existir. Es un debate difícil. Pero es un conversación en la que me alegra estar”, aportó sobre el debate de quién es el mejor golfista europeo de la historia. Si no ha alcanzado ya esa distinción, poco le falta.

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