Golf | Masters de Augusta

España solo aporta ibérico de bellota a este Masters

Es el único país con más de un representante que aporta un 100% de campeones: Sergio García, Olazábal y Rahm. Mismo porcentaje que Fiyi con Vijay Singh.

España solo aporta ibérico de bellota a este Masters
ANDREW REDINGTON
Jorge Noguera
Redactor en Más Deporte
Nació en Madrid en 1995. Doble grado en Periodismo y Audiovisuales por la Rey Juan Carlos. Un privilegiado, hace lo que siempre quiso hacer. Entró en AS en 2017 y se quedó. Salvo un paréntesis en Actualidad, siempre en Más Deporte. Allí ha escrito sobre todo de rugby, golf y tenis. Ha cubierto el British Open, la Copa Davis o el Mutua Madrid Open.
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No hay mal que por bien no venga. La representación de España en el Masters, un torneo de por sí restrictivo, ha sido tradicionalmente escueta, pero en este caso menos es más, porque le permite jactarse, como ya ocurrió en 2024, de ser el único país con más de un representante que aporta un 100% de campeones al field más selecto de este deporte. Si Augusta fuera una merienda-cena con los amigos, España pondría el jamón. Sergio García, Chema Olazábal y Jon Rahm. Ibérico de bellota.

El otro que alcanza ese porcentaje es Fiyi, pero su delegación se reduce a Vijay Singh, el último ‘chaqueta verde’ del siglo XX. Ayuda al dato el hecho de que esta vez ninguna de las vías de entrada al primer Grand Slam del año ha sonreído a un español. Si el año pasado se estrenó en él Josele Ballester merced a su histórico triunfo en el US Amateur, que viene recompensado entre otras cosas con una exención para esta cita, ahora no ha servido ni la última adición a las categorías de clasificación.

España solo aporta ibérico de bellota a este Masters
Desde la izquierda, Olazábal, Sergio García y Rahm, con el mexicano Carlos Ortiz en una vuelta de prácticas. ANDREW REDINGTON

Esta consiste en una plaza para los campeones de los abiertos nacionales con más solera: el Open de Escocia, el Open de Japón, el Open de Hong Kong, el Open de Australia, el Open de Sudáfrica y, por supuesto, el Open de España. Esta última la estrenará el inglés Marco Penge, que el pasado octubre se imponía en un playoff en el Club de Campo de Madrid a su paisano Dan Brown. Hubiera llegado la buena nueva solo un año antes y Ángel Hidalgo podría incluir el Masters en su curriculum. Y si el ranking mundial hubiera aceptado al LIV entre sus miembros antes, seguramente el esfuerzo de David Puig por abrirse oportunidades en los grandes jugando aquí y allá, una estrategia que le ha llevado al top-100 incluso no sumando nada en su circuito matriz, habría tenido premio en forma de su primera presencia en Augusta.

Por unas o por otras, esto es lo que hay. Que no es poco. En la cena de campeones de este Masters los españoles solo se verán superados en número por los estadounidenses. Ninguna otra de las naciones que se sentarán a la mesa ha fabricado más de un ganador entre los que jugarán esta semana, salvo que se obvie el hecho de que escoceses, galeses, ingleses y norirlandeses son pueblos distintos unidos por un idioma, una corona y ciertas costumbres.

Tres españoles, tres etapas

Si Rahmbo vuelve a oler a favorito en un primer tercio de temporada brillante, Sergio García ha arrancado el curso a trompicones, con un octavo puesto en Hong Kong como mejor resultado. Nada que ver su película con la de la anterior edición, cuando cumplió 100 grandes en un estado de forma excepcional que no tuvo continuidad llegado el Masters. Este año parece apocado. Considera “un éxito” pasar el corte. “No estoy tocando bien la bola. Si supiera lo que me pasa ya lo habría arreglado”, argumenta el fatalismo. “Esperemos que el tiempo ayude y se juegue el campo un poquito más duro y rápido, como nos gusta a todos”, completa con resignación. O quizá sea sabiduría, consciencia de que el antes poco importa. En deporte cuenta el aquí y ahora, como demuestra el hecho de que hace 12 meses, en su mejor momento de los últimos tiempos, no pasara el corte tras acumular un +4 en las dos primeras vueltas. Era el sexto que fallaba en sus siete apariciones desde su triunfo en 2017.

Olazábal tiene otro espíritu. Con 60 primaveras (solo Couples y Singh le superan tras el adiós de Langer en 2025) a cuestas afronta cada Masters como un novato, venga a pegar bolas en la cancha de prácticas. Más de 200 a veces. No se cansa de repetir que es “un lugar muy especial para él”. Este año, en ausencia de un debutante español, no tiene nadie a quien enseñarle todos los trucos y recovecos de un campo que se sabe de memoria. Cuando un jovencísimo Tiger les seguía a él y Seve en sus vueltas de prácticas no era porque sí. “Cuanto más juegas en este campo, mejor. Siempre hemos dicho que exige tener un juego completo. Hay que pegar fuerte y preciso desde el tee y con los hierros, y el juego corto tiene que ser excelente. Conocer los contornos de los greens y todo eso ayuda mucho. Y cuando lo has jugado tantas veces ya, pues lo conoces bien”, disecciona un campo que ahora, por distancia, le tortura, obligándole a jugar palos largos a greenes endemoniados, el motivo por el que Langer se bajó del barco, pero que afronta con la misma pasión que le llevó a enfundarse la chaqueta verde en 1994 y 1999.

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