Juegos Invierno | Esquí freestyle

Eileen Gu, emperatriz de China

La rider se cuelga su primer oro de la edición, su sexta medalla olímpica, y empata al patinador Wang Meng como la más laureada de su país en invierno.

Eileen Gu, emperatriz de China
KIRILL KUDRYAVTSEV
Jorge Noguera
Redactor en Más Deporte
Nació en Madrid en 1995. Doble grado en Periodismo y Audiovisuales por la Rey Juan Carlos. Un privilegiado, hace lo que siempre quiso hacer. Entró en AS en 2017 y se quedó. Salvo un paréntesis en Actualidad, siempre en Más Deporte. Allí ha escrito sobre todo de rugby, golf y tenis. Ha cubierto el British Open, la Copa Davis o el Mutua Madrid Open.
Livigno Actualizado a

Tres pruebas, tres medallas. Eileen Gu repite en estos Juegos de Invierno el balance de Pekín 2022 tras el oro conquistado este domingo en la modalidad de halfpipe, que se suma a las platas en big air y slopestyle para llevar su cuenta personal hasta los seis metales olímpicos. Una cifra con la que iguala al patinador Wang Meng, hasta ahora el chino más laureado en esta vertiente olímpica. Con un oro menos, sí, pero a los 22 años ni más ni menos. Salvo que le de por dedicarse a las relaciones internacionales (es graduada en la materia por Stanford), a la física cuántica, uno de sus hobbies, o al modelaje, cosa que haría muy feliz a las grandes firmas de alta costura que ya le pagan millones para que luzca sus modelitos entre competición y competición, para 2030 estará sola en el trono.

La nacida en San Francisco, que luce bandera china sobre la nieve como homenaje al esfuerzo de su madre, quien tuvo que sacarla adelante como soltera, fue la mejor en una disputada final en el ‘tubo’ de Livigno, impracticable el sábado noche por otra copiosa nevada en esa zona de los Alpes italianos que obligó a posponer el evento hasta la mañana siguiente. Su primera bajada no fue buena. Perdió pie en uno de los vaivenes y se quedó en un escueto 30.00. mientras la británica Zoe Atkin, que se había colgado el oro en el último Mundial aprovechando la ausencia de Gu, fijaba el listón provisional a batir en 90.50 con una serie fantástica.

Y es que Gu llevaba cuatro años sin aparecer en un certamen internacional de esta especialidad. De hecho lo suyo es una rara avis. Es común alternar slopestyle y big air. Pero el halfpipe, así como los moguls y los aerials, son vertientes del freeski que normalmente exigen dedicación plena. Gu, una elegida, no hace distinciones. Sin bagaje reciente, y sin haber podido entrenar mucho estos días porque las sesiones muchas veces se le solapaban con otras pruebas (pidió poder entrenar sola en otro momento o incluirse en las de los chicos, lo que le fue denegado), puso la directa hacia el primer cajón del podio con una secuencia al alcance de muy pocas en el segundo intento, que le valió un 94.00

Podría haber dejado de competir en ese momento y nada habría cambiado, por mucho que su paisana Fanghui Li hiciera todo lo posible, y alguna cosa aparentemente imposible, por desbancarla, marcando un 91.50 y un 93.00 en sus dos últimos lances. Solo le dio para ser plata. Como a Atkin el 92.00 con el que concluyó, lo máximo que pudo acercarse a Gu, que ya más por al arte que por necesidad se lanzó de nuevo al pipe en la tercera manga y encima mejoró su nota anterior, alcanzando un 94.75. Quizá sintiera la necesidad de devolver todo el afecto que le han mostrado estos días en Livigno unos fans enfervorizados (“Cásate conmigo”, se leía en alguna pancarta) a la que ya es emperatriz del invierno chino. O más bien del invierno a secas.

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