DOWNHILL SKATE

Diego Poncelet: “El downhill es la F1 del skate”

El bicampeón del mundo de downhill charla con AS para explicar cómo es un deporte que crece a pasos agigantados y que cada vez gana más adeptos.

Diego Poncelet performs at the Loser Hochalpenstraße in Bad Aussee, Austria on September 7, 2025 // Philip Platzer / Red Bull Content Pool // SI202510291588 // Usage for editorial use only //
Juan de Aracil
Actualizado a

Diego Poncelet (Ciudad de México, 1999) tiene una sensibilidad diferente al resto. Una forma de ver y entender la vida que se aleja de lo cotidiano. Cuando le preguntamos si siente miedo cada vez que se tira por una carretera empinada a más de 120 kilómetros por hora, su respuesta es contundente: “La gente entiende el peligro como el posible daño físico o mental y para mí el verdadero peligro es desperdiciar tu vida”. Solo alguien con esa mentalidad puede llegar a hacer lo que él hace.

El dos veces campeón mundial de downhill skate (2022, 2023) nos revela los secretos de un deporte extremo que cada vez empieza a ser más conocido. Sus vídeos con millones de visitas descendiendo a toda velocidad en un patín sin más freno que sus manos, así lo reflejan. Aunque para Diego, el downhill sigue siendo sinónimo de familia, de unión. Un ejemplo de ello es que una de las personas más importantes para él, su mejor amigo, cámara en ocasiones y actual manager, ha sido también su máximo rival en los campeonatos del mundo.

Joan, un monje budista que reside en un monasterio en Estrasburgo, es otro de los acompañantes que le ha guiado en este mundillo. Sonríe cuando le preguntamos por su historia y el brillo de sus ojos revela que se trata de alguien muy especial. Todo ‘loco’ necesita a su Sancho y Joan ha sido el escudero perfecto en una aventura que ha llevado a Poncelet a tocar el cielo, aunque partiendo de un amargo infierno. Una dura lesión le tuvo apartado unos meses del patín. Donde otros se hubieran detenido, el encontró un motivo para ser campeón del mundo. Y lo logró. Una personalidad única para una disciplina única. Hoy el propio Diego nos cuenta su historia y la del deporte que le cambió la vida.

Lo primero de todo, para el que no te conozca, ¿quién es Diego Poncelet?

Es una pregunta difícil. Se me conoce por ser un skater de velocidad. Fui dos veces campeón del mundo de downhill y ahora me estoy esforzando en llevar mi deporte al límite. Además, estudié Relaciones Internacionales porque en ese momento la estructura de mi deporte no era muy buena y necesitaba un plan B.

Naciste en México, pero creciste entre España y Suiza y tu padre es belga... ¿cómo es la historia que hay detrás?

Nací en México. Mis padres se conocieron ahí. Luego nos fuimos a vivir a Suiza por el trabajo de mi padre. Mi madre es mallorquina, entonces nos volvimos a mudar a Mallorca, que para mí es mi casa. Es el único sitio donde he vivido y además tengo sangre de ahí, entonces yo me considero español, a pesar de que por mi acento mucha gente me pregunta que de dónde soy.

¿Puedes explicar para que el nunca haya visto downhill de qué se trata?

Es un deporte muy nuevo. Para mí es como la F1 del skate. A mí el proceso me gusta compararlo con una meditación activa. No es caos y adrenalina como se podría imaginar, sino más bien una tranquilad muy profunda. Me gusta relacionarlo también con la música clásica: es introspectivo, pero también épico.

“El downhill no es caos y adrenalina, sino una meditación activa”

Diego Poncelet

¿Y cómo descubriste el downhill?

Cuando ira niño, vi a alguien pasar a toda velocidad por delante de mi casa y era una carretera muy empinada que yo sabía que terminaba en una rotonda. Yo fui a asomarme para ver el accidente porque yo estaba seguro de que se había estrellado allí y cuando miré no había nada. A partir de ahí se quedó ese misterio en la mente de cómo aquella persona desafió las leyes de la física porque iba sin frenos. Años después, mi padre me enseñó vídeos de gente patinando en California y me dijo que, si aprobaba mis exámenes, iríamos al skateshop juntos a comprar una tabla. Ahí empezó todo.

Entiendo que de niño no podías pensar en dedicarte a ello porque era un deporte menos conocido… ¿Qué querías ser?

De niño a mí me encantaba que me llamaran loco y no sabía por qué, pero con el tiempo me di cuenta de que era algo que tenía que ver con la autenticidad. Yo era un niño muy consciente de sí mismo, con muchas preocupaciones y que necesitaba demostrarse a sí mismo que valía la pena. Y a través de esa noción de la locura encontré un sitio en el mundo que era mío porque nadie más se atrevía a ocuparlo.

El problema es que es un deporte es relativamente nuevo, ¿tenías referentes?

Sí, veía vídeos de gente que bajaban carreteras y lugares épicos y yo quería ser como ellos. Uno de mis referentes fue un chico que se llama Martin Siegrist, que es el campeón del mundo de 2004, 2005 y 2009 y ahora es uno de los compañeros que me ayuda a desarrollarme para ir cada vez más rápido. Es muy bonito porque somos como una gran familia internacional. Mi mejor amigo, por ejemplo, es la persona que me graba, mi agente, pero también mi máximo rival. Primero va la amistad y después, el resto, aunque cuando estamos los cuatro posicionados antes de la carrera, hay una tensión increíble. Pero nunca hay algo tóxico. Creo que también es por el dinero. Al ser un deporte nuevo en el que no hay tanto dinero en premios, no hay esa presión que pueda corromper la esencia del deporte.

Es un deporte que tiene mucho riesgo, ¿tú piensas en ello cuando lo practicas?

Pienso en ello y soy consciente de los riesgos de mi deporte, pero en el momento de bajar, los tengo apartados. Cuando has hecho el cálculo de los riesgos y has evaluado tu nivel como patinador, todas tus emociones y pensamientos van hacia hacerlo con éxito. Es algo que sirve para la vida en general, el poner más enfoque en la preparación que en la ejecución.

También tengo una concepción diferente al peligro. La gente lo entiende como el posible daño físico o mental y para mí el verdadero peligro es desperdiciar tu vida. Yo prefiero enfrentar el riesgo cara a cara. Tengo miedo cuando patino, pero al final es dominar tú al miedo y que no el miedo te domine a ti. El miedo puede ser una fuente de fuerza y de impulso. Freud decía que hay que hacer el inconsciente consciente. Creo que el miedo es una herramienta para hacerlo.

“Para mí el verdadero peligro es desperdiciar tu vida”

Diego Poncelet

¿Y qué piensan tus padres?

Al principio les costaba más y han tenido sueños en los que me pasaba algo. Cuando he tenido alguna caída y he llamado a mi padre sí que puede darle un subidón porque puede pensar que a lo mejor le estoy llamando desde el hospital, pero me conocen y saben que calculo el riesgo.

¿Cómo es la gestión de una carrera? Entiendo que hay un control para que las carreteras estén despejadas, no pasen coches, ni peatones…

La carretera está cerrada, no hay posibilidad de que aparezca un coche. El riesgo está en que yo tenga un fallo y que me caiga o me dé contra un guardarraíl. En cuanto a la preparación, es como cualquier otro atleta. En realidad, en el fútbol se hacen casi más daño que yo. En otros deportes no hay esa noción de calcular el riesgo, van a tope y les pueden pasar muchas cosas.

Yo antes de cada carrera o evento preparo bien todo, no es que me tire y ya está. Estudio bien la pista, las curvas, los ángulos, las zonas de riegos como guardarraíles o acantilados.

Diego Poncelet: “El downhill es la F1 del skate”
Diego Poncelet patinado en Bad Aussee, Austria | Red Bull

¿Alguna vez has tenido algún momento de dudar y has pensado en dejarlo?

Cuando tuve lesiones sí que me lo pensé un poco, pero nunca mucho. Cuando decidí ser campeón del mundo era porque me había roto la pierna y decidí transformar una experiencia negativa en algo positivo. Es una bendición, pero también es comprometerte contigo en que vas a lograrlo. Los momentos más difíciles de mi carrera fueron cuando me decepcioné a mí mismo por no conseguir los resultados que quería. Cuando me caigo, siempre digo “menos mal que me ha pasado esto porque si no, no sería la persona que soy”.

Y ahora yéndonos a la parte buena, eres bicampeón mundial, ¿cómo se vive eso?

En realidad, no es tan especial. Fue cumplir un sueño, pero en seguida me di cuenta de que el hecho de ser campeón del mundo no significa gran cosa y tampoco importa mucho. Por eso, cuando hablo de sueño, hablo más de la persona en la que te vas a convertir. Porque si tienes un sueño específico y lo consigues, pierdes tu propósito. Suele pasar, que, una vez conseguida una meta, te deprimes. Y si no la consigues, te frustras.

Una vez logras ser campeón y te levantas a la mañana siguiente, o a la semana siguiente de ganar, ¿se siente algún tipo de vacío o no se te acaba el hambre de victoria?

Cuando fui campeón del mundo la primera vez, fue increíble, pero sentí el síndrome del impostor. Es como que no te lo crees del todo y por eso volví a ganar para confirmarlo, pero fue raro porque me desperté a la mañana siguiente y no estaba de buen humor, pensé: “tanto trabajo para esto…”, y ahí descubrí que lo importante es el camino.

¿Cómo es ser una de las caras visibles de un deporte que está empezando a florecer ahora? ¿Hay algún tipo de presión?

Lo llevo con naturalidad, pero soy consciente de la responsabilidad que conlleva. También de forma positiva. Por ejemplo, es probable que haya conocido al chico que vi bajar cerca de mi casa cuando empecé, porque los que patinamos somos como una familia. Igual yo ahora puedo tener el mismo impacto sobre un niño que ni sabe quién soy, pero ve mis vídeos y puedo inspirarle a lograr algo que quiera.

Comentabas en 2022, en una entrevista que te hicimos en el Diario AS, que aún no se podía vivir del downhill. ¿Ha cambiado el panorama en estos cuatro años?

Ahora los campeonatos del mundo se van haciendo más conocidos y eso ayuda. Aparte me di cuenta de que con mis proyectos y mis redes sociales yo podía desarrollar algo propio. Ahora estoy con Red Bull, que tiene la capacidad única de hacer posibles tus sueños.

Has hablado en varias entrevistas de Joan, un mentor tuyo que además es un monje budista, ¿cómo surgió esa relación y cómo te ayuda?

Sí, Joan es una persona increíble que ya formaba parte de la comunidad de skate antes de que yo llegase a Mallorca. Él dice, aunque yo no me acuerdo, que un día yo le dije: “quiero ser campeón del mundo, ¿quieres ayudarme?” y me dijo que sí. Desde entonces me llevó a patinar. Él es la persona que se encarga de la seguridad, de que no haya nada peligroso en la carretera. En él confío al 100%.

Es curioso porque él está en monasterio en Estrasburgo y tiene que pedir permiso para bajar a patinar. Al principio no le tomaban muy en serio, pero enseñó mis vídeos y ya le dejan salir más a menudo. Hacemos ejercicios espirituales, pero no es una relación en la que él me enseña cosas, es más como una amistad y yo aprendo de él a través de su ejemplo.

También te gusta mucho el cine e incluso has dirigidos un par de cortos...

Es una forma de expresarme que me gusta mucho. Y lo intenté relacionar con el patín. Uno de los cortometrajes lo hice sobre un problema que tuvo un amigo patinando. Hay una intención de filmar la vida en sus momentos más altos, pero también más bajos, en una posible tragedia, a pesar de que al principio estás en lo más alto antes de tirarte y estás compartiendo buenos momentos con amigos y familia. Me gustaría en algún momento hacer un largometraje y explorar todas estas posibilidades artísticas.

¿Tienes algún actor fetiche para tu protagonista?

A mí me gusta el cine antiguo. Me hubiera gustado, aunque ya ha muerto por desgracia, Franco Citti, que fue un actor que trabajó mucho con Pasolini.

¿Volviendo al downhill qué te depara el futuro?

Estoy buscando las carreteras más difíciles del mundo y cosas que no parecen patinables. Lo busco en Google Maps, en la IA, en foros de ciclistas y camioneros…

¿Y hasta cuando crees que estarás patinando?

Noticias relacionadas

Yo me veo haciendo downhill con una barba blanca, hasta los 85 años (risas). Aunque compitiendo no, porque no es lo mismo. También es verdad que para mí la felicidad es algo que no depende de ti mismo, sino que tienes que encontrar algo que te haga feliz y por lo que estés dispuesto a morir. Tampoco quiero sonar exagerado, pero por ejemplo la familia es algo por lo que estar dispuesto a morir. Por eso dejaré de patinar cuando ya no esté dispuesto a morir por ello y ya no me llene.

¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí

Etiquetado en:
Comentarios
Normas

Rellene su nombre y apellidos para comentar

Te recomendamos en Más deporte