Augusta saca lo peor de Rahm
El vasco, desquiciado por momentos, tira una vuelta de 78 golpes (+6) y se obliga a pelear el corte el viernes. Sergio García, más sólido, firma el par.


Augusta devolvió este jueves a Jon Rahm a unas sensaciones que parecían cosa del pasado. A la versión de 2025, la que le daba para competir en el parque recreativo del LIV, para poco más que sobrevivir en la ferocidad competitiva del Grand Slam. El vizcaíno cerró su primera vuelta en la 90ª edición del Masters, una jornada de cielos despejados, calor y greenes duros, con una tarjeta de 78 impactos, seis sobre par. En la 73ª plaza, obligado a pelear el corte el viernes. De la segunda chaqueta verde ya casi no cabe ni hablar.
Sin el ‘casi’ echando una ojeada a los números. Estos dicen que nadie ha ganado un Masters tirando más de 73 en la primera vuelta desde Tiger en 2005 (hizo 74). También que 14 de los 18 campeones de 2008 han jugado por debajo de 70 en el primer salto. Lo de Rahmbo no fue un arranque flojo. Fue tirar el torneo, desamparado por un putter que se convirtió en el principal de los múltiples quebraderos de cabeza con los que tuvo que lidiar. Hasta cuatro veces tripateó, en el 3, el 6, el 9 y el 13, escenarios de tres de sus cuatro bogeys, el último el del doble bogey que convirtió una mala vuelta en un desastre sin paliativos.

Llegaba ya calentito al penúltimo par 5 del día. Había hecho amago de romper la madera con la que había mandado, paradójicamente, la bola al centro de la calle, para después desgarrar el guante al quitárselo de mala manera y lanzar sus retales a una papelera cercana. Era el comportamiento de un hombre violentado por Augusta. En el 11 le salió un hierro fino desde detrás de un árbol y pegó uno de los golpes del día en el 12, pero ninguna de esas maniobras concluyó en un birdie. De hecho completaría su primera ronda desprovista de ellos en las 37, con esta, que ha jugado en diez apariciones en el torneo.
Así que se presentó en el último recoveco de Amen Corner desesperadamente necesitado de una alegría, y en lugar de eso encontró otra decepción. Cerró de más el segundo golpe y fue a parar a una zona injugable por la vegetación en el margen izquierdo del green. Necesitó cuatro golpes para alcanzar superficie de pateo, tres más para abandonarla. Era la Ley de Murphy en carne y hueso. Su deambular concluyó con cinco pares, alguno sufrido como el del 17.
Cayó el birdie para @TheSergioGarcia en el hoyo 13. pic.twitter.com/t4gIfs5NUj
— El Masters (@TheMasters_ES) April 9, 2026
Ya delante de los micrófonos, no fue capaz de extraer “nada” positivo de la vuelta más allá de “no haber hecho 80″, y se emplazó a “como mínimo un -2 o -3″ para estar en disposición de jugar el fin de semana. Reconoció que su ejercicio fue “raro”, inesperado en un buen momento de forma, con una victoria en Hong Kong hace un mes y tres segundos puestos en los otros cuatro torneos que se han jugado por ahora este año del LIV. Lo cierto es que lo que antes sonaba arrivista, que el viraje hacia la superliga saudí ha mermado su capacidad de competir en los grandes, gana categoría empírica con cada uno que disputa. Este es el noveno desde su multimillonario fichaje y ha sido un factor real en la ecuación del triunfo durante unos hoyos en el PGA del año pasado.
Sergio García, la otra cara de la moneda
De sus compañeros de circuito el mejor fue Sergio García, otro cantar. Él llegaba a este Masters sin grandes resultados a los que aferrarse y jugó un golf sólido interrumpido por dos bolas al agua en el 11 y el 15, que le dejó en el par del campo con tres birdies y otros tantos bogeys. “He pegado golpes terribles y otros muy buenos. Habría firmado el 72 antes de empezar, no voy a mentir. Mañana será un día importante”, valoró una actuación que le coloca no demasiado lejos del listón, -5, fijado por Sam Burns y Rory McIlroy, el vigente campeón, quien contradijo el arranque discreto que cabría esperar de un hombre obligado a innumerables compromisos estos días. El segundo triunfo consecutivo, que en Augusta solo ha ocurrido en tres ocasiones, a manos de Nicklaus en el 65 y el 66, de Faldo en el 89 y 90 y de Tiger en 2001 y 2002, coge cuerpo.
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