“Mi mayor rival soy yo mismo”
Quique Llopis (25 años) visita AS antes de los Mundiales indoor de Torun. “Puedo ganar una medalla, pero sé que un mínimo fallo te deja fuera”, dice sobre el 60 vallas.


Quique Llopis (Bellreguard, 25 años) es una estrella atípica en el universo del deporte. Humildad y trabajo son sus principales superpoderes. Además de ser un portentosos velocista de vallas que logra acelerar como pocos en el mundo en perfecta coordinación con los saltos su corpachón de 191 centímetros y más de 80 kilos. El metrónomo valenciano, guiado a la perfección en su camino por el druida Toni Puig, mira al Mundial indoor de Torun con un objetivo firme.
“Intentamos no tener la presión de decir: ‘Ostras, venimos con opciones’. Sabemos que son reales y que podemos ganar una de las medallas. Lucharemos con todo lo que tenemos y a ver qué sale, aunque lógicamente mejor si conseguimos subir al podio (ríe)”, dice sentado en la Redacción de AS.

“En 60 vallas no hay bajas, pero hay tres rondas el sábado (21 de marzo) y aunque en los papeles de inscripción no haya ausencias luego puede haberlas a lo largo del día, incluso nosotros mismos. Puedes tocar una valla y quedarte fuera, eso es así. Intentaremos no ser los que fallemos. Un mínimo roce te deja muerto. Y más en un Mundial. Un pequeño error... y estás fuera”, reconoce con sobriedad al hablar de una de las pruebas más exigentes del programa del deporte de los deportes. “La diferencia es que en el 110 tenemos que pasar diez vallas perfectas, o aquí en el indoor 60 y seis. En un concurso haces un nulo y el entrenador te va con la Tablet, te enseña, ves dónde está el error y lo puedes solucionar. Aquí no. Aquí no. Es un gesto técnico repetido, pero a altísima velocidad. Posiblemente sea de las especialidades más técnicas que existen”, apostilla con su sabiduría el técnico.
Medalla de chocolate.
Cuartos en los Mundiales indoor de Glasgow 2024, los Juegos de París y los Mundiales de Tokio (ambos en 2025)… ¿es el momento de una medalla planetaria? (Sonríe) “Como atleta siempre quieres una medalla en todo los campeonatos importantes, pero no es fácil porque el nivel es altísimo. De todas formas, cuando he quedado cuarto en un gran campeonato nunca lo hemos visto como una decepción sino como un logro. Ser cuarto en unos Juegos Olímpicos es algo para celebrar. No puedes irte con la cabeza baja. Hace cuatro años eso habría sido un sueño. Es verdad que te quedas cerca de la medalla, pero algún día saldrá y ya está. Ese es el pensamiento. A seguir trabajando para conseguirlo”.
Esfuerzo, entrenamiento y dedicación, pilares básicos del tándem. “Llegó conmigo con 13 o 14 años. Llevamos ya más de diez trabajando juntos y siempre hemos dicho que teníamos nuestra hoja de ruta, nuestro camino. No era una atleta explosivo que arrasara en categorías inferiores. Siempre tuvimos nuestros patrones de trabajo y sabíamos que iba a llegar. Tiene muchas características buenas, pero por destacar tres son: la humildad, que es un trabajador nato y una esponja aprendiendo. Absorbe muy bien todos los conceptos y toda la acumulación de cargas que tenemos. Las interioriza, las asume y cree en el trabajo que estamos haciendo. Eso le ha hecho llegar donde está. Recordar siempre de dónde venimos es clave y de verdad es que es muy, muy trabajador. Si tenemos que entrenar un domingo por la tarde, no hay problema. Y ese día a día le hace ser tan fuerte”, define Puig a Llopis.

Valores clave a los que añade una regularidad difícil de explicar. “Hablaba antes con mi representante (Alberto Suárez) de eso. Este año la media de mis diez mejores marcas es 7.48 teniendo 7.45 de mejor marca personal. Es una locura. Aún así, creo que podemos rascar algunas centésimas más a esa marca. Con pequeños detalles, pequeños gestos ya sean técnicos o a nivel de la primera valla”, afirma Quique antes de señalar rivales y tiempos para el sueño en Polonia: “Los norteamericanos Cunningham y Beard, y el polaco Szymanski llegan con 7.37 y, a priori, son los más fuertes. Diría que el 7.45 puede valer para lograr medalla pero visto lo visto, igual no. No tengo ni idea. Yo intentaré mejorar esa marca incluso. Si yo corro bien y me ganan, pues se les da la enhorabuena. Lo importante es sentir que nosotros lo hemos dado todo”.

De nuevo humildad, pese a la gloria que se vislumbra. Pero Llopis sabe que la vida no siempre te devuelve lo que le entregas. De ahí, esa frase que lleva impresa en su bíceps derecho: ‘La felicidad puede hallarse hasta en los más oscuros momentos, si somos capaces de usar bien la luz’. “Soy muy friki de Harry Potter. Me lo tatué hace un par de años”, dice esbozando una sonrisa. Y adelanta sobre Torun: “El mayor rival somos nosotros mismos. No fastidiarla, no tener errores, correr bien las eliminatorias, clasificar en cada ronda. Cada una es un mundo y hay que pasarla. Lo único que puede pasar es una serie o en una semifinal es que pierdas, porque si pasas es lo que tenías que hacer”.
La fea caída de Estambul, en 2023, pudo cambiarlo todo. Y lo hizo... pero para bien: “Empecé a trabajar con una psicóloga que me vino muy bien. Y siempre he dicho que aquella caída ha provocado que sea el atleta que soy yo hoy en día. Me hizo saber que tenía que afrontar las competiciones de otra forma. Me enseñó a cómo empezar a afrontar las competiciones importantes”. Un relato que complemente el gurú Puig: “La psicóloga en aquel momento para Quique fue muy importante. Pero también cambiamos cosas, de técnica y de todo. No puedes decir que una caída es por mala suerte. No existe. Si sucede es porque hemos cometido errores. Primero hay que asumir eso y después buscar soluciones. Y es lo que hicimos. Además, Quique e es un titán. Todo lo frío que parece por fuera esconde una enorme fortaleza y dureza por dentro”.

Tras reivindicar la necesidad de que la pista de Gandía esté por fin en condiciones (“hemos estado en Canarias, luego en el CAR de San Cugat. Y cuando nos hemos cansado de estar fuera de casa, decidimos volver a Valencia. Hacer 75 minutos de ida y otros tantos de vuelta cada día para entrenar no es lo mejor. Ahora cambiaremos porque al aire libre ya no nos vale el velódromo. Posiblemente iremos a entrenar a Denia, a 30 kilómetros. Y lo solucionaremos así hasta que alguna empresa coja la pista de Gandía y la acabe. Creemos que para septiembre con un poco de suerte”), Puig señala dónde ve las centésimas a rebajar: “Las aplicaciones modernas nos ayudan mucho en las vallas. Quique ahora es mucho más seguro saliendo y ahí podemos rascar una o dos centésimas. Y en fase lanzada está muy bien, pero todavía podemos mejorar algo también de la última valla a la meta. Y alguna otra centésima más en detalles. Quique no ha hecho aún la carrera perfecta y esperamos tenerla en Torun”.
Focalizado.
En la pista indoor polaca, Llopis tiene clara su labor: “En carrera en lo único que pienso es en llegar a meta. Cuanto menos pienses, mejor. Porque si te paras a pensar en algo, es tiempo que estás perdiendo. Sólo debes pensar en correr. Para pensar y analizar ya están los entrenamientos. En 60 vallas nunca te guardas prácticamente nada. Intentas correr un poco más relajado en series o tras la última vallas, pero prácticamente siempre vas a tope”. ¿Rituales antes de correr? “Ninguno. Me pongo a calentar como si fuese un día de entrenamiento y a competir”. “La presión de tres carreras y no fallar en ninguna es lo que hemos estado preparando todo el año. Pero son vallas. La guerra psicológica y de resistencia a correr a tope durante tres carreras va a ser la clave del campeonato”, apostilla Puig como el valor diferencial, antes de dar un consejo: “Los entrenadores que no trabajen con nutricionista, fisioterapeuta excelente, psicólogo, médico deportivo... se están equivocando. Ahora son equipos multidisciplinares coordinados por el entrenador, no hay otra opción. Yo ni soy psicólogo, ni fisioterapeuta... ni quiero serlo”.
“Los entrenadores que no trabajen con nutricionista, fisioterapeuta excelente, psicólogo, médico deportivo... se están equivocando.
Toni Puig, entrenador de Llopis.
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Por último, tras reconocer que se siente un privilegiado (“en mi caso, sí vivo bien del atletismo. Eso sí, en este deporte o eres top mundial o malvives. En mi caso he tenido la suerte de conseguir llegar ahí”), Llopis pide un deseo habitual en su relación de amistad con el otro español de la prueba: “Ojalá que sea en Torun, por fin donde Asier (Martínez) y yo brillemos a la vez. Estoy seguro que llegará un campeonato en el que estemos los dos en un gran nivel”. Dos portentos, dos excelentes personas.
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