¿Cómo ‘nace’ una zapatilla de alta competición? El ‘blinding’ más secreto
Nike revela parte de los entresijos de un nuevo modelo desde que es un prototipo hasta que está en el pie de un atleta de élite, parte clave del proceso.


“Si hubieras visto el prototipo inicial en 2015, sería difícil saber qué estabas mirando. Nike llevó el prototipo al campamento de Eliud Kipchoge en Kenia. Muchos corredores no entendían cómo ese diseño podía hacerlos más rápidos... hasta que salieron a hacer un entrenamiento de ritmo, miraron sus relojes y se dieron cuenta de que habían reducido su tiempo en treinta segundos o más, con el mismo esfuerzo”, explica Emily Farina, investigadora jefa del NSRL (Nike Sport Research Lab). Se refiere a las Vaporfly 4% Elite que dieron paso a las Zoom Vaporfly Next% y posteriormente a las Alphafly con las que el prodigio keniano completó la distancia de Filípides (42.195 metros) en menos de dos horas (1:59.40 en Viena 2019). Un tiempo no oficializado al haber recibido ayudas externas.

El laboratorio de investigación deportiva de la firma del ‘swoosh’ donde se crea la ropa y el calzado de rendimiento de Nike nació en un pequeño almacén en Exeter (New Hampshire, Estados Unidos) en septiembre de 1980. “Las buenas investigaciones siempre plantean más preguntas”, recuerda Nick Frank. Una frase que entronca a la perfección con el mantra de la firma que ideó y creó Phil Knight, junto al entrenador Bill Bowerman, en Eugene (Portland): ‘Nunca pares de cuestionar’. Contrataron entrenadores, podólogos, físicos, ingenieros aeroespaciales, biomecánicos… equiparon las instalaciones con tecnología pionera para analizar pisadas, zancadas, patrones de pisadas... y centraron toda la investigación en torno a los datos y las necesidades de los atletas, profesionales y aficionados. Empirismo en estado puro. En 2020 abrieron nuevas instalaciones del NSRL (renombrado LeBron James Innovation Center) en Beaverton (Oregón) incorporando la última tecnología para capturar y analizar los datos de rendimiento de los atletas con la instalación de captura de movimiento más grande del mundo (con 400 cámaras), equipamiento de tecnología de mapas corporales, una pista de atletismo de 200 metros para entrenar la resistencia, un campo de entrenamiento de césped para imitar diferentes climas...

Porque detrás de cada zapatilla hay un proceso de innovación exhaustivo en el que los atletas desempeñan un papel esencial. Desde las primeras versiones ‘ciegas’, cubiertas de negro para evitar sesgos, hasta las pruebas de laboratorio con sensores y máscaras de oxígeno, cada paso busca una cosa: entender cómo la tecnología puede mejorar el rendimiento real de quienes la usan. La tricampeona olímpica y pentacampeona mundial Faith Kipyegon o el maratoniano estadounidense Conner Mantz, ganador de los Trails USA 2024, récord de EE UU y octavo en París 2024, colaboran con sus equipos de diseño y ciencia para dar forma a los próximos avances en calzado, en un proceso donde la confianza, los datos y la experiencia se combinan para transformar la innovación en resultados. De hecho, en Tokio dos de las 42 medallas, uno de los 17 oros, de Nike en los Mundiales 2025 fueron para la keniana de 31 años.

CURIOSIDADES Y ENTRESIJOS.
Algo que quizá muchos no saben es que las zapatillas de alta competición nacen como prototipos. Muchos de ellos disfrazados del mismo modo: cubiertos de negro y con cinta adhesiva para ocultar espumas o mediasuelas. Este paso en el proceso de creación de prototipos es conocido como ‘blinding’ (ocultamiento), y es la manera de preparar el terreno para probar nuevos modelos con un atleta. Parte del objetivo es mantener la zapatilla en secreto frente al público durante el mayor tiempo posible. Los científicos ocultan atributos destacados, como el perfil de la mediasuela o el diseño del empeine, cuando las pruebas se realizan en entornos públicos. Pero envolver el prototipo en misterio también tiene un propósito hacia el atleta: minimizar cualquier factor que pueda alterar su rendimiento, evitando que sus impresiones visuales influyan en sus comentarios sobre el producto. Sin distracciones, el deportista puede centrarse en la experiencia pura de usar el calzado y descubrir cómo esta herramienta misteriosa podría darle una ventaja competitiva. “Lo que necesito en mi zapatilla de entrenamiento es que me devuelva la confianza”, explica Mantz.

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El cronómetro es uno de los signos más simples de la eficiencia biomecánica: ¿puedes correr más rápido con el mismo esfuerzo? Si la respuesta es sí, convencer a un atleta de seguir probando un prototipo se vuelve mucho más fácil, sin importar lo extremo que parezca. A menudo, el atleta llega a esa conclusión en una especie de “epifanía”, como la que describe Farina: “Cuando logra algo inesperado y se siente bien haciéndolo”. “Jamás queremos que una zapatilla sea una solución en busca de un problema. Eso sería ir al revés. Una zapatilla debe partir de un problema que necesita solución. Escuchar a los atletas nos lleva al corazón”, afirma Tinker Linn Hatfield Jr., diseñador estrella de la firma y responsable de numerosos modelos Air Jordan.

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