Ana Alonso: “La gente me miraba como si estuviera loca por querer ir a los Juegos”
“Mi camino tenía que ser este”, reconoce la granadina, que ha pasado en menos de cinco meses de una ambulancia al podio olímpico.


No tarda mucho en emocionarse Ana Alonso cuando se acerca a atender a los medios españoles presentes en Bormio, uno de ellos este, al poco de bajarse del podio que nadie salvo ella vio venir. Al poco de ponerse delante de los móviles para dar cuenta de su hazaña en el esprint olímpico de esquí de montaña se le humedecen los ojos. El suyo es un bronce caro. Carísimo.
Para alcanzarlo ha tenido que tomar decisiones difíciles, empezando por no operarse la rotura de los ligamentos cruzado y anterior de la rodilla izquierda que le dejó entre otras muchas secuelas el atropello sufrido el pasado septiembre mientras entrenaba en bici por una carretera de Sierra Nevada. “Estoy feliz e inmensamente orgullosa de todo el trabajo que hemos hecho y de haber creído hasta el final que podía conseguirlo desde que tuve el accidente. Una parte de mí pensaba que mi objetivo tenía que seguir siendo lo mismo, conseguir una medalla en el sprint y luchar por el oro, y la gente me miraba como si estuviera loca y decía ‘da gracias si llega a los Juegos’. Pues mira, aquí estamos. No puedo decir nada más que gracias a toda la gente que está a mi lado y me ha acompañado en este proceso”, se arranca la granadina.
“Mi día a día ha sido muy intenso, sobre todo porque nosotros no estamos acostumbrados a este escenario, a que haya tanta gente. Creo que lo peor que ha pasado ha sido en la primera ronda porque estaba allí y me temblaba el cuerpo entero. Escuchar tanta gente, tantos medios, es una sensación que no he estado tan nerviosa en mi vida”, resume los últimos días en Bormio. El maremagnum de unos Juegos.
“Creo que ha sido una bajada que la voy a recordar toda mi vida. He hecho las transiciones muy bien, creo que ha sido la clave del día, hacer bien las transiciones. Llevo mucho tiempo haciendo esto y voy a ir a repetir lo que ya sabemos a hacer”, analiza la clave de su medalla, ese quita y pon de los esquís en el se ha fraguado el rutilante metal que cuelga de su cuello. Su gesta es de una magnitud que, reconoce, en el tramo final tuvo que “mirar hacia atrás” para terminar de creerlo.
“Mi dedicatoria tan especial es a toda la gente que ha venido, porque son los que están aquí. Siempre digo que siento una fuerza muy grande de los que se han ido. Obviamente me acuerdo de mi padre y de Miguel Torres también. Fue la persona que más me ha enseñado los valores del deporte y a seguir creciendo. Ojalá estuvieran aquí para poder compartirlo con ellos”, se acuerda de los que, desafortunadamente, ya no están para celebrarla. “La vida me ha quitado muchas cosas, pero me ha dado la oportunidad de vivir la vida que hubiera soñado tener”, completa.
En la punta de sus esquís se lee “Faster”. “Más rápido”, en su idioma nativo. Es una ayuda mental en carrera. Lo último que ve cuando se los quita y se los pone en las transiciones. “Es como un ancla”, apunta. Sus Juegos aún no han terminado. Queda el relevo el sábado. “¿El relevo mixto del sábado? Ya lo hemos dicho, nuestro objetivo es luchar por el oro. Si lo conseguimos, genial. Si no, también. Pero vamos a salir a por todas".
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