Alex Honnold le gana otro pulso a la muerte en el Taipei 101
El americano escala sin cuerdas el rascacielos de Taiwán, el primero que lo consigue en la modalidad ‘free solo’, en una hazaña retransmitida por Netflix.

Alex Honnold le hizo otro desprecio a la muerte este domingo, cuando el estadounidense de 40 años, mundialmente famoso por escalar grandes estructuras naturales y artificiales en estilo ‘free solo’, sin cuerdas ni arneses, consiguió trepar así, con la única ayuda de sus músculos, hasta lo alto del rascacielos Taipei 101, de 508 metros, ubicado en Taiwán.
En un evento retransmitido en directo por Netflix, que había generado mucha expectación en días previos, Honnold se convirtió en la primera persona de la historia que corona este edificio sin ningún tipo de asistencia. La imagen que durante algo más de 90 minutos llenó las pantallas de medio mundo, Honnold escalando con sus ‘gatos’, una bolsa de magnesio y su clásica camiseta roja como único equipamiento, era tan fascinante como preocupante.
“Es increíble. He pasado un montón de tiempo pensando en esto, imaginando que era posible, pero hacerlo realmente se siente diferente”, afirmó después a los medios de comunicación congregados en el distrito financiero de Taipéi. Llevaba tiempo con esta torre entre ceja y ceja, tras hacer suyas anteriormente catedrales de la escalada en entornos naturales como El Capitán de Yosemite o el Sendero Luminoso de México.
El clima aumenta el suspense
Para darle más intriga al asunto, hubo que posponer el espectáculo a media hora de comenzar porque no se daban unas condiciones climáticas favorables. Para entender la dimensión del peligro al que se expuso Honnold, se estableció un delay de 10 segundos en la señal televisiva para dar margen a los realizadores a que cortaran la retransmisión en caso de un accidente mortal. Cuando el cielo se despejó, Honnold se puso a ello, surcando con una agilidad pasmosa las distintas partes de la estructura ante la atónita mirada de cientos de personas que se habían congregado en su base. A medida que avanzaba, un equipo de apoyo iba estableciendo posibles rutas de rescate hacia él en caso de ser necesarias.
Primero superó un tramo inicial de 113 metros de acero y vidrio, con los ‘ruyi’, unos cuerpos metálicos de algo más de cuatro metros, como el tramo más problemático. De ahí pasó a la zona conocida como ‘cajas de bambú’, 274 metros entre los pisos 27 y 90. Llegó la fase final, en la que el cansancio acumulado aumentaba exponencialmente el riesgo de sufrir un percance mientras iba sorteando los anillos que llevan hasta la aguja que preside el rascacielos. Una vez en ella inmortalizó la hazaña con un ‘selfie’. “Para mí, el reto más grande era estar tranquilo. A medida que subía era más divertido”, contó después. “Todo el equipo de hoy era de clase mundial. Para mí, es más fácil dar lo mejor de mí cuando confío en ellos. Fue increíble, un día espectacular”, remató tras citarse una vez más con la muerte y salir indemne del encuentro.
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