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La NFL también ha desterrado del abrazo del oso de nuestras vidas

La NFL también ha desterrado del abrazo del oso de nuestras vidas

Joe Robbins

AFP

Agradezcamos a la NFL que quiera evitar que se graben en la retina de los espectadores imágenes de violencia que puedan acarrear secuelas permanentes en nuestra psique.

Madrid

Es inaceptable comparar el hoy con el ayer. Ya no hay ninguna duda de que todo lo que pasaba antes era malo. Malo para la salud, para el medio ambiente, para la libertad, para los seres vivos, para los pulmones, para el planeta, para el desarrollo de la persona… Todas las ideas repulsivas descritas en palabras que terminan en –fobo o –ista tienen su origen en las herencias del pasado. El pasado debe ser borrado, ignorado e incluso reescrito. No es aceptable decir que cualquier tiempo pasado fue mejor. Por suerte, cualquier tiempo pasado solo es anterior. Los que añoran el pasado son pobres inadaptados y enfermos que viven la lacra de una educación y una sociedad que les llevó a interiorizar ideas y conceptos retrógrados e inadmisibles. Está costando conseguirlo, pero esta sociedad abierta y tolerante está desterrando para siempre todo eso reeducando con mucho amor. Ya no toleramos a los intolerantes.

En el football americano pasa lo mismo. Por suerte para nosotros la salud de los jugadores se ha convertido en la prioridad número uno para el comisionado, los propietarios, los jugadores, los aficionados, los vendedores de perritos y todos los estamentos que rodean a este maravilloso deporte. Aquellos vídeos abominables en los que aparecía una selección de los golpes más salvajes y brutales de cada jornada han pasado a la historia. Todos los que entonces rugían con los ojos fuera de las órbitas viendo aquellas imágenes sangrientas ahora se sienten avergonzados por ello. Y todos nos escandalizamos cuando vemos un golpe casco contra casco. Y aplaudimos satisfechos al árbitro cuando expulsa del partido al jugador que ha competido tamaña fechoría poniendo en peligro la integridad de un compañero, de un amigo.

Ahora ya no hay que sufrir esas batallas entre los cornerbacks y los receptores por ganar la posición. El football se ha vuelto un deporte de caballeros en el que el cornerback no puede ni tocar al receptor que está corriendo la ruta. Ni siquiera golpearle para intentar que pueda el control del balón hasta que tenga los pies bien asentados en el suelo y haya recuperado el equilibrio. Por supuesto, el casco está para proteger, no para golpear. Pero cuando hablamos de golpear nos referimos también a esos golpes sin intención. Y se fomentan programas de formación para que los deportistas aprendan ya desde niños a separar la cabeza del resto del cuerpo en un ejercicio de equilibrismo que ya copian hasta en las clases de yoga. Ahora también se castigan los golpes violentos solo por el hecho de ser violentos aunque no se haya infringido ninguna norma. Esa violencia innecesaria es inaceptable no solo por la salud de los jugadores, también por la de los espectadores, que por acciones así ven alterado su orden de valores y sus sentimientos más íntimos.

Los quarterbacks deben ser intocables

Por supuesto, el quarterback debe ser intocable. El máximo protagonista de este deporte debe ser protegido hasta las últimas consecuencias. ¿Quién quiere ver a un niño llorando desconsolado durante meses porque el héroe de su infancia ya no está detrás del center lanzando pases imposibles, imponente mientras arma el brazo y contempla el campo de batalla (perdón, el verde y cuidado césped sobre el que se desarrolla el juego)? No hay que traumatizar a la infancia. Por suerte para nosotros, la NFL no para de dar pasos positivos en esa dirección. Por ejemplo, ahora un defensa ya no puede caer con todo su peso sobre un quarterback. Sí, es verdad, físicamente es imposible que un defensive end que está a menos de dos metros del pasador pueda golpear con el hombro porque no trae inercia suficiente, pero tampoco puede abrirse de brazos para intentar un abrazo del oso. Conociendo a la NFL sospecho que se está estudiando formar un comité de sabios formado por antiguos árbitros, ex entrenadores y otros amigos de Roger Goodell para analizar cómo encontrar la manera de que la posición de defensive end recupere el sentido. Eso sí, con menos carga pasivo agresiva.

Como no todo puede salir perfecto, esta evolución necesaria del juego se está viendo lastrada por los árbitros. Casi todos ellos son personajes de otra época, educados en ese pasado horrible que ha deformado su percepción de la realidad y no acaban de aplicar la norma en la plenitud de su espíritu. Llevamos dos semanas de competición y aún no han sido suficientemente rigurosos como para erradicar los sacks. Incluso Eli Manning sufrió media docena el domingo. Parece mentira que se permita algo así, porque Eli es la estampa viva de las secuelas irreparables que puede sufrir un quarterback cuando es golpeado de modo traidor e inaceptable durante años y años. Unámonos todos en un solo grito: #nosacksjustkisses

No sacks just kisses

Pero que nadie se preocupe. Si después de más de una década intentando resolver el dilema de lo que es una recepción la NFL por fin ha dado con la tecla, el de los golpes al quarterback va a ser peccata minuta. También encontrará la solución más lógica posible, esa que contenta a todo el mundo, que integra todas las opiniones, no es exclusiva y huye del conflicto. Ahora, ante la duda cualquier pase es completo solo por el hecho de que haya dudas. Einstein Ha estado sobrevalorado. El auténtico ideólogo de nuestro tiempo es Groucho Marx.

No creo que para resolver el conflicto que vivimos en el partido entre Packers y Vikings hagan falta tantos años. Tampoco creo que volvamos a ver nunca la misma jugada no penalizada para un equipo y penalizada para el otro con pocos segundos de diferencia. Ante la duda, cualquier sack debe ser castigado. No queremos secuelas en los jugadores ni traumas en nuestros hijos. Como decía Van Gaal: “siempre positivo, nunca negativo”.

Ya puestos, desde esta humilde tribuna quiero animar a la NFL a que suprima las victorias y las derrotas. Esta temporada llevamos dos empates y a nadie le ha importado. Al contrario, todo el mundo se ha ido contento a casa. Hay que desterrar del deporte la palabra derrota. Quien gana, humilla al contrario aunque no quiera porque le pone delante de sus defectos. Lo importante es poner a la gente frente a lo que tiene de bueno para que crezca su autoestima y sea más feliz. Y qué narices, qué hay más importante que conseguir un mundo feliz, y más a través del deporte. Ya sabéis, quien mueve las piernas mueve el corazón.

Dicho lo cual, quiero agradecer a la NFL la nueva regla que impide a un defensa cargar con todo el cuerpo sobre un quarterback. Para mí ha sido una catarsis que me ha hecho darme cuenta de que soy adicto a un football inhumano que no tiene cabida en nuestra sociedad. Llevo casi 18 horas sobrio de violencia. Unid conmigo las manos para transmitirme vuestras ondas positivas. Las necesito para no recaer.

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