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ZONA ROJA NFL

Así los veo: Tom Brady tiene 41 años y los Patriots son favoritos

Así los veo: Tom Brady tiene 41 años y los Patriots son favoritos

Maddie Meyer

AFP

Da igual la edad del quarterback, da igual si se habla o no con Bill Belichick, los Patriots vuelven a ser los máximos favoritos en las casas de apuestas para ganar la Super Bowl.
Patriots vs Chiefs en vivo, NFL AFC Conference Championship

Todos los años parece que va a ser el último, y todos los años la dictadura continúa impasible. Como el chiste de la araña que va perdiendo patas hasta que se queda sorda. Pero ya hemos perdido la cuenta de las patas que le han arrancado a los Pats, y ellos siguen ahí, erre que erre, llegando hasta la final de conferencia como poco. Hasta el punto que el listón no se les puede poner más alto. Si pierden la Super Bowl es un fracaso. Bendito fracaso dirán los seguidores de treinta equipos.

La duda es si ellos son tan buenos o su división y su conferencia tan malas. Yo creo que hay de las dos cosas. Lo que nadie puede negar es que son el equipo que mejor sabe competir. Y aunque hay mucha gente que está harta de ellos, me sigue pareciendo un regalo poder disfrutar de ellos otra temporada. Hemos tenido la gran suerte de vivir una etapa irrepetible de 17 años de dinastía que será recordada por siempre. ¿Cuánto más puede durar?

La filosofía del equipo sigue siendo la misma que allá por 2001. New England acumula jugadores teóricamente mediocres, rondas intermedias del draft y desechos de otros equipos, más algún fichaje de relumbrón de vez en cuando, para configurar una plantilla ganadora. Dudo que haya algún equipo con menos jugadores elegidos por ellos en primera ronda del draft. Puedo equivocarme, pero en el ataque no me sale ninguno si exceptuamos a los dos elegidos en el draft de este año… y sabiendo ya que Isaiah Wynn se perderá toda la temporada por lesión. En defensa solo hay tres: Malcom Brown, Hightower y McCourty.

Es complicado explicar en un folio el secreto de esta franquicia. Resulta curioso que Belichick sea capaz de tirar al suelo una tableta ‘Microsoft Surface’ porque no sabe usarla, pero a la vez esté implementando los sistemas más modernos de evaluación y desarrollo de jugadores y estrategias. Que mientras él tiene 66 años y los entrenadores que rondan su edad consiguen a duras penas seguir el ritmo al que evoluciona la NFL, él está cada año en la vanguardia de la evolución.

Sin embargo, algo parece haber cambiado en los últimos meses. Al principio no me pareció tan grave como se contó, pero cada vez es más evidente que entre Bill Belichick y Tom Brady, la pareja entrenador-jugador más exitosa de la historia del deporte, algo se ha roto. Ahora sí que me creo que Belichick se planteó traspasar a Brady hace doce meses para quedarse con Garoppolo y que Robert Kraft se lo quitó de la cabeza. Con esa decisión, y salvo que se produzca el milagro de la irrupción de la nada de un quarterback joven a última hora, la retirada de Brady, sea cuando sea, obligará a una reconstrucción muy profunda que podía no haber sido necesaria con Garoppolo.

Por otro lado, También es evidente que Tom Brady sigue con la cabeza enfocada en seguir ganado el anillo cada año, pero ya no con un sentido deportivo, sino con uno empresarial. Brady está montando un negocio a su alrededor en el que pretende vender el elixir de la eterna juventud. Con dietas, planes de entrenamiento, relajación, meditación y demás parafernalias que según él son la razón por la que sigue siendo el mejor jugador de la NFL a los 41 años. Belichick parece estar harto de toda esta historia y el año pasado estalló expulsando de la banda a Alex Guerrero, preparador y socio de Brady. Desde entonces cada uno parece ir por su lado y el entrenador parece haber perdido la autoridad sobre el quarterback.

El problema sería que Brady fuera a lo suyo no solo fuera del campo, también sobre el emparrillado, pero eso no parece estar pasando porque necesita seguir ganado para promocionar su producto. Sabe que Belichick tiene la llave del éxito por mucho que le haya criticado con muy poco tacto por excluir a Malcolm Butler de la Super Bowl, motivo achacado mayoritariamente para justificar la derrota. A pesar de esos desplantes, Brady aún sigue a pies juntillas las órdenes de su entrenador en el campo. Y cuando le pide un drive largo terrestre, lo hace, y si quiere uno corto en tres jugadas, también. El secreto que convierte a Brady en el mejor quarterback de la NFL no son los fuegos artificiales, sino su capacidad para que un drive dure exactamente los minutos y segundos que le ordenan, los snaps que quiere Belichick, el porcentaje de jugadas de pase y carrera ideal… y con final feliz para touchdown, claro. En eso, que es lo que define a los quarterbacks especiales por encima de cualquier malabarismo, el segundo mejor quarterback está aún a muchos años luz de Brady pese a sus 41 años.

Mientras Belichick y Brady esté ahí, aunque no se dirijan la palabra más que lo indispensable, a ver quién es el listo que se atreve a vender que el año pasado pudo ser el último y este año, este sí, por fin, se van a pegar el gran trompazo. Si eso es lo que esperáis que diga, podéis dejar de leer en este mismo punto.

ATAQUE: un backfield espectacular

Brandin Cooks, mejor receptor de 2017, ya no está en el equipo. Dion Lewis, mejor corredor de 2017, tampoco. También se han ido Malcolm Mitchel, Danny Amendola, Nate Solder, Cameron Fleming… Y tampoco es que hayan fichado a tipos deslumbrantes para compensar. La conclusión es que este ataque parece peor que el del año pasado. Aunque tú y yo sabemos que eso lo hemos dicho en muchas ocasiones y al final siguen rindiendo a un nivel inexplicable.

Gronkowski ha estado varios meses amagando con la retirada. Físicamente está tocado, ya no tiene la velocidad y potencia de antaño, pero sigue siendo el mejor tight end de la NFL. Otra cosa es que no le apetezca mucho jugar, pero creo que eso le ha pasado año tras año y luego, llegado el momento de la verdad, si se mantiene sano vuelve a marcar diferencias. El grupo de receptores no parece tan fiable. Edelman se perdió casi entero 2017 por lesión y se va a perder los cuatro primeros partidos por sanción; Mitchell y Amendola no están; Chris Hogan deberá mantenerse sano y mejorar las 439 yardas de 2017; Dorsett y Britt ya dieron muy poco juego el año pasado; han fichado a Eric Decker en plena cuesta abajo; a Cordarrelle Patterson que nunca ha sido gran cosa fuera de equipos especiales; en sexta ronda del draft a Braxton Berrios... Y eso es todo, amigos. Con esa panda, la mayoría de los equipos estarían llamando a Dez Bryant y ofreciéndole el oro y el moro. En New England muy probablemente vuelvan a estar en el pódium de ataques aéreos de la NFL. Lo de Tom Brady es de traca.

El juego terrestre sí debería mejorar, y quizá gane protagonismo este año. La marcha de Dion Lewis puede compensarse con la elección en primera ronda de Sony Michel, que es escurridizo en el backfield y tiene muy buenas manos como receptor (Ya os aviso de que voy a matar por él en mis ligas fantasy). Detrás estará la tradicional lista de especialistas con James White como receptor desde el backfield, Rex Bukhead para terceros downs, Mike Gillislee (sorprende que no le hayan cortado) y Develin como full back para todo. Por si fuera poco, ficharon a Jeremy Hill para ver si lo resucitan, que no es muy normal que se haya derrumbado así. De más de mil cien yardas y 4,1 por intento en su debut ha pasado a 116 con 3,1 en su cuarta temporada.

Los problemas han aparecido en la línea a última hora con la lesión para todo el año de Isaiah Wynn, el teórico sustituto de Nate Solder en el left tackle. Los otros cuatro puestos siguen perfectamente cubiertos por los mismos nombres que el año pasado: Joe Thuney (LG), David Andrews (C), Shaquille Mason, (RG) y Marcus Cannon (RT), pero da miedo pensar que Trent Brown se tenga que convertir en el guardaespaldas de Brady. Es tan vago que dudo que ni siquiera Belichick pueda resucitarlo. Y viendo cómo está jugando en pretemporada, no me sorprendería que termine fuera del roster de 53. Lo mismo al final tiene que jugar LaAdrian Waddle y que Dios coja a Brady confesado.

DEFENSA: vuelve Hightower

Los Pats tuvieron el año pasado una defensa tremendamente irregular. Fue mejorando a lo largo de la temporada, pero uno de los motivos pudo ser su calendario. Muy pocas veces jugaron contra ataques explosivos y consiguieron maquillar sus números frente a ofensivas anémicas. El principal motivo pudieron ser las lesiones que persiguieron siempre al equipo. La más importante fue la de Dont’a Hightower, que dejó huérfano a un front seven que nunca tuvo la capacidad de anticipación que consigue con Hightower liderando un grupo de linebackers en el que él es el único jugador completo. Elandon, Van Noy o Marquis Flowers son grandísimos especialistas, pero ninguno tiene su presencia. En 5ª ronda eligieron a Ja’Whaun Bentley, un MLB que podría cubrir el hueco contra la carrera si Hightower se lesiona, pero no en cobertura, y en 6ª a Christian Sam.

Los Pats son un equipo que consigue muchos sacks y presiona mucho al quarterback, pero casi siempre con muchos jugadores diferentes y sin tener un gran especialista. Han fichado a Adrian Clayborn, que podría parecer un man-eater tras conseguir 9,5 en 2017, pero que es más bien un end rocoso y muy trabajador; justo el perfil que le gusta a un Belichick que volverá a encargarse de coordinar la defensa después de la marcha de Patricia. Además, podrán contar con Derek Rivers, que se perdió la temporada de rookie por lesión después de ser elegido en 3ª ronda. Trey Flowers completa un trio de ends que tal vez no tenga un pass rush salvaje, pero que sí puede ser muy eficaz y práctico. Por dentro se han traído a Danny Shelton, un primera ronda de los Browns de 2015 que puede formar junto a Malcolm Brown una pareja de tackles infranqueable para las carreras interiores rivales.

En secundaria han perdido a Malcolm Butler como se esperaba. Su baja será cubierta por el hermano de Devin McCourty, Jason, que después de 10 años en la NFL nunca ha tenido nivel de Pro Bowl, pero sí ha sido un trabajador eficaz. El cornerback número 1 seguirá siendo Stephon Gilmore, que fue de menos a más en su primer año en el equipo, Eric Rowe debería aumentar su aportación y en segunda ronda eligieron a Duke Dawson. Los dos Jones, Jonathan y Cyrus (que se perdió 2017 por lesión), también podrían entrar regularmente en la rotación. Por último, los Pats juegan muchísimo con tres safeties. Devin McCourty, Patrick Chung y Duron Harmor forman un grupo tremendo que quizá sea lo mejor de toda esta defensa. Esta secundaria fue el eslabón débil del equipo en 2017, pero por nombres debería dar un salto importante esta temporada.

CONCLUSIÓN:

New England tiene el bye muy tarde en la semana 11, una división con equipos que, por mucho que mejoren, difícilmente serán rivales por el título divisional y, si todo transcurre como siempre y Brady no se lesiona, se tirarán hasta enero de pretemporada y preparando la plantilla para llegar a los playoffs en el pico de forma y rendimiento. Mientras Jets, Bills o Dolphins no empiecen a mirar a los Pats de tú a tú la temporada real empezará para ellos en enero y ahí tienen una experiencia y una capacidad para competir que los convierte en favoritos en cualquier partido. Además, siguen teniendo uno de los banquillos más profundos de toda la NFL, lo lógico es que su defensa mejore y entre Brady y McDaniels siempre consiguen que el ataque esté entre la élite. Su récord debería volver a moverse entre el 13-3 que les podría asegurar la ventaja de campo y un 10-6 que les obligaría a jugar en wild card. Todo lo que se salga de ese guion, incluso una improbable no clasificación, sería la noticia del año en la NFL.