Historias divisionales: Aquella final entre Eagles y Falcons

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Historias divisionales: Aquella final entre Eagles y Falcons

Historias divisionales: Aquella final entre Eagles y Falcons

En la temporada 2004, los equipos de Philadelphia y Atlanta también se enfrentaron en playoffs, entonces con el pase a la Super Bowl en juego.

Cuando el sábado, a eso de las diez y media de la noche en horario peninsular, los Philadelphia Eagles y los Atlanta Falcons salten al cesped del Lincoln Financial Field de la ciudad del amor fraternal todos los ojos de los seguidores de la NFL estarán pendientes de dos equipos que, sin genero de dudas, aspiran a ganar la Super Bowl. No será la primera vez que eso suceda.

Por aquellas cosas de la memoria, que es traicionera y coloca hechos en posiciones predominantes de manera subjetiva, absurda y caótica, tengo la final de la NFC de la temporada 2004 como uno de los partidos más relevantes de mi vida como seguidor. No me preguntéis el por qué ya que no lo sé. Todos los años hay finales de la NFC y sólo algunas me llegan tan hasta el fondo. Aquel día lo hizo, y aquí sigue.

El escenario era el mismo y los rivales también. La diferencia es que los papeles estaban intercambiados. Hoy los Atlanta Falcons son un equipo que ha paladeado las mieles del triunfo en su conferencia, porque vienen de jugar la Super Bowl, y tienen experiencia y un recorrido ya serio en su carrera, mientras que los Philadelphia Eagles se ven en estas cimas por primera vez con un grupo de insurgentes que prometen dar la lata mucho tiempo.

En 2004, lo contrario. Los Eagles de Andy Reid iban a jugar su cuarta final consecutiva de la NFC y los Donovan McNabb (QB), Brian Westbrook (CB) o Brian Dawkins (DB) estaban en el mejor momento de su carrera, ya con años, experiencias y derrotas a sus espaldas. Los Falcons eran el excitante equipo nuevo que venía para arrasarlo todo, con un QB como Michael Vick, que cumplía su tercer año en la liga, dispuesto a cambiar la forma en la que se jugaba a esto.

Qué encuentro fue aquel. Qué maravilla me pareció. La defensa de los Eagles, que era un espectáculo, destrozó a los Falcons y les llevó, al fin, a la tierra prometida de la Super Bowl. En la edición XXXIX del gran partido perecieron ante los New England Patriots, pero esa es otra historia.

Lo que me interesa es que ese encuentro no fue el inicio de nada, sino el final. Los Eagles nunca volvieron a ser igual de dominantes. De hecho, aquella fue su cima. Y los Falcons, y con ellos Vick, tampoco pasaron de ese tope, ya no de resultados sino de juego o relevancia. Ambos proyectos tocaron techo en la final de la NFC de 2004.

Nada indica, hoy, que eso vaya a suceder con los actuales Atlanta Falcons y Philadelphia Eagles. Hay talento a espuertas en ambos grupos como para pensar que van a estar entre nosotros durante el próximo lustro, en una apuesta que no merece mucho valor y que seguro que no paga grandes dividendos. Pero eso, exactamente eso, lo pensé antes de la final de la NFC de la temporada 2004. Y me equivoqué. La oportunidad, a veces, no se vuelve a presentar.

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