A la segunda fue la vencida: demolido el Pontiac Silverdome

Detroit Lions

A la segunda fue la vencida: demolido el Pontiac Silverdome

A la segunda fue la vencida: demolido el Pontiac Silverdome

El viejo estadio de los Detroit Lions y los Detroit Pistons se resistió a venirse abajo en la primera explosión programada, pero sucumbió al fin.

Como en los viejos tiempos, se resistió todo lo que pudo y acabó sucumbiendo mucho más tarde de lo que nadie habría esperado.

El Pontiac Silverdome ha desaparecido. El viejo estadio de los Detroit Lions y los Detroit Pistons ha sido demolido para dejar paso a futuros proyectos que revitalicen la zona de Pontiac. Pero, como con los equipos que acogió durante tantos años, el edificio decidió que no iban a acabar tan fácilmente con él y se iba a resistir a la derrota hasta el final, aunque el destino ya estuviese escrito. Son duros por Detroit.

El domingo estaba prevista la caída del Silverdome. La empresa Adamo Group dispuso las cargas y detonó la dinamita para mandar a dormir el sueño de los justos al emblemático centro deportivo y de ocio de Michigan. Y éste dijo no:

Ayer, a la segunda, fue la vencida, y esta vez sí, el Pontiac Silverdome desapareció:

Ahí va un trozo de la historia del deporte norteamericano, de la historia de Detroit en general y, si se me permite, de mi propia historia personal.

El Pontiac Silverdome se abrió el 23 de agosto de 1975. Sus 80.000 asientos vieron jugar a los Detroit Lions hasta el año 2001. Todos los partidos de casa de la carrera de uno de los más grandes de la NFL, Barry Sanders, se disputaron en su seno. Ocho playoffs, y la única victoria en postemporada del equipo desde 1957, le tuvieron como escenario.

Los Detroit Pistons jugaron allí entre 1978 y 1988. Se fueron antes de ganar los dos anillos de la era de los "Bad Boys", pero en ese 1988 final en el Pontiac Silverdome regalaron a su entregada afición unas míticas Finales que les vieron marchar del edificio 3-2 camino de Los Angeles, donde los Lakers se harían con el anillo con dos victorias seguidas (prefiero no hablar de la falta fantasma de Bill Laimbeer a Kareem Abdul-Jabbar que decidió el sexto, ni como Isiah Thomas, cojo, apenas jugó en la segunda mitad del séptimo partido...)

La Super Bowl XVI se jugó aquí. La jugaron los San Francisco 49ers y los Cincinnati Bengals y vio como un joven Joe Montana levantaba el que sería el primer Lombardi Trohpy de su increíble carrera, que cerró con cuatro anillos de campeón de la NFL.

Elvis Presley, The Who, U2, Led Zeppelin... los grandes artistas, las grandes giras, pasaron por el Pontiac Silverdome. El día en que Juan Pablo II estuvo allí se llenó como pocas veces. El crecimiento de Wrestlemania en los 80 no se entiende sin la tercera edición que se vio en este estadio.

Todo eso, perdonen ustedes la sobadísima referencia a Blade Runner, se perderá como lágrimas en la lluvia. A la segunda, resistiéndose como los Lions, como los Pistons, el Pontiac Silverdome ha desaparecido. Nos quedan sus recuerdos y nuestras memorias.

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