La 'haka': mucho más que una forma de intimidar al rival
La danza maorí simboliza la unión entre culturas y entre pasado y presente en Nueva Zelanda. Venerada en los colegios, se realiza en actos de diversa índole.
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En una imagen mil veces repetida alrededor del mundo se ve a 15 tipos de riguroso negro, rodillas flexionadas y con cara de pocos amigos bailando de forma amenazante, sus lenguas sobresaliendo entre sus fauces, y profiriendo gritos en un idioma que bien podría utilizarse para algún tipo de rito satánico. Enfrente, otros 15 tipos suelen mirar con una mezcla de fascinación y miedo escénico. Son los All Blacks, la Selección neozelandesa de rugby, bailando la que quizá sea su seña de identidad más llamativa, la 'Haka'.
El término hace referencia a cualquier danza tribal de los maoríes (en especial las destinadas a tiempos de guerra), los indígenas de Nueva Zelanda. El principio básico de este ritual es bien sencillo. Quieren intimidar a su rival y con esa mezcla de golpes en pecho, antebrazos y rodillas, a veces acompañada incluso de gestos de degollamiento (es el caso de Kapa o Pango, la versión más violenta y controvertida), a menudo lo consiguen. Pero la 'Haka' va más allá de eso.
Es el nexo que une a la Nueva Zelanda de ayer con la de hoy y al hombre blanco llegado en la época colonial, con el habitante primitivo de esas tierras. Es venerada en los colegios, donde se realizan en actos de toda índole, y muestra de respeto y reconciliación entre dos culturas otrora enfrentadas. Dos son las versiones que usan los All Blacks: la ya citada Kapa O Pango, legendaria desde la versión dirigida por Tana Umaga en un partido del extinto Tres Naciones ante Sudáfrica en 2005, y la Ka Mate, la que este viernes escenificaron en el Teatro Campoamor Mealamu, Dagg, Conrad Smith y Jordie Barrett. Mientras la primera habla de dominio y superioridad ("¡Es mi hora! ¡Es mi momento! ¡Nuestro predominio y nuestra supremacía triunfarán!"), la segunda es mucho más mística ("Este es el hechicero que adora el sol, y por eso el sol brillará de nuevo"). Pero ambas comparten algo: que en ningún caso querrías ser el que está delante cuando se interpreta.