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Las paradojas del contrato de Derek Carr con los Raiders

Oakland Raiders

Las paradojas del contrato de Derek Carr con los Raiders

Las paradojas del contrato de Derek Carr con los Raiders

El quarterback ha firmado la mayor cantidad de dinero nunca dada en la NFL a un jugador, pero la estructura de los pagos es sorprendente.

Confieso que me siento confundido con todas las informaciones o, quizás mejor dicho, interpretaciones que se están haciendo a raíz del contrato de Derek Carr con los Oakland Raiders. Podéis decir que no es difícil confundirme a mí, que no me entero de la misa la mitad, y tendré que daros la razón, pero también convendréis que hay algunas paradojas flotando en el contexto de esta operación que parecen diseminadas para que evitar que nos fijemos en lo primordial, esto es, que a Derek Carr le han pagado un pastizal y que los Oakland Raiders han dejado atrás su cómodo y agradable estado de tener a sus estrellas en contrato rookie y afrontan el duro futuro de tener que construir alrededor de cuatro o cinco figuras que se van a llevar la gran parte de su espacio salarial.

En términos gordos, Carr va a recibir 125 millones por cinco años que, si sumamos el año que que le quedaba a un millón de dólares de su anterior contrato, suman un total de 126 millones por seis años. Esto, de entrada, ya hace que sus ganancias globales vayan a ser menos que las de Andrew Luck en el mismo periodo de tiempo. El QB de los Indianapolis Colts firmó un millón menos por esos cinco años, pero en su última temporada del anterior acuerdo los Colts le adeudaban 16 millones, así que ese sigue siendo el récord de la NFL en un periodo de 6 temporadas.

Pero no me parece que sea relevante. En las circunstancias de negociación de cada cual pesa el que uno fueses una segunda ronda, Carr, y, por lo tanto, no sólo su salario era mucho menor sino que no tenía opción a una extensión de quinto año a la que agarrarse para negociar.

Eso también le distancia de Matthew Stafford y Kirk Cousins, los siguientes QBs en el orden de parrilla de convertirse en "los mejores contratos de la historia". La capacidad de negociación de ambos es altísima dado lo que ya cobran y lo que costaría mantenerles con la etiqueta de "jugador franquicia". De hecho, el de los Redskins jugó con esa definición el año pasado y puede hacerlo éste y, en ese caso, ganaría más que nadie en un periodo de dos temporadas.

Lo que me resulta más sorprendente es que se diga, que lo haya dicho el propio Carr, que se ha hecho todo lo posible para ayudar al equipo de Oakland a firmar a futuras estrellas, con Khalil Mack y Amari Cooper como grandes señalados, con la estructura de pagos del quarterback. Y yo no lo acabo de ver.

Los equipos tratan de evitar, en la medida de lo posible, que la cantidad de dinero que pagan a sus estrellas se cargue contra el espacio salarial en los primeros años. Esto es así porque siempre hay urgencias que atender y el futuro acaba pareciendo algo lejano a lo que se pondrá remedio cuando toque. Además, a nadie se le escapa que los dos últimos años de los contratos de los QBs son mentira, que si eres bueno te harán una extensión antes de cumplirlos y si eres malo te cortarán en cuanto el dinero muerto (lo que falta por contabilizarse en el espacio salarial) sea asumible. Así pasó, por ejemplo, con Joe Flacco, jugador epítome de las estructuras de contratos en las que se van dando patadas a seguir lo más que se pueda a las grandes cantidades que firmó.

El caso es que, si vemos el contrato de Carr, ya en 2018 carga 25 millones contra el espacio salarial. No me parece que sea algo pensado para ayudar al equipo. Es más, es ese 2018 en el que más duelos y quebrantos supone para las finanzas de la plantilla.

Se argumenta que Reggie McKenzie, el general manager de los Raiders, tiene un as en la manga para negociar con sus estrellas. A partir de 2020 el equipo estará en Las Vegas, Nevada, donde los impuestos personales nada tienen que ver con los de Oakland, California, y, por eso, va a ser capaz de estructurar los contratos para cargarlos más a partir de ese 2020, lo que redundaría en más dinero real para los jugadores. Sin embargo, Carr sólo ha aceptado eso en una parte bastante ínfima aumentando en 600.000 dólares su salario en los últimos años de contrato.

No es que importe pues, como ya he dicho, esos años no se van a cumplir. Para bien o para mal, sólo están puestos ahí como base para las próximas negociaciones.

¿Dónde está, pues, el favor de Carr a los Raiders? Pues en el signing bonus, que ha dejado en tan sólo 12,5 millones de dólares, algo que me parece muy poco para lo que se podría esperar y que, aquí sí, concedo que es una mano tendida del jugador a la franquicia para que maneje sus pagos anuales de forma mucho más libre. Es un riesgo que el jugador no tendría porque tomar pero que, entiendo, sabe que no le afecta de manera significativa porque aunque rebaja el dinero asegurado del contrato a tan sólo 40 millones, lo cierto es que es inimaginable que sea cortado antes de tres años, por lo que el asegurado real es de más de 70 millones.

En resumen: el mayor contrato de la historia de la NFL, que lo es, no le va a pagar más a Carr que lo que va a recibir Luck de los Colts; la ayuda a los Raiders está limitada a la parte material y líquida del dinero y no tanto a la estructura contra el espacio salarial; la baja cantidad garantizada no lo es en realidad; y en Oakland van a tener que romperse la cabeza para construir un equipo alrededor de un Carr, un Mack y posiblemente un Cooper que se van a llevar una parte del pastel considerable.

Así que, sí pero no, todos ganan y todos pierden más de lo que quieren reconocer. Las paradojas inherentes a los complejos contratos de la NFL.

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