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El depresivo estado de los QBs del draft tras la Combine

NFL Combine 2017

El depresivo estado de los QBs del draft tras la Combine

El depresivo estado de los QBs del draft tras la Combine

Joe Robbins

AFP

Ninguno de los principales quarterbacks de la promoción han hecho nada para disipar las dudas sobre su verdadero nivel para ser titulares en la NFL.

La verdad es que ningún sueño en la NFL nace o muere en el Lucas Oil Stadium de Indianapolis en el mes de marzo. Allí se celebra la Combine y en cada temporada escuchamos que tal o cual actuación ha cambiado la percepción de los general managers sobre determinados jugadores. Eso es cierto, pero lo relevante es el grado en el que cambia ese percepción, y nunca es en una cantidad tan importante como para que sea decisiva. La Combine sólo es un elemento de análisis más, y no el más importante, que es, y siempre será, la carrera universitaria de los jugadores.

La Combine separa a los muy iguales, a aquellos que apenas muestran diferencias apreciables en el campo de juego, y, sobre todo, despeja dudas y afianza temores. Y una cosa más, tan humana: sirve para que el enamoramiento aparezca sobre algún jugador al que, no nos engañes querido general manager, ya estabas pensando atacar cuando entraste en este extraño bar.

En esta edición 2017 uno de los grupos de jugadores que más dudas presentaban eran los quarterbacks, y nada de lo que hemos visto ha servido para calmar la ansiedad de aquellos necesitados en la posición. Al revés: los nervios tienen que ser la nota común entre los obligados a conseguir un QB para el futuro de la franquicia.

DeShaun Watson, el mejor situado

El que mejor parado ha salido es DeShaun Watson. Sin embargo, lo es por un concepto etéreo que, al no ser mensurable, es terrorífico. Se trata de eso que se llama "ser un ganador", "estar en la hora de la verdad". Hay mucha gente que lo valora como si fuera oro. Y lo cierto es que el muchacho ha estado en muy grandes partidos y ha tenido actuaciones memorables en ellos. Por no aburriros con una larga lista, basta subrayar la más importante de ellas, que es la final del campeonato nacional de la NCAA de este mismo año y, en concreto, el último cuarto. Ganaron sus Tigers de Clemson, sí.

Pues bien, eso mismo demostró Watson en Indianapolis: saber brillar en el instante justo. Era un momento clave en su carrera. Todos los focos estaban sobre él. Y cumplió, como siempre hace. Sin embargo, eso no elimina los duelos y quebrantos que produce verle más allá de su primera lectura o su efectividad en los pases largos. Mostró un buen físico, más rápido de lo esperado y, sobre todo, arrasó en las entrevistas. Los equipos estaban encantados con su actitud y personalidad.

Tres aspirantes dudosos

Mitch Trubisky es, quizás, el favorito número uno a adelantar a Watson como primer QB elegido este año. Lo más noticiable que ha hecho en la Combine es pedir que le dejemos de llamar Mitch para usar Mitchell. Concedido.

En el campo se le notó un juego de pies un pelín forzado. Nada sorprendente, pero sí algo que ayuda a seguir dudando de él por haber sido titular tan sólo un año en North Carolina. Aunque se le atisba potencial, probablemente al que más de todos sus compañeros, le falta refinamiento y tratar de controlar más sus mecánicas.

DeShone Kizer fue, con perdón, un desastre. He sido un firme defensor de su figura. A pesar de que ha tenido notables discrepancias con su entrenador en Notre Dame, y de que ha sido mandado al banquillo de manera recurrente, siempre me ha parecido que tenía las condiciones para acabar siendo grande.

Claro que también soy consciente de que no es el tipo más rápido leyendo el campo y, como vimos en las pruebas de Indianapolis, tiene una tendencia a fallar pases fáciles que te saca de quicio. Me tuvo al borde del sofá, para mal, en unas pruebas que no pueden ser más sencillas para un verdadero QB titular de la NFL, con balones que iban a todos sitios menos al puñetero centro de los números del receptor.

Por último, Pat Mahomes llegaba con la vitola de ser el más atractivo de los cuatro por el factor "jugón", el elemento "guau" que despierta un hombre con ese brazo del demonio y ese estilo de juego excitante y molón. Y así mismo se comportó.

Demostró que no es el mejor de los atletas, aunque no es que le haga falta porque su capacidad de escapatoria la usa para pasar y no para correr, y confirmó que, en el mejor de los casos, sigue necesitando una cantidad de trabajo enorme en sus fundamentos y movimientos. Que una cosa es jugar en un sistema estructurado, donde tiene que pasar a un punto determinado según la jugada, algo que hacía en Texas tech, y otra muy distinta ser un QB en la NFL.

Que no cunda el pánico

Todo lo anterior sumado deja un panorama en el que ver a cualquier equipo escogiendo a estos chavales entre los diez primeros del draft da más miedo que vergüenza.

Sin embargo, eso no significa que no vayan a poder ser estrellas de la NFL y acaban por convertirse en QBs franquicia. Nadie conoce el futuro. Nadie puede predecir como usarán sus talentos, como madurarán física y psicológicamente, como les afectarán sus entrenadores, como sus compañeros, el entorno, las victorias o las derrotas, como acabarán viendo el campo. No, nadie lo sabe.

Lo que sí se sabe es que hacía tiempo que una clase no presentaba tantísimas dudas y tantas cosas por mejorar. Y esa sensación sólo se ha acrecentado este fin de semana en la Combine.

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