PREMIOS AS DEL DEPORTE

Lydia Valentín cierra un mágico año con el premio AS del Deporte

La levantadora berciana recogió el último premio AS del Deporte de la noche. Lydia ganó el bronce en Río, pero también le concedieron el oro en Londres 2012 y la plata en Pekín 2008.

Este 2016 no ha sido un año más. Lydia lo sabe. Ha sido el más importante de su carrera. A sus 31 años por fin ve cómo se han reconocido sus años de trabajo, lucha y esfuerzo. Horas y horas de entrenamientos. Días y días lejos de El Bierzo y de su familia. Lydia siente que ha merecido la pena.

En el año que está a punto de terminar esta luchadora de halterofilia ha conseguido tres medallas olímpicas, algo que jamás podrá repetir. La de bronce en los Juegos Olímpicos de Río, por supuesto, pero también las de Plata de Pekín y Oro de Londres. Llegan con años de retraso y por dopaje de sus rivales pero sí, son suyas. Y bien merecidas. "Se ha hecho justicia y se ha castigado a los tramposos. No hubiera sido lo mismo de haberme colgado las medallas en ese momento. Trabajé en la sombra para lograr la de Río. Me robaron mis momentos en esos dos Juegos", reconoce con nostalgia.

Por eso en la Gala AS del Deporte 2016 se destacaron los méritos de la berciana. Brilló con luz propia. No sonó el himno español que debería haber sonado en Londres, pero Lydia Valentín le puso nombre y apellidos al Premio Especial 2016, entregado por el presidente del COE, Alejandro Blanco. Todo el protagonismo fue poco. Lo que más sobresalió fue su sonrisa, incluso en el momento en el que fue sorprendida por el mago Jorge Luengo. Entre nervios y sorpresa, se dejó conquistar con sus trucos. Primero haciendo aparecer sus dos medallas que todavía no han llegado, y su segundo truco fue hacer sentir la fuerza mental de la atleta, capaz de doblar una barra de acero con su cuello. La campeona se llevó un cálido aplauso de todos los presentes cuando sonó el himno olímpico en su honor.

Lo mejor es que todavía quedan éxitos de Lydia con los que disfrutar. Europeos. Mundiales. Y así seguiremos soñando con ella hasta Tokio 2020. Es la haltera de la sonrisa permanente, la berciana de oro, la mujer que convirtió un deporte rudo de hombres en uno cercano y accesible para todos. Gracias por tanto Lydia.