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La triste historia de la tarta de cumpleaños de Wilkerson

El jugador de los Jets, junto a su compañero Sheldon Richardson, se ha saltado numerosas reuniones del equipo, incluía la fiesta de su propio cumpleaños.

La triste historia de la tarta de cumpleaños de Wilkerson
Jason Miller AFP

¿Hay algo más triste que una fiesta sorpresa en la que el invitado no acude? ¿Y si el invitado, además, tenía que presentarse en el lugar de la celebración no arrastrado con viles artimañas sino porque es su puesto de trabajo y allí se les espera? ¿Y si, encima, se trata de uno de los líderes naturales y, ahora, económicos del grupo? No se me ocurren cosas mucho más embarazosas, la verdad.

Y lo digo yo, que detesto los cumpleaños, las sorpresas y, en general, las fiestas en las que tengo que ser protagonista. Por ese orden.

El caso es que estoy hablando de Muhammad Wilkerson, jugador de la línea defensiva de los New York Jets y uno de los hombres mejor pagados de toda la NFL. Es una de las piedras angulares de esa defensa y alguien sobre el que fundamentar el éxito del equipo. De hecho, así lo había hecho hasta ahora y por eso se ganó su gran contrato.

Pero está descuidando sus obligaciones. Se duerme, o se entretiene con otras cosas, y llega tarde a reuniones de equipo así como se salta charlas del grupo. Eso es algo que casa muy mal con la palabra líder. También con el concepto ética de trabajo. Y lleva a plantearnos que los problemas de los Jets este año tienen mucho que ver con asuntos de disciplina interna y compromiso de los mejores atletas del grupo.

La gota que colmó el vaso de esta actitud pasó el 22 de octubre, un día antes de jugar contra los Ravens y fecha de su 27 cumpleaños. Tenían una reunión para planificar el partido. Sus compañeros le habían preparado una sorpresa y una tarta para echar unas risas. Imagino que también unos sugus, claro. Pero Mo no apareció.

Se me encoge el alma imaginando la escena. Los matasuegras. Las serpentinas. Los sollozos contenidos de los más sensibles. Y esa tarta. Sola. Incomestible por ser la metáfora de todos los males del equipo. La química es muy importante y esa ausencia, esa escenificación de la nada, fue el detonante de la desintegración de esta banda de hermanos que debían luchar hombro con hombro. Así es imposible ganar.

Bueno, ganar ganaron a los Ravens, pero ese no es el tema. Que estáis en todo también vosotros ¿eh?

Todd Bowles, entrenador de los Jets, se ha hartado de esta forma de actuar y tanto Wilkerson como su compañero Sheldon Richardson, aficionado a fumarse las reuniones de equipo de la misma manera, fueron suspendidos sin jugar en el primer cuarto del último encuentro frente a los Dolphins. Que también me parece una medida absurda: múltales, pero no perjudiques al equipo prescindiendo de ellos.