JUEGOS OLÍMPICOS | NATACIÓN

Mireia Belmonte y Río: diez años para 15 segundos

Esos mágicos 4:32.39 no suponen su mejor carrera de siempre pero sí la más importante. Le ha costado diez años bajar 15 segundos y cumplir otro sueño.

Mireia Belmonte y Río: diez años para 15 segundos
Lavandeira jr
Alberto Martínez
Licenciado desde 2006 pero escribiendo crónicas desde 2003. En AS desde 2005, donde informa del Espanyol y de polideportivo, especialmente de deportes acuáticos. Ha estado en tres Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Natación y tres Europeos. Autor del libro ‘Jesús Rollán eterno’.
Río de Janeiro Actualizado a

La natación es un deporte caníbal, que te devora con el paso del tiempo. El cuerpo de un nadador empieza a resentirse a partir de los 22 o 23 años, por eso cada temporada irrumpen niñas prodigio que alcanzan éxitos sin apenas haber cumplido la mayoría de edad. Ruta Meilutyte o Katie Ledecky ganaron el oro en Londres 2012 con apenas 15. Mantener la rutina de entrenamiento, empezar a priorizar el trabajo en el gimnasio al acuático o seguir con la ambición intacta no está al alcance de cualquiera. Mireia Belmonte, como también Katinka Hosszu, son la excepción. A sus casi 26 años (los cumplirá en octubre) sigue mejorando sus marcas en pruebas tan exigentes como los 400 estilos. Sin ir más lejos, el propio Michael Phelps acusó la falta de dedicación en una disciplina tan mastodóntica y en los Juegos de 2012 se quedó exhausto y sin medalla. Y tenía 27 años.

La dedicación de Mireia ha obtenido el premio de su tercera medalla olímpica en una carrera memorable y salvaje, nadada a todo trapo desde el principio y sobre todo al final. La badalonesa ha ido puliendo sus defectos, cuidando todos los detalles, tanto que cualquier subacuático o cualquier brazada se convierten en decisivas. Hace justamente diez años, en Río de Janeiro, la FINA organizaba el primer Mundial júnior de natación con promesas como la nadadora de la UCAM. Mireia ganó aquellos 400 estilos iniciando un camino que, diez años después, la encumbra con un podio en una de las pruebas más duras y completas.

En aquella final, Mireia nadó en 4:47.38, con 15 años. La pupila por aquel entonces de Jordi Murio completó los 100 metros de mariposa en 1:04.87, pasó por los 100 de espalda con un tiempo de 2:19.59, la braza la dejó en 3:43.56 hasta tocar la pared en primera posición. Con esa marca, habría quedado la 29ª en estos Juegos. Cuando Fred Vergnoux se hizo cargo del entrenamiento de Mireia, su mejor marca en esta prueba era de 4:36.31. Parecía que Mireia había tocado techo, nada más lejos de la realidad.

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Con el francés, con sus métodos y su capacidad de aguante en los entrenamientos, ha ido ganándole la batalla al tiempo y ha demostrado que la natación también ofrece la oportunidad de reinventarse. Mireia ha mejorado en todos los aspectos, desde el subacuático, hasta la estrategia de carrera o la técnica, elementos que en algún momento le habían jugado una mala pasada. Poco a poco, la badalonesa se fue convirtiendo en una calculadora, que sabía en todo momento cuál era su gasolina y a qué velocidad tenía que avanzar para dar lo mejor de sí.

En sus mejores 400 estilos, los que le han dado el bronce, Mireia completó los 100 mariposa en 1:02.16, prosiguió con la espalda (2:12.74) y dejó la braza en 3:31.07. Acabó a tope, decidida y desatada con esos mágicos 4:32.39. No es su mejor carrera de siempre pero sí la más importante. Le ha costado diez años bajar 15 segundos y cumplir otro sueño. Y los que le quedan.

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