Margaret Abbott nunca supo que fue campeona olímpica
La estadounidense vivía en París, donde estudiaba arte con Degas y Rodin. No recibió medalla de oro como premio, sino un jarrón de porcelana.
El torneo femenino de golf en París 1900 se disputó el 3 de octubre, y venció la estadounidense Margaret Abbott, de 22 años, que hasta su muerte en 1955 pensó que se había impuesto, simplemente, en una competición correspondiente a la Exposición Universal de París. La joven, que había nacido en Calcuta (India) nunca tuvo conciencia de ser campeona olímpica, porque, además, en muchos casos ni siquiera hubo ceremonias de premiación y, desde luego, jamás se repartieron medallas, sino abalorios diversos. A ella le correspondió un jarrón de porcelana.
Margaret pertenecía al Chicago Golf Club, era miembro de una familia pudiente de esa ciudad norteamericana y el año anterior a los Juegos, cuando ella tenía 21, había viajado a la capital francesa para estudiar arte. Y tuvo maestros de alta alcurnia: nada menos que el pintor impresionista Edgar Degas y el escultor Auguste Rodin. Se desplazó en compañía de su madre, Mary Ives Abbott, que era crítica literaria del Chicago Tribune, editora, escritora y promotora de una especie de salón literario de fama, a imagen y semejanza de aquellos de la Francia del siglo XVIII.
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También se animó a competir en el torneo de golf y acabó en la séptima plaza, a 18 golpes de su victoriosa hija. Fue la primera y única vez en la historia que madre e hija competían juntas en la misma prueba. Sólo actuaron jugadoras estadounidenses (que terminaron las tres primeras) y francesas, y éstas lo hicieron con tacones altos y faldas ajustadas. “No comprenden la esencia de este juego”, dicen que comentó, despectiva, la que iba a ser campeona en el único torneo olímpico de la historia... hasta ahora.
Ella, claro, jugó con falda ancha y zapatos bajos. La competición no se repitió nunca. En categoría masculina se celebró sólo en dos ediciones más, las de Saint Louis 1904 y Londres 1908. En los Juegos de Río el golf volverá a ser olímpico, aunque la deserción de algunos de los mejores por miedo al zika devaluará este regreso.
