HISTORIAS OLÍMPICAS

Un pentatleta sueco, primer positivo... por dos cervezas

Hans-Gunnar Liljenwall perdió su bronce en México 1968: estaba dopado con alcohol. Era costumbre beber antes de la prueba de tiro.

El pentatleta sueco Hans-Gunnar Liljenwall ha pasado a la crónica negra del Olimpismo por ser el primer deportista en dar positivo en unos Juegos. ¿EPO? ¿Anabolizantes de la última generación de su época? ¿Autotransfusiones sanguíneas? ¿Estimulantes? No: dos cervezas. Según su interesada y edulcorada versión, claro, tendente a ver dos jarras del ambarino y espumoso líquido donde había bastantes más. No veía doble; veía la mitad, como mínimo. Pero es cierto que el producto detectado en su organismo era alcohol y no cualquier otra sustancia más sofisticado.

Y es que en los Juegos de México 1968 se estableció por primera vez un sistema medianamente serio de controles de dopaje, cumpliendo la resolución del Comité Olímpico Internacional tomada un año antes y el único que resultó pescado en sus redes fue este sueco de 27 años nacido en Jönköping, que el año anterior había sido plata por equipos en los Campeonatos Mundiales celebrados en su ciudad natal.

En México, en la antigua capital del imperio azteca, acabó tercero en la prueba individual en un buen salto de calidad, puesto que cuatro años antes, en Tokio, sólo había sido undécimo, y cuatro años más tarde, en Múnich, descendió hasta el vigésimo quinto lugar.

Tuvo que devolver la medalla de bronce individual tras ese positivo, y su selección también fue descalificada, y también vio volar el tercer puesto.

“Sólo he tomado dos cervezas antes de la prueba de tiro, para tranquilizarme”, dijo a modo de excusa. El pentatlón moderno es un deporte clásico de los Juegos Olímpicos, muy a menudo reservado a militares, aunque ahora está en permanente declive. Consta de cinco pruebas, por este orden: equitación, esgrima, tiro, natación y carrera. Los utilizaban los ejércitos como método para mantener la forma física de sus oficiales, que no de sus soldados, que siempre ha habido clases.

Pues bien, parece cierto que Hans-Gunnar Liljenwall se tomó unas cervezas antes de la prueba de tiro, para calmar el pulso, práctica común en aquellos tiempos entre los pentatletas. Pero se le fue la mano, porque esas dos cervezas contadas por el mocetón nórdico (media 1,88 metros) debieron ser más de un par. Arrojó un índice de 0,81 gramos por mil en su sangre, cuando se calcula que dos cervezas pueden producir, a lo sumo, 0,25.

Dos medallas de bronce perdidas, supuestamente, por dos cervezas, quizá Coronita. Nunca las ha habido más caras, deportivamente hablando.