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Los bates de los Cubs rescatan al Jake Arrieta más humano

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Los bates de los Cubs rescatan al Jake Arrieta más humano

Los bates de los Cubs rescatan al Jake Arrieta más humano

JONATHAN DANIEL

AFP

Los seis home runs conseguidos por los Cachorros les sitúan más cerca de progresar a las Series de Campeonato y rescatan a su estrella.

Los playoffs de la MLB no dejan de tener su ironía. Mucho se ha hablado de la increíble racha en la que estaba inmerso Jake Arrieta pero, cuando llega la hora de la verdad, son los bates de los jóvenes talentos de Joe Maddon quienes sacaron las castañas del fuego y ponen a los Cubbies al borde de la clasificación frente al mejor equipo de la Liga Nacional.

En el triunfo de los de Illinois en el tercer encuentro, la clave no fue el hombre que les ha llevado hasta aquí con un final de campaña absolutamente antológico y cuyo equipo tenía un récord de 18-1 en sus últimas 19 salidas, el hombre que garantizó su participación en las Series de División con una brillante actuación frente a los Pirates en el partido de Wild Card, el hombre que presenta una candidatura impresionante de cara a hacerse con el Cy Young.

No, los verdaderos responsables de esta victoria han sido esos jóvenes pegadores que tiene Maddon bajo sus órdenes y que conforman el mejor plantel joven de toda franquicia y envidia del resto de la competición.

En un partido marcado por un viento que iba hacia la parte externa del campo con rachas de superaban los 30 kilómetros por hora, ninguno de los dos pitchers estuvo cómodo sobre el montículo y eso se notó tanto en el caso de Michael Wacha en los Cardinals y del citado Arrieta en los Cubs.

Y es que por algo a Chicago se la conoce como “The Windy City”, la ciudad del viento o ventosa, pero las circunstancias climatológicas pueden y suelen influir mucho en el desarrollo de los partidos aunque nadie puede negar que los swings que pusieron los jugadores de Chicago fueron claramente productivos.

Kyle Schwarber no está en el left field por su guante aunque hace un papel digno. Está por su presencia en el plate y su pegada desde la izquierda y eso es lo que hizo en la segunda entrada, adelantando a su equipo en el marcador. Parecía que se iba a seguir el guión clásico para Jake Arrieta, con una carrera sería más que suficiente para ganar el partido.

Pero los playoffs son un escenario bien distinto y más cuando tienes a un equipo tan versado en estas lides como son los Cardinals, zorro viejo donde los haya. Aprovechando los fallos de ejercución del humano Arrieta, que llegaba al partido no habiendo permitido carrera en las últimas 34 entradas lanzadas, los de St. Louis no sólo abrieron la lata sino que se pusieron por delante. Los nervios empezaban a notarse en Wrigley Field cuando su intocable pitcher parecía haber encontrado la horma de su zapato.

El público de Wrigley Field despidió con una sonora ovación a Jake Arrieta.

Sin embargo, el tercer partido era el encuentro de los pegadores y el festival ofensivo se iniciaría con el home run del empate de Starlin Castro, al que seguirían los de Kris Bryant y Anthony Rizzo, sin importar si el pitcher era Wacha o Kevin Siegrist. Toda bola estaba destinada a la grada.

El Jake Arrieta más humano volvió a ser cazado por el home run de Jason Heyward y poco tiempo después era sustituido, incapaz de completar la sexta entrada, algo que no ocurría desde el 16 de junio.

En el Día de Jake Arrieta, los Cubs iban a establecer un récord con los seis home runs en un partido de playoffs y lo más llamativo es que cinco de los seis fueron logrados por jugadores de 26 años de edad o más jóvenes (Schwarber, Castro, Bryant, Rizzo y Soler).

Ahora, la patata caliente está en la esquina de los Cardinals, forzados a sacar con sólo tres días de descanso al veterano de mil batallas John Lackey, que ha tenido una fortuna desigual cuando se trata de lanzar de esa manera pero muy efectivo en época de playoffs aunque de eso hace más de una década.

Los Cubs recurrirán a Jason Hammel para cerrar la serie y ganar por segundo día consecutivo por primera vez desde la administración Reagan en 1984, al mismo tiempo que conseguiría ganar una serie de playoff ante su público, algo que no ha ocurrido jamás en su historia.

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