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Los Kansas City Royals en el camino de las baldosas amarillas

Los Kansas City Royals en el camino de las baldosas amarillas

Hace un año todos los aficionados a los deportes en Estados Unidos pusieron su mirada en Kansas City. Los Royals, que siempre han vivido a la sombra de los Chiefs de la NFL, lograron clasificarse para disputar el partido de Wild Card, comenzando así una historia maravillosa, algo de lo que en Kansas saben mucho.

En Kansas se sitúa la granja dónde la huérfana Dorothy vive con su tío Henry, su tía Emma y su perro Totó. Un tornado se llevó la casa y aterrizó en la tierra de Oz, donde Dorothy debe caminar por un camino de baldosas amarillas hasta llegar a la ciudad esmeralda.

Los Royals realizaron una temporada regular que les permitió jugar por una plaza en la post-temporada. El cruce a vida o muerte fue contra los Athletics de Oakland y allí dieron su primer paso por ese camino de baldosas amarillas que fueron los play-offs. El siguiente en interponerse en su camino fueron los Angels. El equipo de Los Ángeles había sido el mejor equipo de su conferencia pero eso no les importó lo más mínimo a los Royals que se los ventilaron en tres partidos y empezaron a soñar con ganar el campeonato. Y como pocas cosas son más fuertes que la ilusión, el número dos de su conferencia, los Baltimore Oriols, fueron barridos en cuatro partidos y los Royals se presentaron en las Series Mundiales, las puertas de la ciudad esmeralda, sin haber perdido ni un sólo partido. El último escollo, los San Francisco Giants, campeones en 2010 y 2012, lo que hizo que el enfrentamiento fuera visto como una lucha entre el destino y la dinastía.

El camino de Dorothy hasta la ciudad esmeralda no fue un crucero de placer ya que era hostigada constantemente por unos monos voladores lanzados por la bruja malvada del oeste, que quería los zapatos, que en la novela eran plateados pero en el cine rojos, que la pequeña vestía y que pertenecían a su hermana, la malvada bruja del este.

En las Series Mundiales, Madison Bumgarner, del equipo del oeste, que no vestía de rojo pero si de naranja, se convirtió en la bruja malvada de los Royals ganando cuatro partidos. El barbudo pitcher no lanzó monos voladores pero si bolas que les hacían burla a los bateadores cuando estos trataban de golpearlas y se tronchaban de risa acomodadas en el guante de Posey. En el séptimo partido, en la propia Kansas, con un jugador de los Royals en tercera base y otro bateando para ganar el campeonato, Bumgarner estableció la dinastía de los Giants. El equipo que le robó el corazón a América se quedó a las puertas de repetir el éxito de 1985.

Pero en Kansas saben que hay un lugar sobre el arcoíris donde lo que has soñado se convierte en realidad y han decidido que lo del año pasado no fuera sólo un bello y doloroso recuerdo, sino un aprendizaje necesario para alcanzar el anillo de campeón.

Este año son los Royals el tornado que sacude la liga y están marcando el paso durante la temporada regular con el mejor record de la Liga Americana, pero sabían que el cuerpo de pitchers era su punto débil. Para ello, justo cuando sonaba la bocina final del período de traspasos, adquirieron hasta final de temporada los servicios del fenomenal lanzador dominicano Johnny Cueto a cambio de varias jóvenes promesas. Así, los Royals han apuntalado una plantilla que posee más cerebro que el espantapájaros, más corazón que el hombre de hojalata y más valor que el león. Estas apuestas son arriesgadas, unos piensan que no merece la pena hipotecar el futuro por algo que nadie puede asegurar que vayas a conseguir, otros defienden firmemente ese Carpe Diem que Robin Williams hizo, en el club de los poetas muertos, más famoso si cabe y que consiste en vivir el momento.

No se sabe lo que les deparará el futuro pero los Royals han puesto todo lo que estaba en su mano para volver a realizar el camino de baldosas amarillas y alcanzar las Series Mundiales. Lo único seguro es que, como el All Star lo ganó el combinado de la Liga Americana, el equipo que la represente gozará de ventaja de campo en las finales y, como Dorothy sabe, y en Kansas también, no hay lugar como el hogar.

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