El Salón del Oprobio de Canton, Ohio: ¿Dónde está la AFL?

El Salón del Oprobio de Canton, Ohio: ¿Dónde está la AFL?

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Decimocuarta Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos de América (1868)


 

Me disculparán por comenzar esta pieza con cuestiones que carecen absolutamente de interés para el lector, pero no encuentro una manera mejor de ilustrar lo que a continuación pretendo exponer. Tengo tres hijos, dos chicos y una niña. Imaginen que diariamente, a los chicos, tras acabar la cena, les diera un huevo Kinder y a la nena no. O que a los varones les leyera un tebeo antes de acostarse y a ella no. O que después de hacer las tareas, jugara con ellos al Warhammer, mientras que a la pequeña le negara una partida de dominó en la granja. Bien, por mucho que yo enfatizara del homogéneo amor por mis hijos, resulta indiscutible que mi comportamiento evidencia un trato de favor a los chicos en detrimento de la niña.

El Salón de la Fama del Football Profesional (Pro-HoF), radicado en la localidad de Canton (Ohio), se atribuye la misión de «honrar a los héroes del juego, preservar su historia, promover sus valores y celebrar la excelencia allá donde se encuentre». Pues bien, a pesar del ambicioso y estimable afán que portica la entrada de esa institución, el papá de Canton no trata igual a todos sus hijos, ni mucho menos. Verán.

Jan Stenerud, el noruego de oro.

Si yo les pregunto quién aglutina los records absolutos de la NFL en puntos logrados, partidos jugados totales y de forma consecutiva, en yardas ganadas o en anotaciones ganadoras, la respuesta a todas las cuestiones es la misma: un kicker o un punter. Morten Andersen, Gary Anderson, Jeff Feagles, Jason Hanson, Adam Vinateri, Ray Guy… son sólo unos cuantos ejemplos de este tipo de jugadores absolutamente esenciales...el Boss Mariano Tovar nos ha advertido decenas de veces acerca de la idoneidad de la palabra football para un deporte que se juega con las manos y en el que más de un 40% de partidos se deciden por la patada del especialista. Pues a pesar de estos incontestables datos objetivos, hubo que esperar hasta 1991 para que Jan Stenerud, el fenomenal kicker noruego de los Chiefs, accediera al olimpo de Canton. Insisto, desde 1963, fecha de la inauguración del Pro-Hof hasta 1991, un kicker. Tres años después, el Comité de Selección nominaría por vez primera a un punter, pero no fue hasta 2014 -diez años de maceramiento- para que Ray Guy, el hombre que en el Super Bowl XVIII pateo siete veces para299 yardas, colocando el óvalo en cinco ocasiones en la yarda 20 de Washington y permitiendo una cómoda victoria de sus Raiders por 38-9, pudiera enfundarse la chaqueta dorada. Los punters y los kickers no son, pues, los ojitos derechos de daddy Canton.

El impresionante estilo de Ray Guy pateando en la Bahía.

Albert Joseph (Al) Barlick, Nestor L. Chylak Jr. John Bertrand (Jocko) Conlan, Thomas Henry (Tom) Connolly, William George (Billy) Evans, Harold Douglas (Doug) Harvey, Robert Calvin (Cal) Hubbard, William J. (Bill) Klem, William Aloysius (Bill) McGowan, MicKey Ion, Cooper Smeaton, Mike Rodden, Bobby Hewitson, Bill Chadwick, Red Storey, Frank Udvari, John Ashley, Matt Pavelich, George Hayes, Neil Asmtrong, John D’Amico, Andy Van Hellmond, Ray Scapinello, Bill McCreary, Matthew P. "Pat" Kennedy, George T. Hepbron, Ernest C. Quigley, David "Dave" Tobey, David H. Walsh, John P. Nucatola, James E. "Jim" Enright, J. Dallas Shirley, Lloyd R. Leith, Zigmund J. "Red" Mihalik, Earl Strom, Marvin "Mendy" Rudolph y Hank Nichols… todos los integrantes de esta larga relación comparte tres rasgos comunes: son Hall of Famers, ninguno de Canton y todos son…árbitros. De hockey, de baseball y de baloncesto. Admito que soy de los que creen que cuanto más desaprecibido pasen los trencillas mejor para todos. Ahora bien, llama mucho la atención que mientras los Salones de la Fama de Cooperstown, Toronto y Springfield han abierto generosamente sus puertas a umpires y officials, considerándoles por tanto parte esencial del juego y dignos de compartir gloria con los verdaderos protagonistas, en el Pro-HoF haya un solo referee: Hugh (Shorty) Ray, quien entre 1938 y 1952 supervisó el reglamento de la NFL y dirigió la designación de árbitros, siendo pieza fundamental en los tumultuosos inicios del juego, donde la violencia estuvo a punto de destruir la competición. Así pues, los árbitros, otras ovejas negras en Canton.

Lección de reglamento del viejo Ray.

El tercer grupo de hijos marginados es singularmente doloroso. Si ha habido un deporte profesional que se ha beneficiado de las retransmisiones deportivas, ese ha sido el football. Desde el Greatest Game Ever Played hasta nuestro actual e imprescindible Game Pass, pasando por aquel día de Acción de Gracias de 1965, cuando los telespectadores norteamericanos pudieron dar cuenta de su pavo mientras veían por la tele a Dick Lebeau o Johnny Unitas jugar el clásico en color; los TV Numbers de la camisetas o la triste jornada en que Howard Cossell, el caústico y legendario periodista del MNF interrumpió la narración del Dolphins-Patriots para anunciar que John Lennon había sido abatido frente a su apartamento del Dakota, la televisión no ha sido solo un soporte, sino parte umbilical del juego. Por ello, que Ed Sabol, el creador de NFL Films en 1960, posea un busto en Canton desde 2011 no es solo lógico, sino inexcusable, no en vano, 52 Emmys lo ratifican. Lo que ya no es tan comprensible es que sea el único profesional audiovisual en la lista de Famers. Howard Cossell –a pesar de su incontenible bocaza-, Chet Forte, Bill Rassmussen, Lesley Visser o Al Michaels han honrado a los héroes del emparrillado, han preservado su historia, han promovido los valores del juego y han celebrado su excelencia o ¿acaso no es suficiente celebración el legendario «He did what?!!» que la imposible recepción de Antonio Freeman provocó en Al Michaels?

Ed Sabol, único profesional audiovisual.

Y he dejado para el final lo que a mi juicio, es la más sangrante de las discriminaciones o minusvaloraciones que se le pueden reprochar al Pro-HoF. Antes de atizarle con todo a los sucesivos Comités de Selección de la institución, contextualicemos brevemente la cuestión. 1959 vuelve a convertirse en un año de grandes convulsiones. A la repentina muerte durante un Eagles-Steelers del comisionado Bert Bell, se une la gestación de un nuevo y poderoso cisma en el seno del football profesional. El magnate petrolero Lamar Hunt, después de que el finado Bell rechazara su propuesta de expansión de la NFL, crea ese mismo año la American Football League (AFL), logrando reunir dos divisiones con las siguientes franquicias para la temporada de 1960: División Oeste: Dallas Texans/Kansas City Chiefs; Denver Broncos; LA-San Diego Chargers y Oakland Raiders - en 1968 se incorporaría a esta División los Cincinnati Bengals-. División Este: Boston Patriots; Buffalo Bills; Houston Oilers; Miami Dolphins y New York Titans-Jets.

La única chaqueta dorada que ha vestido Cossell, la de la abc.

En junio de 1960, la AFL firma un contrato de cesión de derechos televisivos con la ABC, que le reportará anualmente 2.125.000 de dólares, toda una revolución en materia de contratos televisivos, inaugurándose la temporada regular el 9 de septiembre de 1960, con el partido disputado en el Nickerson Field entre Denver y Boston, en el que vencieron los Broncos por 13 a 10. Aquella primera temporada de la AFL tuvo como campeón a los Houston Oilers de Blanda y Cannon, que vencieron 24 a 16 a los Chargers de Los Angeles, que al año siguiente se trasladarían definitivamente a la vecina San Diego. Esta primera temporada, desde el punto de vista de la asistencia a los estadios, y en comparación con la NFL, puso de manifiesto el todavía precario interés que suscitaban estas franquicias en comparación con los equipos más asentados de la liga rival. Aunque económicamente más débil, la AFL comienza sin embargo a alcanzar unos niveles de excelencia iguales o superiores a los de la NFL, toda vez que, por un lado, logra nutrirse de excepcionales prospectos procedentes de pequeñas universidades e instituciones de numerosa presencia negra –vetada en la NFL- que enriquece la competición. Y por otra, introduce algunos cambios reglamentarios que a la postre, alcanzarán su vigencia hasta nuestros días, como la posibilidad de conversión por dos puntos tras touchdown; los nombres impresos en las camisetas o los acuerdos televisivos globales. Y, cómo no, la aparición en 1965 de Joe Namath, incrementó los niveles de audiencia de la AFL hasta niveles inauditos, pudiendo considerarse la primera estrella mediática deportiva de la historia. Mientras, los Oilers vuelven a ganar el título en 1961 a unos Chargers, ya establecidos en San Diego, que alcanzarían también la final en los años 1963,1964 y 1965, merced a la sabiduría de Sid Gillman, que revolucionó el juego de ataque y a una implacable defensa coordinada por Chuck Noll. El inolvidable conjunto californiano sólo se ausentó de la final en 1962, donde se vieron las caras los Texans de Dallas y los bicampeones de Houston, en la que es aún la final de football profesional más larga de la historia, con dos prórrogas jugadas y victoria de los texanos. Los Chargers vuelven a ganar y retan de manera oficial a los Chicago Bears, campeones de la NFL, para dirimir el mejor equipo nacional.

Pete Rozelle, el comisionado de la NFL que había sustituído a Bell, rechazó una propuesta que, más tarde que pronto, iba a ser una realidad. Y curiosamente, iba a cuajar a instancia, no de la AFL sino de la poderosa NFL, que observaba inquieta el crecimiento de su competición rival. De esta forma, el 8 de junio de 1966 se anuncia un acuerdo de fusión, por el cual se establecen una serie de indemnizaciones a franquicias de la NFL en cuyas ciudades se incorporan equipos de la AFL, como Giants o 49ers, que reciben a Jets o Raiders; se unifica el draft; se mantienen los calendarios de partidos por separado, disputándose al final de la temporada un partido que decidirá el campeón entre los ganadores de la NFL y la AFL. Había nacido el Super Bowl. En 1970, la fusión sería completa, jugándose una sola liga, con dos Conferencias, la Nacional y la Americana –cuyos ganadores son acreditados por los trofeos George Halas y Lamar Hunt. Los que sostenían que el nivel de la AFL era inferior al de la NFL, vieron corroborado su (pre)juicio en esta primera temporada unificada, pues los Packers se alzaban el 15 de enero de 1967, en el Memorial Coliseum de Los Angeles, con el primer Super Bowl al derrotar a los Chiefs por un contundente35 a 10, que se habían hecho acreedores de representar a la AFL derrotando a los Buffalo Bills quince días antes. La temporada siguiente, los queseros de Green Bay revalidaban el título, esta vez frente a los Raiders, confirmándose así el dominio de los conjuntos de la NFL sobre los de la AFL…hasta que llegó Joe Namath. Al año siguiente vendría el Merger y hasta hoy.

El próximo 8 de agosto está programada la entrega de los bustos de bronce y las Gold Jacket a los miembros de la Class of 2015, un extraordinario grupo de jugadores y contribuyentes a la mitificación de este deporte: Jerome Bettis, Tim Brown, Charles Haley, Bill Polian, el siempre recordado Junior Seau, Will Shields, Mick Tingelhoff, y Ron Wolf. También podría describirse esta selección con otras palabras: un año más, una selección más, one more Class, ningún jugador o miembro del front office cuya carrera haya discurrido únicamente en la AFL ha sido reconocido por los sabios de Canton desde que en 1991, Billy Shaw fuera elegido. Es decir, de los 295 bustos de bronce que desde 1963 hasta hoy, o mejor dicho, hasta el próximo 8 de agosto, jalonan las vitrinas del Pro-HoF, sólo uno está consagrado a un jugador que hubiera desarrollado toda su carrera en la AFL y de milagro, pues el joven Shaw, un poderoso lineman de Georgia Tech, fue drafteado en 1961 tanto por Bills como por Cowboys, decidiéndose por el conjunto de la AFL, pues los de Dallas pretendían utilizarlo como linebacker, posición que no le convenía a sus cualidades. Su envergadura y velocidad le hacían un bloqueador de pase y carrera absolutamente letal, permitiendo una producción formidable en yardaje corto, bien abriendo paso a monstruos como Cookie Gilchrist –por cierto, otro damnificado de Canton, además doblemente, por ser Only AFL Man y por haber jugado al gridiron canadiense- o Wray Carlton o bien configurando pockets seguros para Daryle Lamonica o Jack Kemp, coadyuvando a que la franquicia lograra en los años 1962, 1963, y 1964 liderar la clasificación de touchdowns de carrera, alcanzando los títulos de la AFL de 1964 y 1965.

Precisamente Kemp, el formidable quarterback de los Bills, Secretario de Estado de Urbanismo y Vivienda con Bush padre y varias veces miembro de la Cámara de Representantes, es una buena forma de comenzar una breve glosa en descargo de algunos de estos hijos bastardos del Pro-HoF, cuyo único delito para no ser Famers fue no haber jugado nunca en la NFL. ¿Un Corazón Púrpura y una Estrella de Bronce, y la propia vida entregada en Thua Thien no es mérito suficiente para Bob Kalsu, segundo teniente de la 101ª Aerotransportada y guard de los Bills tuviera el homenaje que merece en Canton? Tampoco ser considerado el mejor linebacker contra carrera de la AFL durante cinco años consecutivos es virtud suficiente para considerar al patriota Tom Addison un Hall of Famer.

Mención aparte merece el tratamiento dispensado por el Pro-HoF a uno de los defensive front más imponentes de la historia: los Fearsome Foursome de San Diego que entre 1961-1966 aterrorizaron los ataques adversarios. Ni Earl Faison, ni Bob Petrich, ni Ron Nery, ni George Gross, ni Bill Hudson, ni Ernie Ladd tienen una chaqueta dorada ¿se lo pueden creer? Lo de Ernie Ladd es especialmente lacerante. Este angelito de 2.10 m. y 142 kilos, cuatro veces AFL All Star, campeón en 1963, tres veces All Pro, San Diego Hall of Fame y San Diego 50th Anniversary Team, ocupaba su offseason en la lucha libre de la costa californiana, asumiendo un papel de villano fanfarrón –The Big Cat- que tanto juego da en el mundo del WWF, haciendo dupla con otros freakies legendarios como André el Gigante o Wahoo McDaniel. Retirado de los cuadriláteros en 1986, ¡tuvo que ser designado Hall of Famer por la WWF en 1995!, donde dioses de la lona como el Sgt. Slaughter, The Snake Roberts, Hulk Hogan, Macho Man Savage, Ric Flair, The Million Dollar Man o The Ultimate Warrior le acogieron con todo cariño. Canton, que os den morcilla…

En la historia de este deporte, solo hay dos individuos que hayan ganado un anillo como jugador, assistant coach y head coach. Uno es Mike Dikta y el otro Tom Flores. El primero jugó en la NFL y el segundo en la AFL. El primero es Hall of Famer desde 1988 y el segundo no. Así de sencillo y de acojonante. No se vayan todavía que aun hay más, decía Super Ratón…

Los Chiefs de Kansas City tienen retirados 10 dorsales (3,16,18,28,33,36,58,63,78 y 86). De esos diez jugadores, todos ellos superlativos, tres de ellos jugaron únicamente cuando la franquicia estaba en la AFL, seis jugaron antes y después del Merger y, por tanto, también en la NFL y otro, el inolvidable Derrick Thomas, únicamente en la NFL. ¿Adivinan quien está en Canton y quien no? Stenerud, Dawson, Emmitt Thomas, Lanier, Bell, Buchanan y el recordado Derrick Thomas sí. Los apestados Haynes, Jonhson e Hill, no. Reacojonante. Yo sigo, como Felipito Tacatun. El extraordinario cornerback Willie Brown, firmó en 1963 con los Oilers, pero fue cortado en el training camp después de ser literalmente abrasado por un joven wide que atrapaba todo lo que volaba: Charlie Henningan. Brown se marchó a Denver, y en la siguiente temporada, se enfrentó a los Oilers en un partido en el que Henningan necesitaba nueve recepciones para batir el récord de 100 catches en una sola temporada que ostentaba hasta entonces Lionel Tylor. Henningan las atrapó con Willie Brown de cornerback. Willie Brown jugaría después en la NFL con Raiders hasta 1978. En 1984 se enfundó la Gold Jacket. Charlie Henningan, que se retiró en 1966 en Houston, no. Contrarreacojonante.

Termino ya. Con ser todo esto un verdadero bochorno para la NFL, lo realmente indecente e imperdonable fue que, al único jugador exclusivo de la AFL a quien estos piernas de Canton han tenido a bien reconocerle sus méritos deportivos, le obligaran a llevar en el bolsillo superior de su bien merecida Gold Jacket el escudo de la NFL aquel 7 de agosto de 1999. Billy Shaw fue mucho más elegante que ellos y, entre lágrimas, pronunció estas palabras:

«AFL, it was mentioned a while ago that I played my whole career in the AFL. It’s with pride that I stand here today in support of that league, and in a way being a part of all of those men that played in that league. Thank you men for helping me get here.»

¡¡Hall of Fame de la AFL en el barrio de Queens ya!! Se admiten nominaciones. Razón aquí.

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