Javier Fernández: “Ahora en casa, el oro mundial sabe mejor”

EL CAMPEÓN DEL MUNDO VISITÓ AS

Javier Fernández: “Ahora en casa, el oro mundial sabe mejor”

Visitó AS para mostrar su flamante medalla de oro. ‘Superjavi’ charló sobre cómo es su vida en Toronto, donde se entrena, la complejidad de su deporte, los caros costes...

Vive en Toronto (Canadá), acaba de aterrizar desde Japón, pero Javier Fernández es ante todo “un madrileño de barrio”. Al flamante campeón del mundo de patinaje artístico lo recibieron en Cuatro Vientos, el lugar donde creció, coreando su nombre. “Me montaron una sorpresa mis padres y mis amigos, aunque todavía no he tenido tiempo de pasear por las calles de Madrid”, dijo.

Ayer visitó AS y notó el calor de la afición nada más traspasar las puertas. Allí estaban los miembros de la Peña Madridista de Alfoz, que agasajaron al pionero del hielo y le pidieron: “La próxima, el oro olímpico”. Aunque Superjavi los calmó: “Todavía quedan tres años para los Juegos de Pyeongchang y faltan tres Europeos y dos Mundiales”.

Ya sentado con los periodistas de AS, Javi recordó que ahora toca disfrutar en este mes de vacaciones el título logrado en Shanghai. “Nunca soñé que sería campeón del mundo. Entrené para ello, pero conseguirlo es otra cosa. Ahora, en casa, el oro sabe mejor. Cuando tienes un sueño y lo alcanzas, la sensación es indescriptible”, cuenta Javi, que ganó a Yuzuru Hanyu, oro olímpico y su compañero de entrenamientos. “¿Cómo se lleva que a los dos os entrene Brian Orser?”, le preguntamos. “Es normal que un técnico guíe a varios patinadores de élite. Yuzu y yo nos llevamos muy bien, aunque nos cuesta comunicarnos porque él sabe poco inglés y yo de japonés voy escaso”. Aunque Javi ya es un maestro del inglés: “Me fui de casa a Estados Unidos con 17 años y bastante solo. No me tenía otra: aprender o aprender”.

De ese chaval, algo travieso y despistado, al Superjavi actual hay un mundo. “Es cierto que he madurado, pero eso te lo da la edad también”. Venir de España, un país sin tradición de hielo, provocó que le costara abrirse camino: “Lo difícil es que los jueces te vayan conociendo, porque no se la quieren jugar y tienen que ver que tienes continuidad. Yo fui poquito a poco, me hice hueco de manera coherente”.

Carrera. Primero llegó la victoria en 2012 en el Skate Canadá, después llegaron los títulos europeos (tres) y los podios mundiales, dos bronces y este oro. El lunar es el cuarto puesto olímpico, que perdió por la repetición de un salto. “Este deporte es muy complejo. Si hubiera hecho un doble en lugar de repetir un triple habría conseguido medalla”, cuenta Javi, que responde a una cuestión que se hacen muchos aficionados: ¿Por qué cuando alguien se cae puede ganar una competición? “Este deporte es muy complejo en sus reglas, porque no sólo se tienen en cuenta los saltos, también se valora la manera de patinar, la sincronización con la música, todo cuenta... Así que las caídas, aunque sea lo que más se vea, no son tan importantes si luego lo haces todo bien”. “¿Entonces en los programas a veces tenéis que recomponer lo preparado?” Javi responde: “Completamente. Y con la adrenalina es muy difícil darte cuenta de los fallos”.

Juan Mora, subdirector de AS, se interesó por el equipo que hay detrás de los programas de Javi. Y es mucho... y costoso. El jefe de orquesta es Brian Orser “un gran tipo, pero también muy exigente”. “Cuando se enfada hay que alejarse”. Pero además, tiene un técnico que se centra sólo en afinar el patinaje de velocidad, un coreógrafo (o dos) para sus programas, un encargado de hacerle el vestuario y hasta una persona para grabar los CD (“¡valen 600 dólares!”). “Es un deporte caro”, dice Javi, que tasa en más de 40.000 dólares sus gastos anuales, además de la vivienda (1.500 dólares mensuales) o el alquiler de la pista (400). Sus ingresos provienen de las ayudas de la Federación y del dinero que gana en las competiciones y exhibiciones que realiza por el mundo, como la última que hizo en Japón (“allí sí se me conoce mucho, aunque son muy respetuosos con tu espacio”).

Los programas se los suele confeccionar David Wilson, que se adapta al carácter del madrileño: “Me gustan los papeles con carácter. He hecho Chaplin, el Barbero de Sevilla... No soy clásico, sino muy expresivo”.

Fibroso y delgado, Javi es talento puro y no es amigo del gimnasio, ni de fisios. Tampoco lleva una dieta. “Mi madre me enseñó a comer bien desde pequeño y con eso me vale”, dice el madrileño, que mejora en cardio entrenando patinaje de velocidad y algo de tenis. De hecho, hoy estará en el Godó donde saludará a Rafa Nadal, uno de sus ídolos. “Siempre me ha molado mucho”, dice en tono informal.

Blanco. A Fernández, que jugó al fútbol en un club de Aluche, le gusta el Real Madrid al que sigue siempre que puede (“una vez me salté un entrenamiento para ver un Clásico, pero luego lo recuperé el domingo”, confiesa). Además, le une un vínculo casi familiar con Iker Casillas, porque los padres de ambos son de Navalacruz (Ávila). “Se apellidan muchos Fernández y Casillas. Su abuela y la mía hablan. Somos familia lejana, aunque no sé hasta qué punto”, dice Javi, que sueña con un saque de honor en el Bernabéu.

Echa de menos España, pero no se plantea “volver de cualquier forma”. Le gustaría ser entrenador: “Si vengo a España será a mi manera. En una pista donde pueda hacerlo. No querría tener 1.500 niños, sino gente de talento. Me daría igual si hiciese falta poner dinero de mi parte para ayudarlos”. Y de momento, confiesa que el asunto es complicado porque si “en lugares como Japón hay centenares de pistas, aquí tenemos 12 o 13”. “Es difícil que así salga gente nueva, de hecho, salvo Javi Raya, la mayoría de los que competimos a nivel internacional estamos fuera”. Es el caso de Sonia Lafuente, también en Toronto, o de la pareja Hurtado-Díaz, que entrenan en Montreal. “A veces voy a verlos”, cuenta.

El brote verde para el patinaje está en Barcelona, donde el Ayuntamiento ha comprado la pista donde el año pasado se hizo la final del Grand Prix, que volverá a ser en la Ciudad Condal en 2015. “Es la primera vez que se repite sede y es porque el año pasado fue muy bien”, explica Javi, que ganó aquella cita y es imagen de Barcelona-Pirineos, candidatura aspirante a los Juegos de Invierno de 2026.

Con el olimpismo, regresa como un boomerang el tema Pyeongchang, a donde llegaría con 26 años. “Son la meta, el objetivo es estar ahí y conseguir la medalla que se escapó en Sochi”, reivindica Javi antes de marcharse de AS. Al salir ya no estaban los madridistas de Alfoz, sino su madre Enriqueta, que le esperaba para arreglar unos papeles para su próximo viaje a Japón. Y luego, a Cuatro Vientos, su barrio de siempre.

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