El Guadalquivir, verdiblanco
El Betis hace buenos los pronósticos y gana por 13 segundos la 48 edición de la tradicional regata sevillana.

No hubo sorpresas en la edición número 48 de la regata Sevilla-Betis. El favorito tiñó de verdiblancas las aguas del Guadalquivir y consiguió su cuarta victoria consecutiva ante su eterno enemigo, un rival que sigue dominando el palmarés de la regata más antigua de España.
El Betis partía como favorito y lo demostró desde el arranque. El bote bético había elegido la calle de Sevilla y eso suponía otra ventaja más en una cita que no defraudó y que tuvo una mañana soleada como escenario perfecto para su disputa. La salida frente al Puente del Alamillo centró las miradas del público. El ocho bético tomó ciertas ventajas en los primeros metros y pronto el Sevilla tuvo que buscar una remontada que se antojaba casi imposible. A la llegada al Puente de Triana, casi dos barcos aventajaban a los béticos, muy seremos y tranquilos sin arriesgar un ritmo mayor. La regata estaba controlada y las fuerzas se medían para que no fallaran al final.
Frente al Club Náutico y al Acuario esperaban numerosos espectadores para visualizar un final lleno de emoción visual pese a que el triunfo bético estaba casi decidido.
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Experimentados remeros como Antonio Guzmán, Marco Sardelli, Marcelino García o Jaime Lara, que forman parte de la selección española, lideraban a un Betis que no quiso que las dudas siquiera entraran en juego. Los verdiblancos supieron dominar bien la curva de Chapina para mantener una estela casi vencedora. Seis kilómetros de gloria para los béticos y de sufrimiento para los sevillistas. Todos eran ganadores, pero el verdiblanco dominó las aguas del Guadalquivir. Brazos arriba y mirada al cielo de unos ganadores que mostraron su superioridad y confirmaron su favoritismo. Tristeza y miradas perdidas en un barco sevillista joven y con menos experiencia.
13 segundos de ventaja y un incontestable triunfo de coraje y valor. Ambas embarcaciones tiraron de sentimientos en el mejor homenaje posible a un deporte que convierte cada año el Guadalquivir en escenario de sentimientos compartidos. El balance es de 30-18 a favor del Sevilla. Pero la sonrisa fue esta vez verdiblanca.