El 'efecto Bradley' fulmina a Europa
Magistral tarde de los norteamericanos que se llevan tres de los partidos a mejor bola. Exhibición de las parejas Bubba-Simpson y Mickelson-Bradley. Colsaerts, lo mejor de Europa.

Apenas había amanecido y la esperada Ryder hacia acto de presencia en Medinah, un excelente campo que los estadounidenses han preparado a conciencia para favorecer las características de sus jugadores. Largo, ancho, greenes duros y rápidos. Una trampa en la que Europa siempre solía caer. No contaba Davis Love III con que Estados Unidos ha perdido claramente la iniciativa en este torneo. Y cuesta reinvertir esa tendencia. Que se lo digan a los europeos, que estuvieron 28 años sin levantar el trofeo. "La Ryder, como muchas otras cosas, nos ha comenzado a importar cuando la hemos empezado a perder", comentó el capitán americano. Por ello la edición de 2012 era importante, porque Estados Unidos busca recuperar una hegemonía que Europa le ha quitado a base de esfuerzo, compañerismo y buen golf. La jugada le ha salido bien a Love III y la primera jornada deja un 5-3 para los norteamericanos. Inquietante para Olazábal.
El 'efecto Bradley' en los 'foursomes'
Los foursomes (golpes alternos) fueron una prueba de la tremenda igualdad que hay en este torneo. Los norteamericanos buscaron atacar desde el principio, crear un ambiente hostil desde el alba, que los europeos sufrieran, que supieran que por muy bienvenidos que sean, la Ryder ha adquirido un valor único y ganar es muy prestigioso. No lo consiguieron. De hecho, obtuvieron el resultado opuesto. En apenas ocho hoyos, Europa dominaba todos los duelos. Los europeos partían, además, con una teórica ventaja: Love III había puesto en los cuatro primeros partidos del día a tres novatos, mientras que Olazábal sacó a jugar las parejas más poderosas que guarda. Pocos comienzos fueron tan alentadores. Pero el golf es un deporte de contrastes y la Ryder el mejor ejemplo para verlo.
Cuando todo parecía idóneo para los intereses del campeón defensor, apareció una figura entre los estadounidenses. No fue Tiger. Ni Mickelson. De la mano de Keegan Bradley, un 'rookie', Estados Unidos despertó. El miembro más joven del equipo norteamericano, uno de los mejores putteadores del planeta, impulsó la reacción de su país. Pura ambición, Bradley empezó a meter putts desde todas las esquinas y enardeció al público. Los gritos se escucharon en cada rincón de Illinois, en cada ciudad de Estados Unidos y los americanos empezaron a jugar al golf. Bradley aupó a Mickelson y juntos destrozaron a Donald y Sergio García, la pareja fuerte de los europeos (4&3); Dufner, otro 'rookie', también llevó en volandas a su compañero, Zach Johnson, y dejaron en nada a Molinari y Westwood (3&2). La decepcionante actitud del inglés es uno de los mayores problemas de Olazábal.
Visto el 'efecto Bradley', el punto de McIlroy y McDowell multiplicó su valor para Olazábal. No sin sufrir el acoso incesante de dos luchadores como Furyk y Snedeker, que recuperaron hasta tres hoyos de desventaja, los norirlandeses pusieron el primer punto en la casilla europea. El segundo se lo anotaron dos jugadores nacidos para la Ryder: Poulter y Rose. Ganaron a Stricker y Woods, absolutamente desfigurados, en un ejercicio que mezcló tanto virtudes europeas como deméritos estadounidenses.
Dominio estadounidense en 'fourballs'
La claridad con que Bradley y Mickelson ganaron por la mañana allanó el camino a Estados Unidos. La tarde fue un verdadero espectáculo. 'El birdie no pierde', parecía la consigna de los de Love III. Con eso salieron a jugar y casi nada falló: hicieron 34 birdies. El show de Bubba Watson y Webb Simpson subió el telón y en los ocho primeros hoyos firmaron siete birdies. Lawrie y Hanson jamás pudieron hacer nada (5&4). Se toparon con un Bubba que domina la situación, el entorno, al público. El maestro zurdo tiene en su bolsa la mayor muestra de poderío que existe en este deporte. Su rosado driver genera una reacción incontrolable entre el público y los vítores que recibió en el hoyo 1 cuando destapó a la bestia, le impulsaron hasta destrozar a la pareja europea. Simpson goza de un arma parecida, pero éste lo utiliza en el green, donde fue infalible.
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Love III encontró por la mañana una pareja fuerte y volvió a darles la oportunidad en la segunda sesión. Mickelson y Bradley ganaron, esta vez, a McIlroy y McDowell (2&1). Si al alba fue Bradley el que estimuló a su compañero, al atardecer el californiano asumió ese rol y deleitó varias veces con sus golpes. En el 1, en el 4, en el 12, en el 17. Mickelson sacó su versión de superhéroe. Ni siquiera McIlroy, abandonado por su compatriota, pudo contestar y los norirlandeses terminaron arrodillados ante la demostración de los estadounidenses. Similar fue el encuentro entre Kuchar-D. Johnson y Kaymer-Rose. Los europeos se adelantaron en el primer hoyo, pero los americanos les empataron en el segundo, les cosieron a birdies y les ganaron en el 16 (3&2). Si la victoria no resultó aplastante fue por la garra de Rose, pues Kaymer confirmó que está muy lejos de su mejor versión.
La única luz que encontró Europa fue el belga Nicolas Colsaerts. El novato europeo asombró a todos con un gran día en el que metió todo lo que tiró, destrozó a la bola desde el tee y, sin apenas ayuda de Westwood, mantuvo con vida a una Europa que se hundió en los 'fourballs' (mejor bola). Su problema fue que despertó a Tiger. El duelo entre el líder estadounidense y el belga fue apasionante, un concurso de birdies, a cual más espectacular y que se extendió hasta el hoyo 18. Tiger pudo empatar, pero Colsaerts hizo ocho birdies, un eagle y se llevó el premio. Pura Ryder. Este último punto permite a Olazábal afrontar con otra cara el sábado, donde Europa necesitará una agresividad que ha mantenido al margen durante toda la jornada inicial.