"La unificación fue difícil para los alemanes orientales"

Disputó sus primeros Juegos en Montreal 1976 con 18 años y los últimos en Sydney 2000, con 46. Con seis olimpiadas a su espalda, ya que no compitió en Los Angeles 1984 por el boicot de los países del Este, suma tres oros olímpicos y una plata; sólo el danés Paul Elvstrom, con cuatro, le supera.
¿Qué representan para Ud. los Juegos Olímpicos?
Para mi siempre han sido algo emocionante. Para empezar, la primera televisión que entró en mi casa fue, precisamente, con motivo de los Juegos Olímpicos de México en 1968. Mis padres querían que los viéramos, y compraron una. A partir de aquél momento mi vida se desarrolló de cuatro años en cuatro años...
Habría disputado siete Juegos de no ser por el boicot de su país (entonces la República Democrática Alemana) a Los Angeles'84. ¿Qué recuerda de eso?
Los deportistas estamos para competir y, por supuesto que tu preparación va destinada a completar los periodos olímpicos para competir en ellos. Realmente no entramos en las decisiones políticas, aunque en ese caso nos afectó porque ya no habría una nueva oportunidad hasta 1988 y se perdía mucho trabajo de preparación.
¿Le supo mal?
Cuando perdimos la oportunidad de ir a Los Angeles, que fue algo decepcionante. Era lógico que la preparación cambiase y también cambié muy barco, pasando de la clase Finn a la Soling y empecé un nuevo período olímpico.
Dos años después de esos juegos llegó la unificación de las dos Alemanias. ¿Cómo lo recuerda?
Como un momento complicado en mi vida y en la de muchos alemanes porque fue un cambio de sistema de vida tanto personal como de entendimiento del deporte, porque se aplicó el sistema vigente en la Alemania Occidental y el proceso de adaptación a un sistema en el que el dinero es parte importante no fue fácil para lo que veníamos de la oriental.
¿Quizas por esto no ganó medalla en Barcelona?
En 1992 competí en Barcelona ya siendo parte del equipo de una sola Alemania y noté el cambio -acabó cuarto- , pero cuatro años después volvía ganar el oro porque ya entré bien y me adapté a los nuevos sistemas de preparación.
¿Qué recuerda de su última olimpiada en Sydney?
Prefiero no recordar mi medalla de plata en Sydney porque fue si merecí algo fue la de oro. Tuve una lucha con el danés Jesper Banks y estuvo claro que gané el oro, pero una serie de circunstancias y decisiones de los jueces hicieron que finalmente lo ganase él, así que prefiero olvidarlo.
¿Qué Juegos recuerda especialmente?
Para mi los mejores juegos fueron los primeros, los de Montreal 1976 porque fui con 18 años y gané el oro en Finn. Era un júnior y que tenía el honor de debutar en unos Juegos Olimpicos y nunca olvidaré el día que gané el oro porque fue muy difícil llegar hasta allí. Además quieres ganar, mucho más que hacerlo que en cualquier otra regata. Y cuando ganas, la sensación es increíble, porque estás ahí arriba, representando a tu país tú solo.
¿Y no tuvo presión?
Yo ya pude vivir unos juegos en Munic 1972 formando parte de un grupo de 'olímpicos juveniles'. Nos invitaron a ir a los Juegos y alojarnos en una especie de residencia para jóvenes que había. Era una gozada, porque íbamos como invitados pero podíamos meternos por todas partes y estar en contacto directo con los deportistas. Aquello realmente despertó mi interés por los Juegos al cien por cien y esto me ayudó en mi primera participación en 1976, en Montreal.
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¿Guarda sus medallas en algún lugar especial?
Las tengo en una caja de madera que me hizo un amigo y las guardo en un cajón. Cuando la familia o los amigos preguntan por ellas las saco. Pero normalmente ni las miro.