GOLF | US OPEN

Tiger levita en el infierno

El estadounidense se salva de criba inicial y aguanta, segundo, a tres golpes de la estratosférica vuelta de Thompson. Sólo seis jugadores bajo par.

Tiger Woods.
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De aspecto angelical para el espectador, el Olympic Club resulta ser todo lo contrario para el golfista. El inicio del US Open se esperaba duro; sin embargo, nadie lo intuía tan destructivo como lo ha sido en la primera jornada, a partir de ahora conocida como 'Jueves negro' en el mundo del golf (terminaron más jugadores con +10 o más, 10, que los que acabaron por debajo del par, seis). Incluso un día en que históricamente el abierto estadounidense afloja su opresiva mano, el monstruo que diseñó la USGA pudo con todos. O casi todos. Uno de los supervivientes, Michael Thompson, desangró a 'birdies' al mortal recorrido. Frente a la media de cinco golpes por encima del par, Thompson se destapó con un impresionante -4, 66 golpes 'irreales' que le convierten en un héroe al menos por un día. "Lo hice todo bien", dijo Thompson. Lo cierto es que el norteamericano embocó siete de los ocho 'birdies' que pudo hacer (Thompson sólo cogió ocho 'greenes' en regulación).

El otro protagonista, con permiso de Thompson y el tremendo 'albatros' (-3 en un solo hoyo) de Nick Watney (-1) en el 17, fue Tiger Woods. Sorprendido por el cambio que dio el campo de un día para otro (la ausencia de la clásica niebla de San Francisco no refrescó el Olympic Club y éste se endureció hasta límites insospechados), Tiger dio una clase magistral de golf. Woods volvió a estar imperial y, a pesar de luchar contra rivales de gran entidad, ya se ha procurado una interesante ventaja con algunos de los mejores del mundo. Bubba Watson (+8), una de las víctimas del horror del Olympic Club, dijo de él: "Ha vuelto el viejo Tiger". El resultado, 69 golpes para -1, con tres 'birdies' que contrarrestan dos 'bogeys', y un valioso segundo puesto, deja al californiano en una posición tremendamente privilegiada de cara a la criba que se espera mañana. Misma suerte corrieron Toms, Rose, McDowell y Watney, todos ellos los afortunados que terminaron en negativo. El fin de semana, de momento, ni se adivina.

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Tan sólo 15 jugadores, de 156, miraron a los ojos al campo; seis de ellos fueron más allá y terminaron bajo par. Del resto, el mencionado Watson, campeón del Masters de Augusta hace dos meses y medio, no fue capaz de levantar la cabeza y desde el inicio sufrió, atrapado en el tremendo 'rough' que rodea todo el campo: "Me ha destrozado". Phil Mickelson (+6), corrió suerte parecida. El zurdo empezó con tres 'bogeys' y arrastró el desastre durante toda la vuelta. El trío de cabeza en el ránking mundial sufrió de lo lindo. Luke Donald (+9) nunca encontró un respiro a su terriblemente desacertado juego; Lee Westwood (+3) fue coleccionando golpes a cada hoyo que pasaba, aunque sujetó bien la tarjeta y presentó un gran resultado; Rory McIlroy (+7), defensor del título, se vio sobrepasado desde el inicio por las dificultades del campo y nunca pudo detener la masacre. Un misero 'birdie' alivió la tarjeta del norirlandés, plagada de 'bogeys'.

El mejor de los españoles fue Sergio García. El de Castellón, sobrio y maduro, aguantó una vuelta muy peligrosa que, desde muy pronto, estuvo +3. García jugó bien, pero apenas encontró recompensas a ese buen golf destilado toda la jornada. Rafa Cabrera-Bello, tras un inicio brillante, con -2 en ocho hoyos, fue desinflándose y terminó con +4, un resultado abultado, pero nada despreciable si es capaz de mantenerlo. Su compañero de partido, Gonzalo Fernández-Castaño, terminó, desquiciado, +10. Álvaro Quirós (+5), espectáculo en estado puro, mantuvo el tipo con una vuelta tenebrosa: un doble 'bogey', seis 'bogeys' y tres 'birdies'. Jiménez (+10, al cierre de esta edición) sumó desmesuradamente golpes desde el inicio, hasta el punto que la vuelta se hizo incontrolable. Un comienzo demasiado pobre para las buenas esperanzas que traían los españoles.

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