Balonmano | Champions League | Kiel 26-Atlético 21

Omeyer y la dureza del Kiel frenaron al Atlético

El Atlético de Madrid, que había perdido en 1985 ante la Metaloplastika la única final de la Copa de Europa que había disputado, no pudo estrenar su palmarés en Colonia. Los goles de Abalo y Lazarov y la casta de todo el equipo no bastaron para tumbar al todopoderoso Kiel.

<b>MARCÓ LA DIFERENCIA. </b>Las paradas del histriónico Omeyer fueron decisivas en la final.
Enrique Ojeda
Actualizado a

Y a la tercera fue la vencida para el Kiel, que había perdido dos finales de la Champions frente a Talant Dujsebaev cuando el título se decidía a doble partido. Ese refrán era el que querían los rojiblancos, los únicos que han estado en las tres Final Four (antes como Ciudad Real), para ganarla. No. Porque además los imponderables se conjuraron contra el equipo español: sin Jurkiewicz, que se sabía; sin Guardiola, lesionado hace una semana; y ayer, sin Entrerríos, que enfermo no pudo jugar. Demasiada tralla para un partido especial, con todo a favor del ambiente del equipo de casa, que esta vez tenía que ganar. Y ganó.

Según el resultado, es un triunfo claro: 26-21. Y según las estadísticas la diferencia la marcó Omeyer, con un 46 por cierto en la portería (18 de 39), una matricula de honor para el meta galo del Kiel, que sacó goles cantados a Chema, a Aginagalde, a Abalo o a Kallman. Posiblemente, en ese juego casi violento que impuso el cuadro alemán, si no llega a estar Omeyer, hubiese ganado el Atlético. Pero estaba el francés.

La realidad es que el Atlético se desenvolvió bien durante 20 minutos, pero tuvo que tirar más de la cuenta de Markussen, el junco danés, a quien los alemanes convirtieron en un puching ball. No les importaba la exclusión, e incluso exponerse a la roja; sabían que los árbitros serbios no se iban a atrever. Es balonmano, pero es deporte, y hay reglas; y si no se cumplen, no hay deporte, y el espectáculo es otra cosa.

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Es verdad que el cambio de defensa, de 5-1 a 6-0, paró la combinación rojiblanca, y también es cierto que se desperdiciaron las opciones de mantener al descanso el partido equilibrado. Lo que era una mala señal: si jugando bien, perdían por tres goles gracias al talento de Andersson, aquello pintaba mal.

En la segunda mitad el Atlético se exprimió hasta la expulsión de García Parrondo (tercera exclusión), que los árbitros justificaron "por teatralidad". La realidad era que una falta del Kiel, y balón para los rojiblancos, se convirtió en gol, en una inferioridad, y en una situación imposible para los de Talant. Lo habían intentado, pero la gramática parda de la violencia en Europa no está permitida, salvo en la Bundesliga, y ayer se jugó con el reglamento alemán.

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