Bubba Watson, nuevo maestro de Augusta
Impresionante última jornada del Masters de Augusta que corona al explosivo zurdo estadounidense como nuevo maestro del golf tras un apasionante playoff con Louis Oosthuizen.

El Masters tiene un componente religioso importante. Por cuestiones de calendario Augusta suele subir el telón en torno a Semana Santa e, incluso, en 17 ocasiones su apasionante final ha llegado el domingo de Resurrección, el día más propenso para los milagros. Sin esa presencia divina, no se puede entender la jornada memorable que se vivió el domingo en Augusta. Un domingo con un albatros, dos hoyos en uno, ocho eagles y seis golfistas en liza hasta el último aliento. Fue sencillamente espectacular. El Masters es golf en estado puro y sólo queda disfrutarlo cada año. Lo único cruel es que sólo hay un vencedor, un jugador que además de jugar y hacerlo francamente bien, tiene que sobrevivir a la jauría que le persigue. Sobre todo, en los últimos nueve hoyos del domingo, cuando la fiesta empieza de verdad. La victoria del estadounidense Bubba Watson es el colofón a una de las mejores tardes que se recuerdan en este deporte.
La jornada empezó con una batería de jugadores que, toda vez que habían muerto, decidieron que deleitarían al público. Ante el fracaso de Tiger Woods y Rory McIlroy, +5 total, aparecieron golfistas de la talla de Adam Scott (66 golpes para -4) con un espectacular hoyo en uno en el 16 y el estadounidense Bo Van Pelt que, con 64 golpes, incluidos un espectacular eagle en el 13 y otro hoyo en uno en el 16, empató la vuelta más baja de la historia en una jornada final del Masters de Augusta. A la exhibición de estos dos hombres se unieron resurrecciones también demasiado tardías. Luke Donald (68 golpes para +3 final), Thomas Bjorn, Graeme McDowell, Ian Poulter, etc. Cuando llegó el momento de la verdad, el público estaba enardecido. Phil Mickelson, el hombre de América, se encontraba en la situación ideal. Pero el zurdo ofreció más pelea que juego y su esfuerzo fue insuficiente. La legendaria mala suerte que le persigue le regaló un triple bogey en el 3. Fue demasiado hasta para él, y su remolino ahogó a Peter Hanson, muy inestable toda la vuelta. Ambos quedaron empatados en tercera posición con -8, a dos golpes de Watson.
Después de 72 hoyos, hubo que esperar al desempate para que alguien se pusiera la chaqueta verde. Lo sorprendente es que no se resolviera antes. Con el sudafricano Louis Oosthuizen instalado en la cumbre desde el hoyo 2 tras embocar un impresionante hierro 4 desde 215 metros para hacer un albatros (el cuarto en la historia de Augusta, el primero en ese hoyo), primero fue Matt Kuchar el que le intentó levantar la silla tras un eagle en el hoyo 15. El estadounidense se asustó tras verse en lo más alto, realizó un bogey poco después y finalizó su vuelta con -8, a dos golpes del ganador. El segundo fue el bombardero Bubba Watson. El explosivo zurdo, que pinta su golf con los destellos rosas de su driver (una campaña para ayudar al cáncer de mama tiene la culpa), llegó a estar a cinco golpes tras el albatros de Oosthuizen. Pero Watson, que curiosamente compartía partido con el sudafricano, hizo cuatro heroicos birdies consecutivos entre los hoyos 13 y 16, y con -10 se llegó al playoff.
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Para no defraudar, se disputaron dos hoyos de desempate. El primer elegido para la muerte súbita fue el 18. Tras dos pares, que bien pudieron ser birdies, los dos protagonistas fueron al hoyo 10: 450 metros de hierba, bunkers y árboles que destruyeron el Masters de McIlroy el año pasado. En ese momento, las manos temblaron. Oosthuizen cometió un injusto bogey y dejó en bandeja el torneo a su rival. Watson, que había generado un disparo estratosférico desde la pinaza, escondido en los árboles, falló su birdie pero el par le valió para proclamarse nuevo maestro del golf, su primer grande con 33 años. Un honorable final entre dos excelentes competidores. Sólo quedaba coronarse entre lágrimas, vestirse de verde y recibir las impresionantes felicitaciones de sus compañeros, también rivales. Porque aquí ni existen ni caben enemigos. Y ahí reside la grandeza de este noble deporte.
Por último, la moral de Sergio García dio un vuelco el sábado tras dilapidar sus opciones de ganar el Masters con un 75 que le dejaba a ocho golpes del sueco Peter Hanson. El español explotó y aseguró abatido que no se veía con golf suficiente para ganar un major. Lo cierto es que García, que posee 22 triunfos a nivel internacional en 12 temporadas de carrera profesional, da la talla en los grandes. Con 32 años, a pesar de su desafortunado fin de semana (75-71), García suma 17 'top-ten' en los principales torneos del año, incluidos tres segundos puestos y otros dos terceros. Razones suficientes para pensar que Sergio García puede conseguir algún major en su vida. Por ejemplo, Mickelson fue considerado un segundón hasta que, con 33 años y 17 grandes entre los 10 primeros de la clasificación, ganó el Masters. Hoy, a sus 41 años, estuvo muy cerca de ganar su cuarta chaqueta verde. Sólo es cuestión de actitud. Porque García tiene mucho talento en sus manos. Hay golf, hay esperanza. Y, además, siempre quedará el Masters.