Oxford-Cambridge

Un espontáneo destroza la Oxford-Cambridge

Tuvo que repetirse acortada porque había un nadador en el Támesis

<b>REGATA ACCIDENTADA. </b>Arriba, Oxford a punto de golpear al nadador. En las imágenes de abajo, detenido por la policía, la victoria de Cambridge y el remo destrozado.
Ángel Cruz
Redacción de AS
Actualizado a

Trenton Oldfield. Ese es el hombre que ayer provocó que la tradicional Oxford-Cambridge tuviera que ser interrumpida y luego repetida en formato reducido, algo que nunca había sucedido por ese motivo. Los Dark Blues (Oxford) y los Light Blues (Cambridge) luchaban remo con remo, con ligeras ventajas para unos y otros, cuando tuvieron que frenar a eso de diez minutos de competición, estupefactos: un nadador apareció en las grises aguas del Támesis y los remeros de Oxford a punto estuvieron de abrirle la cabeza.

El juez de la prueba interrumpió la regata, la policía (sobre una lancha) detuvo al nadador espontáneo (equipado con neopreno) y se decidió que había que comenzar de nuevo, pero que la lucha se iba a reanudar sólo en medio trayecto. El remo es un deporte durísimo, casi de superhombres, y los chicos de Oxford y Cambridge ya estaban exhaustos. Volvieron al punto de salida paleando lentamente.

Y todo volvió a comenzar, media hora después, aunque todo era distinto. Apenas tomada la salida los remos de ambos barcos chocaron (ya habían estado a punto de hacerlo en la prueba suspendida) y el de Hanno Wienhausen se rompió con el impacto. Es un alemán de 29 años, geógrafo, de 1,91 de estatura. Se convirtió en un peso muerto de 93 kilos. Mutilada de uno de sus ocho remos, la nave de Oxford no fue rival.

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A Zoe de Toledo, jefa de la derrotada Oxford, le dijo el juez al acabar que le había advertido de que se separasen de Cambridge, que se estaban acercando mucho. "No lo he oído, por el fragor del agua". Y a partir de ahí no hizo otra cosa que llorar y abrazarse con sus remeros.

Cambridge no festejó especialmente la victoria, por respeto a Alex Woods, de Oxford, que se había desvanecido peligrosamente al terminar la regata. "Hay que ser discretos", dijo el remero estadounidense Steve Dudeck, de Cambridge. Se suspendió la ceremonia de premiación. Y Zoe de Toledo seguía llorando.

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