Bwindi: el bosque de los gorilas de Fossey

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Bwindi: el bosque de los gorilas de Fossey

Bwindi: el bosque de los gorilas de Fossey

Sebastián álvaro

La zoóloga Dian Fossey y su ejemplo inmortalizado en la película 'Gorilas en la niebla' popularizó la situación de uno de los animales más fascinantes del planeta. Su lucha alertó al mundo sobre su frágil situación. Esta es una crónica de la expedición al corazón de Bwindi, en Uganda, tras sus pasos.

He llegado hasta aquí en un viaje fascinante. Hemos ascendido las montañas más altas del macizo del Rwenzori, siguiendo las huellas de Luis de Saboya, el aventurero cuyo ejemplo más ha influido en mi vida de explorador. Luego hemos recorrido buena parte de Uganda, tras los pasos de Stanley en busca de las fuentes del Nilo, atravesando el Queen Elizabeth, un Parque Nacional donde puede observarse la cadena de volcanes explosivos y la separación del Rift africano, entre elefantes, antílopes y leones trepadores.

Y ahora, casi de golpe, los tengo delante del visor de mi cámara. Nuestro guía señala en silencio hacia un punto entre la maraña vegetal que tenemos delante. Enfoco manualmente para no hacer el mínimo ruido, pero tengo que hacer un verdadero esfuerzo para distinguir algo en este caos verde en el que llevamos metidos más de una hora, agobiado por las gotas de sudor que me resbalan por la frente, la insoportable y pegajosa humedad y la impenetrable espesura del follaje.

Estamos, en efecto, en uno de los paisajes más salvajes y opresivos del planeta: el Parque Nacional del bosque impenetrable de Bwindi. En realidad es una redundancia porque Bwindi significa, precisamente, impenetrable. Pero por fin lo hemos logrado y a muy pocos metros tengo a los últimos gorilas de montaña, una de las especies más amenazadas del planeta. Nos movemos con cautela siguiendo las instrucciones de los guardaparques. Pero muy pronto la familia de gorilas se acostumbra a nuestra presencia y podemos acercarnos.

Son casi veinte miembros entre hembras, jóvenes y crías. El rey de la familia es un gorila formidable, de más de 200 kilos de peso y una envergadura de brazos de unos tres metros. Es el espalda plateada, el macho dominante que controla a todos los miembros de la manada, siempre dispuesto a intervenir cuando ve que la situación se altera o intuye cualquier peligro. No parece que ni nosotros ni nuestras cámaras entren dentro de esa categoría.

Intimidados.

Por el contrario, su presencia, cuando se acerca a muy pocos metros de nosotros, nos intimida. Quizá no sea sino el mito cinematográfico que anida en nuestras cabezas tras las diferentes versiones de King Kong. Si hoy puedo conocer de cerca a estos singulares animales, con los que compartimos un 98% de ADN y un mismo linaje evolutivo, es, en gran medida, gracias a la labor de una zoóloga norteamericana que entregó su vida a su estudio y protección. Dian Fossey recorrió estas mismas selvas por primera vez en 1967.

En realidad era una terapeuta que trabajaba con niños en un hospital, pero a la que los animales y África la fascinaron desde muy joven. Tanto que pidió un crédito para costearse un primer viaje al continente africano en 1963. En él conoció al arqueólogo Louis Leakey, quien ha aportado hallazgos decisivos para comprender la evolución de la especie humana. Leakey vio en Fossey la determinación y la pasión que creía imprescindibles -más que un bagaje académico previo- para estudiar a los gorilas y la animó a que lo intentase, como ya había hecho con Jane Goodall respecto a los chimpancés.

Desafío.

Dian Fossey aceptó el reto demostrando muy pronto lo acertado de la intuición del profesor Leakey. Dian consiguió ser aceptada por un grupo de gorilas, lo que le permitió conseguir un conocimiento de estos animales como nunca antes se había logrado. Pero Dian se granjeó muchos enemigos durante sus años de investigaciones, entre ellos los cazadores furtivos que diezmaban los grupos de gorilas. Ellos son los principales sospechosos de su asesinato a golpes de machete en 1985, y aún por resolver.

Fue enterrada en el cementerio que ella misma había creado para dar sepultura a los gorilas muertos por los cazadores. Pero su trágico final sirvió para dar a conocer la situación de esta zona del planeta, y comenzaron a darse tímidos pasos en la protección de este lugar único de África. Desde entonces, esta selva ha sido convertida en Parque Nacional, es Patrimonio de la Humanidad y la población de gorilas se ha duplicado. Su trabajo científico y su ejemplo, dados a conocer con la película Gorilas en la niebla, han sido decisivos para la concienciación mundial sobre la importancia de preservar esta especie y su entorno natural. Algo por lo que Dian Fossey luchó hasta el final de sus días.