Atraco a Campillo
Tavoris Cloud retuvo injustamente el Mundial FIB del semipesado.


El speaker cantaba el veredicto: "Tavoris Cloud retiene el título de Campeón del Mundo del semipesado por decisión dividida". Y el American Bank Center de Corpus Christi (Texas) estallaba en un espectacular abucheo. Gabriel Campillo, que ya estaba celebrando el título de la Federación Internacional de Boxeo (FIB), se arrodillaba incrédulo en su esquina. Dos jueces otorgaban 114-112 y 116-110 para Cloud y otro 115-111 para el de Vallecas. La polémica echaba a rodar imparable. Cuesta abajo, como la credibilidad del boxeo.
"Campillo mereció ganar esta noche", se quejaba el comentarista de Showtime, la televisión que ofrecía la velada para todo EE UU. Chuck Giampa, un reputado exjuez que va puntuando en directo los combates, alzaba vencedor al español por 114-112. "No hay razón alguna para que dos jueces dieran ganador a Cloud en siete u ocho asaltos, simplemente vieron otra pelea. ¿Por qué? Eso queda a su discreción. Incompetencia, corrupción...".
Era el final de una historia (y el principio de otra, la de una carrera con futuro de Campillo en EE UU) que comenzaba con un directo de derecha brutal de El Trueno en el primer round que daba con el español en la lona. Un aviso de lo que es el de Florida, un púgil de 28 años que venía invicto de 23 combates con un 83% de triunfos por KO. Pero Campillo (33 años, 21-4-1 ahora de récord) supo salir vivo de ese negro preludio para comenzar su exhibición.
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Rápido. Tras dos meses y medio en Oxnard (California) con el equipo de Maravilla Martínez, salió el trabajo. Bien plantado, rápido de piernas, sin querer entrar en la distancia corta, utilizando el jab de derecha para cruzar su zurda en combinaciones relampagueantes, clavando uppers con solvencia y evitando ser un blanco fijo se anotó la mayor parte de los rounds (quizá se le escaparon dos de once). Fue sumando y sumando puntos mientras a Cloud, menos talentoso pero con un peligro sordo, se le escapaba el cinturón e intentaba frenar desde la mitad del combate un corte en su párpado izquierdo.
Pero quedaba un duro golpe final. El campeón se retiraba derrotado a su rincón y el todopoderoso Don King, su promotor, subía al ring a consolarle. Todo el mundo digería la sorpresa. Menos dos señores, que tenían preparada la suya.