España "adopta" a la brasileña Rosángela
Obtuvo la nacionalidad española el pasado mes de mayo y recibió la convocatoria para vestir la casaca roja a comienzos de la pasada semana.
La brasileña Rosangela Sousa, integrante del Valladolid FSF desde hace cinco temporadas, será "adoptada" mañana por la selección española de fútbol sala que abordará, a partir del 5 de diciembre, la conquista del II Mundial de esta modalidad, que precisamente se celebrará en su tierra.
Se trata de coincidencia "surrealista", según admite durante una entrevista concedida a la Agencia Efe la futbolista, que obtuvo la nacionalidad española el pasado mes de mayo y recibió la convocatoria para vestir la casaca roja a comienzos de la pasada semana.
Desde entonces, luce una marcada sonrisa e irradia júbilo por el hecho de ser la primera jugadora de fútbol sala nacionalizada en participar con España en un Campeonato del Mundo, una oportunidad que ya asumió que no le llegaría de la mano del combinado brasileño años atrás, a pesar de que formó parte, allá por el 2005, del primer equipo femenino que se reunió para jugar un amistoso ante Paraguay.
Ahora representará a España, un país que siente en sus entrañas como "un padre no biológico" que le ha adoptado, le ha "acogido con mucho cariño, no sólo en lo futbolístico", apunta la jugadora, de 27 años.
"Es extraño que te valoren más en otro país que en el tuyo propio, pero siento una gran alegría por poder tener esta oportunidad que jamás imagine que me llegaría, y menos con España", desliza Rosangela, que recibió la noticia en el autobús que enfilaba el camino a su trabajo como monitora del comedor de un colegio.
Tenía los cascos del reproductor musical puestos, de ahí que no escuchase las primeras llamadas telefónicas. Cuando se quiso dar cuenta, las llamadas perdidas colapsaban su terminal, llegando a asustarla. "¿Habrá pasado algo", se preguntó.
Sí, pero nada malo y fue una excompañera y amiga la que lo ratificó al comunicarle la espléndida noticia. "No pude saltar ni gritar, pero sí que notaba como la gente me miraba", relata Rosángela, quien estaba ansiosa por compartir esa felicidad con "mucha gente".
Lo hizo una vez acabada su jornada laboral. Su perfil en la red social Facebook multiplicó su actividad y ya por la noche informó a su familia que regresaría a Brasil para jugar con España el Mundial que acogerá la ciudad de Fortaleza.
Se trata de una localidad situada a cuatro horas de avión de su Sao Paulo natal, lo que complica que su padre, su madre y sus hermanos puedan ir a verla jugar por cuestiones laborales. Lo explica con pena en el único momento de la entrevista en el que Rosángela pierde su radiante gesto.
"Ojalá puedan. Está un poco lejos (tres días por carretera). Ya me han dicho que me animarán a mi y a España aunque sea por televisión", apostilla la versátil jugadora, a la que "no" le preocupa que la "torcida" brasileña pueda increparle durante el transcurso del campeonato por el hecho de vestir una elástica diferente a la amarilla.
Nada podrá estropear el premio que para ella supone esta oportunidad, la cual aterriza tras dos años peleando por obtener la nacionalidad española y casi otro en el dique seco por una rotura del ligamento cruzado de su rodilla, lesión que superó definitivamente el pasado mes de septiembre.
El reconocimiento a su labor deportiva que ha supuesto su alineación en la selección lo saboreará a partir de mañana, justo cuando se concentre en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas (Madrid) con sus compañeras. Mientras tanto siente "curiosidad" por el recibimiento y su acoplamiento al grupo que conforma la selección española.
Destierra el nerviosismo y asume con naturalidad que su papel dentro del equipo "no" será "protagonista". Sólo cavila dar el "cien por cien" cada vez que la suela de sus zapatillas pise el parqué de Fortaleza.
Una cancha en la que, en su opinión, España tiene posibilidades de cuajar una gran actuación y alzar el título de campeona del Mundo, aunque, según analiza, hallará en Brasil y Portugal dos serios y duros opositores.
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Un poderoso contrincante, el primero de ellos, cuyo estilo de fútbol sala difiere del español en el grado de individualismo. "El juego brasileño es más técnico e individual, mientras que en España prima más el conjunto, el toque. Mi juego, con el paso de los años, se ha hecho más europeo", explica Rosángela.
La jugadora, tras varios años en España, también percibe otras diferencias entre ambos países al margen de los aspectos futbolísticos y culturales. Aquí ha encontrado una "tranquilidad", una "seguridad" que en Brasil, a pesar de que la situación económica y política "ha mejorado" no encuentra. "Todavía hay mucha delincuencia", sentencia.