Mil golpes legales y un placaje prohibido
La roja al galés Warburton aún crea controversia

Entre los seres más fuertes que existen, junto a sansones y titanes, debería incluirse a un jugador de rugby. O a dos. O una melé. Cuesta creer que existan hombres más duros que aquellos que pelean por un balón ovalado; si fueran seres mitológicos (que no andan lejos), la leyenda diría que la pelota empezó siendo redonda y la convirtieron en sandía de tanto estrujarla. Tampoco es sencillo imaginar tipos más nobles. Es raro que el jugador de rugby se tome como una afrenta personal la embestida de un camión en calzón corto. Al contrario, el tercer tiempo se utiliza para compartir con el adversario, entre jarras y compadreos, la hermosa experiencia del placaje y el aplastamiento.
Aunque pocas, hay excepciones. La imagen que nos acompaña, por ejemplo. Sucedió en las semifinales del Mundial que se celebra en Nueva Zelanda y hoy termina. El galés Warburton, capitán de su equipo (y compañero de pupitre del futbolista Gareth Bale) placó al francés Clerc volteándole hasta hacerle caer boca abajo. Una acción (levantar los pies del rival por encima de sus hombros) que se denomina clavo y tiene origen polinesio, pues fueron jugadores de ese país los primeros en plantar rivales con los pies hacia el cielo. El dibujo podría resultar cómico, pero el riesgo es extremo, dramático. Peligran las cervicales, la columna y amenaza la paraplejia.
Warburton fue expulsado por el árbitro irlandés Alain Rolland y Gales pagó con la derrota su inferioridad en las melés. Los galeses protestaron amargamente y no faltaron franceses que consideraron excesiva la sanción. Al fin y al cabo, Warburton no había cargado con su cuerpo al jugador volteado, ni había hecho intención de troncharle el cuello, que así se completa el placaje polinesio. Pero ya no había remedio. El galés era el segundo jugador expulsado del torneo por una acción que se dio en ocho ocasiones más y se liquidó con sanciones menores.
Queja.
Gales lloró por su triste derrota y Francia por su rácana victoria. El Western Mail dedicó una portada sin fotografías a la frustración del país. Junto al titular "¿Es así como te sientes?", una letanía de lamentos, muchos dedicados al árbitro: "Ojalá hubiese sido otro, ojalá hubiese mostrado tarjeta amarilla, ojalá lo hubiese pensado más, ojalá hubiese tenido más empatía con el juego y con los jugadores...".
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El mundo del rugby zanjó pronto el debate: si el árbitro lo pitó, no hay más que hablar. Son gente extraña, ya lo advertimos. Casi mitológica.
Esta mañana les bleus buscarán el título bajo la sombra de Warburton. Así es este juego de villanos practicado por caballeros. Así son los hombres más fuertes del mundo. Su honor tiene más bíceps que sus brazos.