"Me gusta ir sola y sin oxígeno; así decido yo"
La asturiana Rosa Fernández es un ejemplo de que la determinación te puede llevar a donde quieras: a conquistar seis ochomiles (es la segunda española tras Edurne Pasaban), los dos últimos tras superar un cáncer de mama, o a recorrer el Himalaya en bicicleta subiendo hasta 5.000 metros.


Rosa Fernández (Cangas del Narcea, 51 años) parece frágil, pero no lo es, y sonríe con dificultad, pero porque sus labios reventaron por efecto del frío y la diferencia de altitud en Katmandú. Acaba de aterrizar en Madrid tras conquistar el Manaslu (8.163 m), su sexto ochomil, y ya piensa en curar su maltrecho dedo gordo del pie derecho para volver al Himalaya. "En abril voy a intentar el K2", avanza nada más pisar AS, y la define como una montaña "muy directa", obviando la leyenda negra de ese vértice perfecto de 8.611 metros en el cual muere una persona de cada cuatro que alcanza la cumbre. Su carrera no es una carrera, sino una competición contra sí misma extraña en el comercializado mundo de la montaña.
"Voy sola y sin oxígeno", explica. "Me gusta porque decides tú. Si vas con más gente, al final estás pendiente de otros, de su salud... Y te puede acabar condicionando. Además, necesitas más dinero y es difícil conseguirlo", relata. Sólo un sherpa le acompaña.
Veinte días.
Hacer cumbre en el Manaslu, 20 días de ascensión, le ha costado casi 9.000 euros, en parte aportados por Café Toscaf en parte de su propio bolsillo. "Cuando llevas un equipo fuerte puedes arriesgar más. Piensas en que te pueden bajar. Subiendo sola hay que saber cuándo darse la vuelta". Lo hizo, por ejemplo, en el Shisha Pangma porque "no sentía los dedos de los pies". Con ese estilo, puro, es ya la segunda española en ochomiles tras Edurne Pasaban, que tiene los 14.
Pero en el 2009 Rosa sí que sintió que, quizá, tendría que dar la espalda a la montaña. Se le diagnosticó un cáncer de mama. "Un palo muy grande -recuerda- porque iba a ser mi año diez. Tenía patrocinadores, partía a una expedición y llegó cuando menos lo esperaba. Me operaron y el deporte me ayudó a mantener la cabeza ocupada".
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Por eso, el domingo 16 estará en una marcha ciclista contra el cáncer que llevará lazos rosas de San Vicente de la Barquera a Peña Vieja (con 2.617 m.). Después de derrotar al temido bicho, ha vencido al Kanchenjunga y al Manaslu.
El ciclismo es su otra pasión. Con su equipo de mountain bike Una a Una subió hace poco La Farrapona. Y antes había recorrido sola los caminos del Himalaya. Una travesía de 1.200 km a 3.600 metros pasando por seis puertos a más de 5.000. "Hay que estar preparado físicamente, pero la mente es la que manda, la que te empuja", dice bajito. Uno se la imagina sin perder los nervios a 7.000 metros, como en el Manaslu, donde estuvo cinco días incomunicada y los tres últimos "con un caramelo y agua porque no me entraba nada". No es frágil Rosa, no.