Montañismo | El adiós de uno de los más grandes

Murió Bonatti, un mito

Walter Bonatti (22-6-1930, Bérgamo, Italia) es considerado uno de los referentes más importantes de todos los tiempos en alpinismo y aventura. No sólo por sus hazañas, pioneras en los años 50 y 60, sino por su ejemplar ética en el mundo de la montaña.

<b>EN SOLITARIO. </b>Walter Bonatti durante una de sus travesías en el desierto de Namibia.
Actualizado a

Ha muerto Walter Bonatti en Roma a los 81 años de edad, no sólo el alpinista más grande de su generación sino la mayor referencia ética en el mundo de la montaña. De todos los grandes escaladores del siglo pasado Bonatti sintetiza como pocos los valores esenciales de este noble deporte: la pureza y la estética deportiva, la exigencia personal y el compromiso con la incertidumbre y el riesgo, y sobre todo con la ética que debe ir asociada a las actividades en la montaña.

Aunque se pueda decir con justicia que el historial de su compatriota Reinhold Messner es superior, sin embargo la cantidad y calidad de sus empresas alpinísticas, realizadas quince años antes, de sus viajes y exploraciones son de tal calibre que todavía hoy constituyen un punto de referencia. Y lo es aún más su pensamiento, que ha marcado a generaciones de montañeros.

Pionero.

Su figura es esencial para entender el alpinismo y la aventura de hoy en día, a pesar de que no ascendió ninguna montaña de ocho mil metros. Algunas de sus escaladas, como la del famoso pilar oeste del Dru, o la cara norte del Cervino, ambas en solitario, su dramática aventura en el pilar central del Freney, en 1961, la expedición del K2, en la que cargó con las botellas de oxígeno de sus compañeros, o la escalada de la más bella montaña del Karakorum, el Gasherbrum IV (7.925 m), sin repetir aún, han tenido mucha más trascendencia que las ascensiones que hoy se realizan en el Himalaya.

Pero también sus fotografías y exploraciones, del Amazonas a la Antártida, cuando casi nadie había descubierto estos nuevos terrenos. Muchas personas, entre las que me incluyo, alimentamos nuestros sueños con sus aventuras. Muchos alpinistas jóvenes ansiábamos ser Bonatti, sin saber que sólo había uno y era, hoy lo sabemos con certeza, irrepetible. Pero su vida no fue fácil: de una familia modesta logró sobresalir por su audacia y esfuerzo y pudo ser incluido en el equipo del K2 en 1954. Tras su conquista, que propició que dos compañeros alcanzaran por primera vez esa cima, no se reconoció su papel, esforzado y solidario, y se enfrentó a una campaña insidiosa.

Calumnias.

De nada valieron las hazañas que Bonatti llevó a cabo entre 1955 y 1965. Una buena parte del aparato del Club Alpino Italiano (CAI), y algunos medios de comunicación italianos, seguían poniendo en duda su aportación vital para la conquista del K2. Pero Bonatti estuvo peleando cincuenta años -fue un incansable luchador en la montaña y en la vida- y al final el CAI no tuvo más remedio que rehabilitar su figura. Bonatti, con cierta ironía amarga, les contestó que él no necesitaba rehabilitarse, quienes lo necesitaban eran ellos. Fue el triunfo de la ética frente a la calumnia. Detrás de sus escaladas, sus artículos, sus viajes, muchos fuimos madurando intentando seguir su ejemplo: siempre más alto, más difícil, más lejos.

Filosofía.

Cuando un día me propuse hacer un programa de televisión, al que bauticé como Al Filo de lo Imposible, puedo confesar, con cierta humildad, que intentaba seguir sus huellas. Que años después me contara entre sus amigos es una satisfacción que puedo lucir con orgullo. Hace dos años, en la última entrevista que le hice, me confesó que hoy no sería alpinista, porque tras la proliferación de medios y botellas de oxígeno se escondía "la muerte del escalador. No es un hecho sólo material, es psicológico. Los alpinistas de hoy viven su propio tiempo, perfecto para ellos. Pero no han conocido la dimensión del alpinismo clásico. Soy hombre de otros tiempos y prefiero estar en ellos. Antes se medía al alpinista por su capacidad de sufrimiento. Si conseguías pasar, te habías superado, y, si no, reconocías tus limitaciones y volvías a intentarlo. Ahora no existe eso. Sólo el triunfo, falso, y la gloria, que no valen nada. ¿Y al final qué has conquistado? Has subido sólo una roca, pero no has conquistado tus límites, no has conquistado nada, no has superado lo imposible, ni sientes la fascinación por la superación de lo imposible"

Retirada.

En 1965, harto de polémicas, realizó su última gran escalada, la cara norte del Cervino en invierno y solo, y se retiró del envidioso mundo que le perseguía. Tenía 35 años y hubiera podido seguir. Su temprano eclipse bebía del mismo silencio de esos artistas, contemporáneos suyos, que lo abandonaron todo en plena juventud: la actriz Greta Garbo, el ajedrecista Bobby Fischer o Jacques Brel, que se retiró de la canción en 1966, a los 40 años.

Noticias relacionadas

Tal vez aquel mundo complejo, que estaba gestando el que vivimos, ya no se merecía ni otra canción de Brel ni otra escalada de Bonatti. Sin embargo, su retirada estaba abriendo puertas a la imaginación y a la aventura. Y lo hizo con una sensibilidad que nos emociona y que nos hace recordar aquel mundo que él sí tuvo la suerte de vivir.

Detrás de esa mirada curiosa descubrimos al hombre que eligió la dureza de una vida vivida con incertidumbre frente a la comodidad de la certeza, la curiosidad de adentrarse en lo desconocido frente a la estabilidad de lo conocido y el confort de lo reglado, la audacia y la ilusión del principiante, frente a la instalación placentera con lo que se ha hecho. En una palabra al aventurero, que nunca se está quieto, que siempre se arriesga, a pesar de que allí se pueda fracasar, porque ahí es donde se siente vivo. Fiel, honesto y coherente hasta al final. Que la tierra te sea leve, amigo.

Te recomendamos en Polideportivo