Bronce de Natalia
Simpson e England la adelantaron en la recta final de los 1.500

A Natalia Rodríguez le debían una medalla de oro, pero se la devolvieron bañada en bronce... dos años después. El título coleaba desde Berlín 2009, cuando fue injustamente descalificada después de llegar primera a la línea de meta. Tenía una asignatura pendiente. Y la ha aprobado.
En Berlín, la etíope Gelete Burka cayó al suelo, montó el número y propició que el público berlinés, habitualmente entendido, sentenciase a muerte a Natalia.
La española había intentado pasar por dentro a falta de 200 metros, Burka vio la maniobra y se cerró, echó de la pista a la tarraconense, pero con su ímpetu cayó al suelo. Y luego vino todo lo demás.
Así fueron las cosas. Los jueces se dejaron llevar por el loco clamor popular y la Federación Española reclamó a medias, sin mucho empuje, sin demasiado entusiasmo. Quién sabe por qué...
Jaime Lissavetzky, entonces secretario de Estado para el Deporte, se lo reprochó en público a José María Odriozola, presidente de la Federación Española, cuando sus relaciones ya habían dejado de ser fluidas. Ayer, todo fue bastante diferente. Natalia corrió con la excelencia que la caracteriza. Atrás al principio, cambio de ritmo a falta de unos 600 metros para la meta, líder hasta que las hostilidades se desencadenaron a falta de 100 metros. Y ahí fue la guerra.
Natalia iba a ser la ganadora, todo tenía el color del oro, pero aparecieron por detrás, como fantasmas inesperados, la estadounidense Jennifer Barringer-Simpsom y la británica Hanna England, que batieron a Natalia en la recta final. Dos medallistas sorprendentes, dos mujeres que en principio no contaban para casi nada.
Apuestas.
Nadie las tenía en cuenta. El triunfo de la ganadora se pagó en algunas casas de apuestas a 81-1. Habrán apostado por Barringger-Simpson ella misma y sus amigos. Y Algunos se habrán hecho millonarios, si han sido generosos en la apuesta.
Pero Natalia Rodríguez ya tiene una medalla mundialista. Un bronce con todas las de la ley. Una pena que no haya podido revalidar el oro que conquistó legítimamente hace dos años, en Berlín. Pero un bronce es un bronce.
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Natalia abría el medallero para España. Y la cuenta de finalistas. Las cosas no pintan bien en los Mundiales de Daegu para nuestros atletas, como suele ocurrir cuando las sedes de las grandes competiciones están lejos, muy lejos de España. Será el jet-lag.
Menos mal que tenemos a Natalia.
