Bolt venció en su pista maldita con la ley del mínimo esfuerzo

Usain Bolt venció por fin en el viejo Estadio Olímpico de Estocolmo, pero lo hizo deslucidamente, en una carrera pobre de 200 metros a la que él no quiso dar lustre. Soplaba fuerte viento en contra, con lo que la marca esta descartada, y los rivales no eran de consideración, así que El Relámpago se limitó a hacer una curva relativamente rápida, a comprobar que llegaba a la recta en primera posición y sin nadie que le inquietase y a cumplir el trámite de llegar a la meta en primera posición. Se desplaza con dureza, sin la elegancia de tiempos pasados.
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La carrera recordó mucho a la de hace algunas semanas en París, donde acabó en un tiempo parecido, aunque entonces con rivales de más enjundia, con un clima desastroso y con la pista peligrosamente mojada. Ayer Usain terminó en un tiempo de 20.03 y enlazó dos carreras seguidas en más de veinte segundos, algo inédito en él. Está claro que no quiere riesgos, que no busca marcas, que sólo quiere llegar a los Mundiales en perfecto estado de salud, sin lesiones, sin problemas.
Allí sí tendrá que correr. Mucho más que ayer. Esta temporada todo se resume a ganar en la ciudad coreana. Lo demás es absolutamente sacrificable.
