Ocho páginas de toros en 'Sports Illustrated'
Analiza la Fiesta en 'La Peligrosa Obsesión de Antonio Barrera'


En el verano de 2010, la Fiesta de los toros volvió a despertar interés, ancestral y morboso, en el mundo ilustrado anglosajón. Influyeron varias circunstancias: las imágenes de la escalofriante cogida propinada en el paladar a Julio Aparicio por el toro Opíparo, de Juan Pedro Domecq, en la Monumental madrileña plaza de Las Ventas. O el movimiento abolicionista en Cataluña, al fin consumado, que entrará en vigor en 2012. Todo, dentro del halo romántico-antropológico con que la civilización occidental mira las cosas de España.
"Dígame usted si ha sido asaltado por un bandolero o, al menos, si ha asistido a una corrida de toros", era la pregunta que recibían en su país los viajeros por la España del Siglo XIX. Incluso el Almirante inglés Lord Nelson llegó a asistir a festejos taurinos en Cádiz; Nelson expresó su admiración por la valentía de los matadores y su disgusto por las broncas feroces del público, capitaneado por grupos femeninos. "No me hubiera disgustado que se hubiera expulsado de la plaza a ciertas espectadoras de las más procaces", contaría Nelson, muerto en 1805: Trafalgar.
Al socaire de los sucesos que pasaban en Las Ventas y Cataluña, Sports Illustrated, el gran magacín deportivo estadounidense, maduró la realización de un gran reportaje actualizado sobre el momento del espectáculo taurino en España. Sports Illustrated ya había tratado el tema de los toros varias veces en los años 50 del Siglo XX, en plenas secuelas de la trágica muerte en Linares (1947) de Manuel Rodríguez Manolete, tras ser corneado por el toro Islero, de Miura. Geoffrey Gray, uno de los mejores freelancers de EE UU, colaborador de The New York Magazine y de The New Yorker, recibió el encargo de viajar a España y sumergirse en el mundo de los toros para ofrecer esa actualidad al gran mercado mediático estadounidense.
Tradición.
Un poco como Ernest Hemingway, Gray recorrió puntos clave: Sevilla, Santander, Madrid, Béziers, Perpignan e incluso pisó Zahariche, el legendario cortijo donde se crían los toros de Miura, en el corazón del calor de Andalucía, entre Lora del Río y La Campana, provincia de Sevilla. Centró su trabajo en el matador de toros Antonio Barrera y en su dramático empeño de cortar una oreja a un toro de Miura, en cumplimiento de una promesa a su padre moribundo: José Manuel. Gray se entrevistó con toreros, periodistas y gente del toro. Y conoció de cerca a Antonio y Eduardo Miura, titulares de la legendaria ganadería: los toros de Miura son los que más muertes han causado en la historia de la Fiesta, lo que Gray resume en tres palabras: "La Leyenda Negra".
Al fin, en el número del pasado nueve de mayo, (Volumen 114, número 19), Gray dedica ocho páginas completas de Sports Illustrated al mundo de los toros, con formato de relato novelado, bajo el título: La Peligrosa Obsesión de Antonio Barrera. Una gran fotografía del torero sevillano (de Mairena del Alcor) abre el reportaje, que bascula entre la promesa idealizada de Barrera a su padre, en el lecho de muerte, y la leyenda casi mitológica de las reses de Miura.
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Escribe Gray: "Todos los toros de Miura tienen masivas patas delanteras; sus esqueletos son inusualmente largos () y además están los ojos de los Miuras: parecen casi humanos. Se cuenta en Sevilla que, a comienzos del Siglo XX, el famoso matador El Gallo (Rafael Gómez Ortega) se cuadró ante un Miura para darle muerte y entonces se apartó del toro. El Gallo pasó una noche en el calabozo por incumplimiento de contrato. Preguntado por sus razones, (Rafael) dijo que cuando miró en los ojos del toro, vio que le miraba con los mismos ojos de su mujer, Pastora Imperio, la ardiente bailarina de flamenco". Este fue un hecho verídico.
"Cuando un toro pasa junto a un matador, transfiere su poder al cuerpo del torero y bombea tanta energía que (el torero) queda transformado", se admira Gray, quien detalla los numerosos percances de Barrera en su peligrosa obsesión. Hoy, Gray sigue por España, fascinado por Barrera y los toros de Miura: aquellos toros que miraban con "los mismos ojos de Pastora"