El futuro de la sincro es de las 'hijas de Mengual'
Son seis caras nuevas y tienen entre 17 y 21 años


Cuando Gemma Mengual se lanzó a una piscina en su primera competición internacional (1996), parte del actual equipo de sincronizada apenas se sostenía en el agua sin ayuda de un flotador. La mayor de la nueva hornada es Paula Klamburg (1989), quien ya compitió en el Mundial de Roma, en 2009. El resto se ha ido añadiendo esta temporada en el cambio generacional que ha desarrollado Anna Tarrés. Este grupo debe llegar a los Juegos de 2016, como mínimo.
Ellas trabajan a destajo. Hacen horas extras para ponerse a la altura de las veteranas. "Gracias a la experiencia de mis compañeras aprendemos más rápido", asegura Klamburg. Para ninguna pasa inadvertida la figura de Mengual, cuya seducción mediática y éxitos han ayudado a este deporte. "Yo era la típica fan. Me hacía fotos con ella y le pedía autógrafos cada vez que la veía. Quería tener hasta sus bañadores", apunta Irene Montrucchio (1991), entre risas de sus compañeras. "Mi madre fue una de las primeras en practicar este deporte. Nadaba junto a María José Bilbao, que ahora es juez internacional", señala Clara Basiana (1991), hija de Antonia Cañellas, campeona de España con el Kallipolis desde 1974 hasta 1982.
Benjamina.
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A Laia Pons (1993), la más joven, la sincronizada le llegó gracias a un profesor, el mismo caso de Cristina Salvador (1991). "Mi ídolo siempre fue Andrea Fuentes", destaca la primera, mientras Salvador comenta que "casi ninguna de nosotras ha competido oficialmente junto a Gemma". Judit Requena (1992) cree que "estar aquí es algo muy grande".
La nueva generación, capitaneada por Ona Carbonell (1990), cuenta con más integrantes. Margalida Crespí (1990) y Clara Camacho (1994) ya compitieron recientemente en la World Trophy de Moscú, cuando España venció a Rusia: el horizonte que persiguen las hijas de Mengual.