Lissavetzky voló de N.Y. para no fallar en su cita con Trini
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El secretario de Estado tiene fama de viajero, pero Jaime Lissavetzky ha demostrado que no selecciona, que va donde cree que es necesario, y donde le reclaman. Y si se compromete no falla. El lunes estuvo en Nueva York viendo la final de Nadal ("posiblemente, el mejor deportista español de la historia"), y voló para llegar a la cita con Trinidad Jiménez en el Ministerio de Sanidad, porque tenían que firmar un protocolo de cara a que los médicos receten deporte. Eso sí, llegó con retraso "por culpa del vuelo", y a la precandidata del PSOE a la Comunidad de Madrid, el candidato del PSOE al Ayuntamiento de la Capital le regaló un sombrero del US Open, a modo de gentileza.
Trinidad y Jaime van en equipo y llevan tiempo coincidiendo. Aunque a Lissavetzky se le notaba un rictus de cansacio ("mirarme que pintas traigo", dijo), no iba a dar plantón ni a la ministra ni a su amigo Juan de Dios, a quien había citado para completar la agenda. El secretario se mueve; le obliga su cargo.
