España no despega en la pista de Barcelona
Vacío de medallas para los marchadores y en 10.000 metros.


Los sueños de tripletes del presidente José María Odriozola se dieron el primer baño de realidad. Los 20 kilómetros marcha y la final de 10.000 metros se cerraron sin medallas españolas.
La marcha marca un hito negativo: desde 1974, en el Europeo de Roma, España siempre había contado al menos con un finalista sobre 20 kilómetros. Y desde 1982, siempre se consiguió alguna medalla europea sobre esa distancia. La racha se rompió en Barcelona: el primer español, Juanma Molina, entró noveno. En los puestos 14 y 18 llegaron Miguel Ángel López y José Ignacio Díaz.
Aunque, en vísperas, el presidente Odriozola se negó a enjuiciar la situación de Paquillo Fernández (suspendido oficialmente por dos años), la sombra del sancionado marchador de Guadix se proyectó abrumadoramente sobre esos 20 kilómetros, gobernados por el ruso Emelyanov. Odriozola afirma desconocer el futuro inmediato de Paquillo.
Al fracaso de la marcha (que esta misma mañana puede tener enmienda en la prueba femenina sobre la misma distancia) iba a unirse otra desilusión sobre diez kilómetros. Ya con la noche cerrada sobre Montjuïc y unos 15.000 espectadores en el estadio, los españoles Lamdassem, Castillejo y Penas miraban al podio. Los británicos Farah y Thompson se alzaban como amenazas.
A la hora de la verdad sonó una carrera lentísima (14:38.10 en 5.000 metros) que los españoles no supieron manejar. Penas se retiró poco después del primer kilómetro. A falta de 4.000 metros, el inglés Mohammed Farah, nacido en Somalia, envolvió en su zancada sedosa a Ayad Lamdassem, español nacido en Sidi Ifni y nacionalizado en 2007, tras huir en Santiago de Compostela del equipo marroquí que competía en el Mundial universitario de cross, en 2002.
Lamdassem, que hoy vive en Lleida, no estuvo tan listo sobre la pista de Montjuïc como aquella noche de Santiago. Se dejó arrastar por Farah que le invitó a relevar, a falta de 1.300 metros. Lamdassem picó el anzuelo. Hizo el gasto y, a falta de 300 metros, Farah le atacó y desbordó. Por detrás picaban espuelas Thompson y el italiano Meucci, que adelantaron en la recta al desfondado Lamdassem. Ayad acabó cuarto, bastante hundido: "Pensé que había asegurado la plata y a falta de 150 metros los tenía encima y no pude más. No tenía que haber tirado". Castillejo entró quinto. La realidad es mal enemigo para los sueños.
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