A propósito de Hispania y su evolución
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Esto de la nueva sociedad de la información es todo un invento. Entre sus muchísimas ventajas, de las que me considero un incondicional, encuentro algunas especialmente valiosas a nivel profesional: desde acceder a un universo de información de forma casi inmediata a poder compartir desde el Twitter (como estamos haciendo este año) los grandes premios con los lectores del As que lo desean, pasando por pulsar la opinión de los aficionados a través de sus comentarios en nuestra web. Una interactividad que me resulta muy enriquecedora, sobre todo por lo que tiene de pluralidad y crítica. En tal sentido, ayer muchos seguidores de este periódico cuestionaron, algunos con crudeza, mi opinión sobre considerar poco significativo el hecho de que un Hispania lograse terminar el GP de Australia. Y como soy respetuoso con esas opiniones, pues quería argumentar lo de que "a mí que Hispania acabe un gran premio no me llena de orgullo patrio".
Vaya por delante que me reafirmo en ello. Y no se trata, como algunos pueden pensar, de ninguna cuenta pendiente con el equipo, de ninguna fobia hacia sus directivos, ni, por supuesto, de algún interés oculto en su contra. La realidad es que he seguido de cerca toda la transformación de Campos Meta en Hispania y el cúmulo de despropósitos ha sido tal, que no me consuela lo más mínimo ver cruzar la meta a un coche renqueante... a cinco vueltas del ganador. Les aseguro que me encantaría que todo hubiera sido de otro modo. Tanto como valoro el trabajo y el esfuerzo de algunos de sus profesionales. Sin embargo, para mí esa entrega no es suficiente para obviar el daño que se ha hecho y se sigue haciendo al automovilismo español: patrocinadores perdidos para la causa, pilotos defraudados, una especulación indecente, desidia, desorganización, amenazas... Podría continuar, pero para qué. Que me perdonen una vez más, pero a mí no me van a convencer de que pase página tan fácilmente porque los mecánicos (que no tienen culpa de nada) se han pasado un fin de semana sin dormir... Que se hubieran enterado antes de dónde se metían. Yo jamás trabajaré en el 'Financial Times' porque no sé suficiente inglés, no tengo ni idea de economía y seguro que tampoco siquiera el talento periodístico necesario para hacerlo. Eso sí, ganas le pongo muchas. Quizá me contraten...
