Beitia sólo cedió ante la todopoderosa Vlasic
Consiguió la plata en altura, primera de los españoles en Doha


El microcosmos del salto de altura femenino vivió bajo el caos. Y de ese caos de casi dos horas extrajo Ruth Beitia un subcampeonato mundial, la cima de su carrera: justo cuando cánticos y oraciones en amhárico, en pura fiebre etíope, atronaban el Aspire Dome en honor a Defar y Mekonnen, descarnados lebreles.
Y, en el fragor, entre los gritos triunfales de la vallista Lolo Jones y entre la brutal explosión de vatios llamada Dwain Chambers, para Beitia sólo existía un hombre en el Dome: su entrenador, Ramón Torralbo, con quien iba ajustando el talonamiento a grito limpio, desde la pista a la grada.
Beitia abría turno y subió sin fallo hasta 1,92. Pero en 1,94 y 1,96 cometió sendos nulos que la dejaron cuarta provisional, tras Vlasic, Shkolina y Howard. En 1,96 cayó Emma Green, la Marilyn Monroe del equipo sueco. "El problema es que Ruth va muy rápida, llega a la batida como un cañón y se queda sin sitio", analizó Torralbo, que aconsejó a Beitia un retraso de medio pie en el arranque de la carrera: esto, en una jaula de grillos y con la zona de concursos invadida por pertiguistas, vallistas, saltadores de longitud y jueces despistados
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Con el ajuste ordenado por Torralbo ("acaba el salto, empuja"), Beitia franqueó 1,98 al primer intento: ahí empezó a subir al podio. En el caos, Shkolina se agobió y el fracaso de la rusa sobre 1,98 ya garantizó el podio a Ruth. Torralbo temía a Chaunté Howard, pero la estadounidense sintió la presión. Beitia no podía con los dos metros y Howard, tampoco. Vlasic sí los pasó a la primera: fácil, insolente, imperial.
Los dos metros fueron demasiado para Beitia y Howard. Con idéntico número de intentos nulos, Ruth se colgó la plata por haber superado 1,98 al primer intento. Vlasic, ya campeona con su acierto inicial sobre dos metros, pidió 2,05, pero, por buena que sea, no cabe negociar esa altura sin tensión competitiva. Y, con el último nulo de Vlasic, Ruth Beitia empezó a vivir los minutos más felices de su carrera. Del tormento al éxtasis de plata por medio pie.