Fóro Ferrándiz-As | Esgrima

"Con la medalla, ves pasar toda tu vida por delante"

Pirri sacó la esgrima de la clandestinidad tras su bronce en Pekín.

<b>ENTREGADO. </b>Pirri explicó los rudimentos de la esgrima en una improvisada exhibición con Tomás Roncero. La espada, eso sí, se cambió por una de gomaespuma.
Jesús Mínguez
Redactor Jefe Más Deporte
Nació en Guadalajara en 1973. Licenciado en Periodismo por la Complutense. En AS desde el año 2000, es redactor jefe de Más Deporte. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos y unos Paralímpicos, Grand Slams de tenis, Davis, Laureus, candidaturas olímpicas, política, dopaje o grandes combates de boxeo. Le gusta escribir de deporte y también practicarlo.
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Todo lo que ha pasado en mi vida está concentrado en un tocado". La frase no está extraída de un folletín de espadachines del XIX. La pronunció ayer, en el Foro Ferrándiz-AS, alguien a quien Don Pedro, el anfitrión, hizo este retrato: "Mide 1,94 y pesa 87 kilos. Tiene cuerpo de alero de baloncesto, pero es más Capitán Alatriste que Michael Jordan". El personaje era, es, José Luis Abajo Pirri (Madrid, 31 años). Bronce en espada en los Juegos de Pekín. La primera medalla de la esgrima española. "Una de mis metas era participar en unos Juegos y sabía que conseguir una medalla significaba hacer historia. Ahora, siempre que se hable de ella se hablará de Pirri". De ese inquieto chaval al que sus abuelos llamaban Pirracas por unos antiguos y populares dibujos.

Su historia está hecha de "causalidades y no de casualidades". De esas leyes invisibles tras las cuales se desencadenan efectos. "Vivía en Zaragoza, porque mi padre era piloto de cazas, y practicaba la natación. Con 11 años, él falleció en un accidente de esquí. Vinimos a Madrid, a Moncloa. Después de un año, encontré en el buzón una publicidad de la Sala de Armas de Vallehermoso. Por casa había espadas de mi padre, que practicaba el pentatlón aeronáutico. Tomé una y tuve una sensación especial. En el club encontré a mi maestro (Ángel Fernández, olímpico en Los Ángeles, Barcelona y Seúl), con el que llevo 20 años y a quien pertenece la mitad de mi medalla".

A partir de ahí, comenzó una pasión con la que ha tocado la gloria. "Creo que en la vida es necesario el deporte como fundamento para adquirir valores. La Sala de Armas se convirtió en mi domicilio. La balanza entre estudios y esgrima se fue desestabilizando, con las consiguientes broncas con mi madre, a la que ahora comprendo".

Futuro.

Eligió fiarlo todo a la espada, y ahora que ya es alguien (fue bronce también en el Mundial de Anatolia del pasado año y plata por equipos en Turín 2006) intenta acabar Empresariales, realiza un Masters de Coaching Deportivo y otro de Comunicación y ha montado una empresa (www.pirriesgrima.com) con la que intenta inculcar los valores de su deporte a ejecutivos. "Bien te valdría añadir una navaja a tus armas en ese caso", le aconsejó Ferrándiz.

En un arte en el que se trata "de adivinar y de engañar", un arte de birlibirloque, un todo o nada, Pirri tiene claro cómo hay que afrontarlo: "Un deportista de élite siempre se ha levantado una vez más de las que ha caído. He salido llorando de competiciones, pero siempre me he rehecho. Dejarse llevar es peligroso. Un amigo mío dice que hay que plantearse el objetivo en cuatro grados. Primero, el mínimo, que era intentar clasificarme para los Juegos. Segundo, el realizable, que deja satisfacción, como fue conseguirlo. Tercero, el superior, en el que has puesto el 100% de lo que tienes: el diploma olímpico. Cuarto, el sueño, lo que consigues tras toda una vida. Y el mío se ha cumplido. ¿Mi sueño para Londres 2012? Voy a intentar cambiar el color de la medalla por la plata o el oro".

"Comencé la clasificación en la Copa del Mundo de París, un país con 100.000 licencias, y en la final un húngaro, Gabor Boczko, me dio una paliza. En Montreal, me volvió a ganar, pero fue más igualado. Ya estaba en Pekín. Dos días antes de competir participé en el desfile. Indescriptible, pero ocho horas de pie. Acabé como uno de esos días en los que te vas de marcha y se te hace de día. El día previo, estirando, me dio un tirón en la espalda. No podía levantarme. Solución: tres inyecciones de Voltaren. Me vino a la mente la peli de El Cid, atado al caballo en su última batalla".

A una carta.

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"El día de la competición no sentía dolor. Y llegué al 'asalto de los horrores'. Sólo en los Juegos se compite por el bronce. Y allí estaba él: un tal Gabor Boczko. Decidí jugármelo todo a una carta. Llegamos a siete iguales. Se sorteó la prioridad (si tras un minuto no hay tocado vence el que gana el sorteo) y la gané. Le dejé que se viniera como un loco. A ocho segundos, tocado doble. A cuatro, vi la luz en el camino. Me lancé. Salió bien... Y mi vida cambió. Me chupé el dedo por mi hija (tenía cuatro meses entonces) y miré al cielo por mi padre. Ese momento debe ser como cuando te mueres. Pasa por delante de ti toda tu vida, miles de flashes en décimas de segundos".

La esgrima también tuvo la suerte de encontrarle. "Tengo la responsabilidad de acercar este deporte al público, de ir donde me llamen". Y en el Foro explicó las características de las tres armas. Con la espada el blanco es todo el cuerpo y sólo vale tocar con la punta. El sable no tiene punta y puntúa golpear con la hoja de cintura para arriba. Y el florete, de cazoleta pequeña, percute en el tronco. Contó cómo son los trajes de kevlar que llevan (tejido de traje de astronauta), que no hay premios en metálico en las competiciones ("guardo, por ejemplo, con cariño, una toalla que distingue a los finalistas de una prestigiosa competición"), que vive de su deporte "desde hace bastantes años porque tengo beca ADO desde 1998"... Él es Pirri, que buscará otro tocado de oro en la única especialidad olímpica de origen español, reglamentada al prohibirse a finales del siglo XV los duelos a sangre. Su siguiente sueño está en Londres.

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