El árbitro fue el único que no vio que el penalti entró
España se clasificó ayer a semifinales tras ganar dos veces una tanda de penaltis de chiste. Javi Rodríguez marcó el decisivo, pero el balón rebotó en el soporte interior de la portería y salió. Los árbitros apreciaron que había dado en el larguero. La tanda continuó y España volvió a ganar.


España se clasificó ayer para las semifinales del Europeo tras vencer a Rusia en la tanda de penaltis más esperpéntica que se recuerda. Los árbitros no dieron por bueno el penalti que daba la clasificación a España porque interpretaron que el lanzamiento había dado en el larguero, cuando en realidad había rebotado en el soporte interior de la portería. La tanda continuó y, felizmente, España logró la clasificación. Alegría, sí, pero la indignación no desaparece.
Éste sin duda fue el momento del partido. Antes, durante el tiempo reglamentario, se había visto un gran espectáculo donde España llevó el peso en todo momento. Incluso Venancio arriesgó con portero-jugador a falta de 1:15. Pero el meta Zuev estuvo inspirado. Así se llegó a los ya históricos penaltis. Sí, directamente, porque UEFA considera que cuando hay espectáculo y el partido va empatado, dar cinco minutos de prórroga al aficionado es perder tiempo...
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Los cinco primeros lanzamientos entraron y Cirilo, en el tercer tiro ruso, se encontraba con Amado, que desnivelaba la balanza (3-2). Torras y Abyshev convertían (4-3) y daban paso al momento decisivo. Si marcaba Javi Rodríguez, España pasaba. El del Barça tiró bien, duro y arriba, sin que Zuev oliese la trayectoria. El balón, a gran potencia, rebotaba en el soporte interior de la portería para volver a salir. Gol. Pero el árbitro no lo dio, ¡pensó que se había estrellado en el larguero!
Pascal Fritz, colegiado francés internacional desde 2006 y que cumplió el lunes 43 años, árbitro principal, no daba el gol. Ni su pareja, el croata Sunjic, ni mesa, ni UEFA (a última hora de ayer no había disculpas de la asociación) le hacían rectificar mientras amonestaba a los indignados españoles que señalaban las pantallas del pabellón. No había marcha atrás. Los rusos miraban para otro lado y la tanda continuaba para que el héroe Luis Amado parase el lanzamiento de Timoschenkov y resolviese con justicia el esperpento.