"Coge la bandera, que eres la campeona"
Nuria Fernández animó a Natalia tras ser descalificada en 1.500.


Fue una simple reacción. Una reacción de Natalia Rodríguez que, en centésimas de segundo, sepultó entre broncas una medalla de oro y una temporada fantástica. La ley del atletismo. Era la final mundialista de 1.500, una carrera "perra, perrísima", como la describiría Nuria Fernández, también en esa jungla de codos y espinillas abiertas por clavos. Natalia Rodríguez, la joven mamá de Tarragona, era la gran favorita de la final. Pero una final de Mundial es un combate a última sangre. Y
Entre africanas y estadounidenses, Natalia tomó el bastón de mando a mediados de la última vuelta, con Nuria defendiendo la cuerda, al rececho de las medallas. En el penúltimo cambio, a la entrada de la última curva, Natalia se vio emparedada entre Gelete Burka y Maryam Tola-Jamal, de Bahrein, aunque de nacimiento tan etíope como Burka: especialistas en codazos y empujones que hielan la sangre y cierran el paso a las más valientes.
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A poco más de 200 metros para la meta, la última curva se echaba encima. Y Natalia Rodríguez cambió: a por el oro. Jamal, atenta, amagó con cerrar. Tras el amago, Natalia se cimbreó en un escorzo y se vio ante la espalda de Gelete Burka, la policía arsi. Natalia ajustó la posición con un simple contacto, un toque que desequilibró a la pequeña Burka y a la misma Natalia: la etíope se fue de bruces a la pista azul. Natalia entró y salió de la hierba del campo de fútbol. La española salió de estampida: a por la medalla de oro. Detrás, la etíope Burka renqueaba hacia la meta. Y encendió una oleada de compasión y simpatía en el fascinante Olympiastadion, la tienda de batalla de un gran emperador.
Natalia Rodríguez ganó la final en 4:03.36. No había mirado el marcador electrónico, cuando se giró en busca de Burka, derrumbada en la meta. La consoló, y, ya entre broncas, Rafa Seguí, director de pista, le dio la bandera española para la vuelta de honor. Nuria Fernández, que había entrado quinta, animaba a Natalia a la vuelta: "Venga, campeona". Pero en los videomarcadores surgían las repeticiones de la colisión. Y, entre una bronca colosal como las esculturas de Arno Breker, el Olympiastadion bajó el pulgar. Natalia no osó dar la vuelta. Sería descalificada por el contacto con Burka. Maryan Jamal se llevó el oro a Bahrein y Nuria firmó el cuarto puesto. La prensa internacional también bajó el pulgar: "Descalificación merecida". Dura ley, la del atletismo. El Olympiastadion, un mar embravecido, seguía.